Un martes cualquiera

La voz del currela, cuanto más alta, mejor

11/06/2019

Por sus pintas los medios le llaman el Rastas con una naturalidad preocupante, y a escondidas sus enemigos ideológicos se burlan de él con apodos más hirientes en una oda a los prejuicios: perroflauta, mendigo, vagabundo... Él prefiere currela canario, porque es lo que es. No le preocupan esos ataques, ni le van a hacer cambiar, aunque por las redes ya se haya hecho viral un vídeo suyo ralentizado para que parezca que está colocado. Sabe que la tempestad, ahora que es el número tres de Podemos, no va a arreciar.

Cuando Alberto Rodríguez entró por primera vez en la Cámara son su look tan particular no pasó desapercibido, y menos para los estirados parlamentarios del PP. «A mí me da igual que lleve rastas, pero que las lleve limpias para que no me pegue los piojos», dijo entonces Celia Villalobos preocupada por la higiene del tinerfeño. Dos años después Rodríguez despidió a un compañero de partido de la diputada, Alfonso Candón, en un tono bien distinto: «Lo vamos a echar de menos. Es una buena persona y le pone calidez humana a este sitio». Les dejo a ustedes interpretar las diferencias, porque esto ya no es una cuestión de ideología o vestimenta. Es una lección de vida.

«Le llaman el Rastas y temen a sus piojos, pero Alberto Rodríguez seguirá dando lecciones de vida con un altavoz mayor»

El de Ofra asume la Secretaría de Organización de Podemos en una de las pocas buenas noticias del partido morado después del desastre en las elecciones. Porque personas como Alberto, cuanta más influencia tengan en la sociedad, mejor. Este Técnico Superior de Química Ambiental dejó un sueldo anual de más de 50.000 euros por meterse en la política y, entre otras cosas, evitar que haya gente con las condiciones como las que tuvo sufrir su abuela Concha, costurera, que trabajó toda su vida sin contrato para los Oramas y otras familias ricas de la isla vecina. No es que antes no hubiese luchado por sus ideales. Era un fijo en las manifestaciones contra el puerto de Granadilla o las prospecciones petrolíferas de Repsol, en una época en la que incluso llegó a estar detenido «por haber defendido los derechos de todos», cuenta con orgullo.

No se avergüenza por ello, ni tampoco debería. Son los que mienten, roban y engañan al pueblo por el que dicen dejarse la piel los que deberían hacerlo. Ahora, sustituyendo a Echenique, el político tratará de reflotar la organización territorial de un partido en crisis pero que aboga por unos ideales en los que cree fervientemente. No tiene casas ni coches a su nombre, tampoco deudas. Le tocará soportar una exposición pública más intensa que nunca, y eso es una buena noticia. Necesitamos más líderes incorruptibles como Alberto, quien representará a nuestro archipiélago con la humildad, naturalidad y cariño que nos gusta que nos conozcan en las islas. Su voz, cuanto más alta, mejor.