Jaula y arco iris

Lección de una manifestación

13/02/2019

Más allá del evidente pinchazo -mucha menos gente de la prevista, mucha menos de la habitual en otras movilizaciones del PP, muchísimas menos que en las del 8 de Marzo o el orgullo gay- que llevó a algunos fans a colgar videos de manifestaciones más populosas de hace algunos años intentando, fraudulentamente, hacer ver que correspondían a la del domingo. Más allá del intento de los dirigentes de las derechas, Casado y Rivera, de separarse unos metros en la foto de familia de su nuevo socio ultra. Más allá de malas y peores compañías, neonazis incluidos, lo sucedido en Madrid merece algunas reflexiones.

Lo primero es que, en buena medida, se confirma lo que señalaba en una anterior entrega en este medio https://www.canarias7.es/opinion/firmas/moderacion-demoscopica-CA6525253, cuando señalaba, sobre la base de los barómetros del CIS lo siguiente: «Da la impresión de que la sociedad está menos radicalizada de lo que con frecuencia ofrece el debate partidista y mediático».

La segunda, el éxito de la operación de blanqueo de la ultraderecha por parte de Rivera y Casado. El gran ganador de la jornada es Abascal. Lejos de los cordones sanitarios de la derecha en Francia a sus homólogos lepenistas, aquí las dos derechas le han dado carta de naturaleza democrática y constitucional a una formación que quiere acabar con el estado de las autonomías y a la que le produce auténtica grima los avances en igualdad entre mujeres y hombres. Que está trufada de machismo, homofobia, xenofobia y racismo.

La tercera, el papel de los medios de comunicación afines. Las portadas de Abc y La Razón en las jornadas previas a la movilización se corresponden más con el viejo periodismo partidario que otra cosa. Actuaron como voceros de las derechas y como azote al Gobierno y a su presidente. Los periodistas que leyeron el Manifiesto en el acto también estuvieron a la altura, no dudando en poner voz a un texto que deslizaba unas cuantas mentiras fácilmente desmontables. No es verdad, como afirmaron, que el Gobierno haya aceptado las pretensiones del president de Cataluña. No es cierto que recibiera con lazos amarillos a Torra. No es cierto que diera carta libre al ejercicio del derecho a la autodeterminación. No es verdad que el Ejecutivo de Sánchez haya renunciado a cumplir y hacer cumplir la Constitución.

Negociar. Y respecto a la bronca previa sobre el relator, y al margen de lo afortunado o no del término, todos los gobiernos, todos, el de Aznar y el de Zapatero incluidos, han utilizado intermediadores en momentos de graves conflictos. Incluso lo hizo Rajoy en circunstancias como el referéndum y la DUI. Y, por encima de todo, con o sin relator, pensar que el actual problema territorial se soluciona con un 155 permanente es lamentable y parece más concebido a enquistar el problema que a tratar de solucionarlo.

En ese sentido, la encuesta de GEOP para El Periódico publicada este lunes abre algunos resquicios de esperanza. Por el retroceso evidente de los más extremistas en los dos bandos en litigio, los partidos de Puigdemont (que perdería nueve escaños) y de Arrimadas (que bajaría cinco o seis de los que obtuvo en diciembre de 2017 y dejaría de ser primera fuerza), y la posibilidad numérica de un Ejecutivo transversal en lo nacional: los escaños de ERC (destacada en votos, con el 25,5%, y en escaños, 39-40), PSC (21-22) y CeCP (9-10) suman para una mayoría absoluta.

«Una cosa es el fracaso de la manifestación y otra cosa bien distinta es que las derechas estén hoy más movilizadas que nunca de cara a los procesos electorales»

Volviendo a la manifestación, su convocatoria, sus proclamas y sus discursos son los de los defensores de una España excluyente y nada plural. Donde solo son considerados buenos españoles aquellos que aceptan un modelo, el suyo, de crispación y enfrentamiento. Y que deja fuera a millones de españoles y españolas que tienen un modelo profundamente autonomista o federal. A quienes prefieren el diálogo y la negociación como forma de resolver los conflictos. A quienes consideran que para ganar a Cataluña no es la mejor práctica la catalanofobia, los insultos, las amenazas y la decisión de intervenir su autonomía con carácter indefinido. A quienes no comparten las intenciones de la ultraderecha de un país en blanco y negro, intolerante, irrespetuoso, fabricado a base de mucha testosterona y pocas neuronas.

Una España de banderitas y patriotismo de salón, en el que nada importa el desempleo, la pobreza, las pensiones, los servicios públicos, la violencia machista ni, en definitiva, el bienestar de su gente. Un patriotismo de hojalata, de patria sin gente, de pasiones desbocadas y muy poca reflexión. Incapaz de plantear un proyecto común inclusivo y con futuro. Por cierto, CC no estuvo. Aunque escuchando al presidente Clavijo, no sería por falta de ganas: su discurso sobre los riesgos de ruptura de España se diferencia bien poco del de Casado. Su proceso de upenización en el período reciente parece no tener freno.

Agenda social. De todos modos, una advertencia. Una cosa es el fracaso de la manifestación y otra cosa bien distinta es que las derechas estén hoy más movilizadas que nunca de cara a los procesos electorales. Y las izquierdas, todo lo contrario. Como vimos en las elecciones andaluzas, aunque en ellas confluían muchas particularidades, en las que la abstención castigó tanto al PSOE como a Adelante Andalucía. Es fundamental que las fuerzas progresistas tomen nota. Que no jueguen al sectarismo y a las guerras intra e inter partidarias. Que pongan por delante la agenda social en la fiscalidad, en los servicios públicos, en la lucha contra la pobreza y la exclusión social, en la defensa de un sostenible sistema de pensiones y en el compromiso firme por la igualdad entre mujeres y hombres frente al rearme del más reaccionario machismo.

Y, asimismo, que no cesen en buscar soluciones al problema territorial. Los gobiernos del PP y sus acciones hicieron crecer exponencialmente al independentismo en Cataluña; y el tiempo demuestra que sus posiciones y sus apoyos se mantienen estables, en torno al 47% de los votos, y que son más, muchos más, cerca del 75% los hombres y mujeres de Cataluña que desean un cambio del actual estatus, con un mayor autogobierno, desde distintas formulaciones. Para eso, para superar choques de trenes y enfrentamientos irresolubles, para explorar vías de entendimiento, para encontrar lugares de encuentro, está la política.