Ultramar

Los queremos mucho

06/06/2020

Ahora que ha habido quienes han decidido silenciar los aplausos, al tiempo que aúpan el ruido ensordecedor que encorajina la política; ahora que avanzamos en la desescalada, que la curva de contagios y muertes se ha invertido, que cautelosos atisbamos reencuentros y empezamos a asomar la cabeza tras casi tres meses de confinamiento y pavor; ahora, como antes, además de los premios, deben atronar los aplausos para cuantos combatieron, hasta con la vida, para que la pandemia no fuese más cruenta. Ahora que unos andan obsesionados con erosionar el poder y otros con mantenerlo y no enmendarlo, han de batirse más fuerte las palmas para que todos esos esenciales que trabajaron hasta la extenuación para frenar el virus sepan que los queremos mucho, que no los olvidamos, que el compromiso con la sanidad pública tiene que ser innegociable y que nunca más podemos obligarles a ser nuevamente héroes. A ellos les debemos que las lágrimas de ayer sean risas mañana.

«Más allá de los premios, toca no olvidar que el compromiso con la sanidad publica es innegociable»

En este tiempo hemos descubierto demasiadas miserias y un buen puñado de grandezas. Por estas y por quienes las hicieron posibles debemos seguir avanzando, al margen de los cenizos; por los que se fueron y por los que estamos. Como decía la desgarradora portada del New York Times, con los nombres de miles de muertos por el coronavirus en Estados Unidos a toda página: «No eran los muertos solo nombres de una lista. Éramos, somos nosotros». Los muertos y los condenados ahora a la miseria. Y nosotros, a pesar del golpe brutal, somos lo que tenemos que decidir cómo ha de ser lo que viene. Y dada la situación de extrema debilidad en todos los ámbitos: económico, social, político e institucional, la solidaridad ha de ser un valor cotidiano frente al sálvese quien pueda, porque de lo contrario la cohesión se quebrará y con ella la convivencia.

Si algo ha demostrado esta dolorosa pandemia es que el comportamiento ciudadano ha sido mucho más ejemplar que el de los políticos, por tanto sigamos así y no permitamos que la vida política actual, que no la política, nos encorajine. Para la historia ciudadana quedan los enormes sacrificios realizados, inimaginables hasta ahora. El esfuerzo titánico de tantos profesionales y el buen hacer de casi toda la gente de a pie ha permitido que estemos a punto de hacer realidad un hecho histórico, vencer a una epidemia como nunca antes se había conseguido, tal como parece, en tan poco tiempo.

En consecuencia, los artífices de este logro deben saber que los queremos mucho y por eso, también, nuestro es el derecho de decidir qué sitio queremos tras la debacle. La reconstrucción pasa por todos y con todos. Toca silenciar a los cenizos y, con alguno de las decenas de miles de simpáticos memes que circularon durante los días más angustiosos mediante, recordarles a los que entienden la política solo como el arte de zaherir al adversario que el espíritu solidario y la risa como arma siempre se imponen a la tristeza.