Lanzarote

Las hemerotecas están ahí para demostrarlo

Francisco Suárez Álamo
FRANCISCO SUÁREZ ÁLAMO

Mario Vargas Llosa pudo haber sido un buen cronista para llevar al papel el relato del momento en que (con perdón) 'se jodió' Lanzarote, pero habida cuenta las últimas reflexiones del Nobel sobre aquello de que los electores debían votar lo correcto y no lo que él y otros entienden como lo equivocado, pues mejor lo dejamos en manos de otro literato. Cuando hablo del instante en que 'se jodió' (de nuevo con perdón) la isla, me refiero a su política.

Esta semana hemos tenido conocimiento de una resolución judicial que insta a investigar si el que fuera presidente del Cabildo y referencia de Coalición Canaria en la isla, Pedro San Ginés, presionó o literalmente coaccionó a un consejero insular que es clave para la gobernabilidad de la isla. Veremos qué dice la Justicia cuando termine esa investigación, pero teniendo en cuenta que lo fácil en un caso de esto es que los magistrados se pongan de perfil, aludiendo a una guerra entre partidos -como sucedió en primera instancia-, es incuestionable que estamos ante una decisión de calado.

Partiendo del principio de presunción de inocencia, de lo conocido hasta la fecha me quedo sobre todo con algo cuya condición de verdad es incontestable: la campaña contra el consejero insular Sosa. Las hemerotecas están ahí para demostrarlo, hemerotecas, por cierto, con nombres y apellidos concretos. Es lo que tiene la tinta: permanece mucho tiempo, seguramente más de lo que le gustaría al escribano de turno. Cuando, de acuerdo con lo que se va sabiendo, San Ginés supuestamente advierte a Sosa con que van a salir publicadas algunas informaciones enfocadas a ponerlo ante la opinión pública poco menos que como un delincuente, no es que fuera Rappel y no es que fuera de farol: es lo que sucedió. ¿Acaso fue San Ginés el escribano? Pues no. Todos sabemos que no funciona así.

Lanzarote, como el resto de las islas, vive un momento clave: la pandemia sigue ahí y cualquier vaivén con la presente curva o con las que puedan venir tiene efectos inmediatos en el negocio turístico, que es el corazón, el pulmón y el resto de los órganos de la economía insular. Y Lanzarote tiene ahora que solventar los efectos del repunte migratorio, lo que precisa de soluciones rápidas y mantenidas en el tiempo, pero también de colaboración institucional, altura de miras y sentido no ya de Estado, sino de isla (como el Estado, pero en pequeño). Por todo ello, si continúa el encanallamiento político, mal vamos. Lo vimos recientemente con la ruptura del pacto capitalino y sus efectos en el insular.

Creo que va siendo hora, por tanto, de poner punto final al capítulo del momento en que 'se jodió' (tercer perdón) la isla.