Opinión

La resaca electoral

04/12/2018

Susana Díaz no tiene que dimitir porque Pedro Sánchez, en su momento, cuando perdió las elecciones generales en diciembre de 2015 y junio de 2016 no lo hizo. Y ahora precisamente es presidente del Gobierno. Escenario que, a saber, podría ocurrir si se repiten los comicios andaluces porque a última hora a Ciudadanos le inquiete pactar con la ultraderecha. También tendrá Díaz derecho a resistir cuando ha ganado (en todas las provincias menos Almería) a pesar de la caída considerable en votos y escaños. Claro que debe hacer autocrítica. Aunque lo importante es remarcar que la reflexión sobre lo sucedido no debe ser solo de Díaz y los socialistas andaluces, que faltaría más, sino del conjunto del centroizquierda. De la misma manera que si hubiese vencido en los términos que debía igualmente hubiera sido una victoria de todo el PSOE, no solo de ella. Sobre todo, porque los comicios andaluces son el inicio de un ciclo electoral que, por ahora, tiene un claro aroma a favor de las derechas. Si ante lo ocurrido el domingo se saca como única lectura que esto es un asunto y error de Díaz y del socialismo andaluz, antes o después la realidad electoral persistirá. Solo hubiese tenido cabida la crítica ceñida a Díaz si Podemos hubiese crecido y no ha sido el caso.

«Ayer el Partido Popular se empleó a fondo en equiparar a Vox con Podemos»

En Sevilla capital Vox obtuvo 95.484 votos, lo que supone un 10,7%. Con este porcentaje, insisto que tan urbano, por descontado la ultraderecha entrará en multitud de consistorios. En los ayuntamientos la barrera electoral es de un 5% y el ejemplo de la capital andaluza aclara que Vox no tendrá problemas en cosechar concejales a lo largo y ancho de la geografía nacional. Especialmente en los sitios donde no hay nacionalismo. Las encuestas que se manejaban en relación al poder local ya no sirven. Han quedado obsoletas de una sentada. Y de consolidarse el pacto en Andalucía entre PP, Ciudadanos y Vox, enseguida se reeditará aquí y allá.

Ayer el PP se empleó a fondo en equiparar a Vox con Podemos. Aumentará la confrontación política y social. Pero, guste o no, así los populares consiguen normalizar la situación de la irrupción parlamentaria de Vox. Pronto apuntarán a Podemos y a Vox como si fuera el PCE y AP en la Transición. Se va a producir una guerra del discurso, los términos a emplear serán determinantes, y a Génova le corre prisa quitarle hierro a Santiago Abascal. Este, por cierto, respira maneras confiadas dado que conoció las presiones del independentismo vasco. No es de los que se achanta. Ha venido para quedarse y será el particular José Antonio Primo de Rivera en el sistema constitucional de 1978. A las puertas del 40 aniversario, tiñe la confusión.