Voces, palabras

La música, universal globalizadora

30/03/2019
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Fue el pasado domingo 10 de marzo en el granaíno Teatro Isabel La Católica: el grupo ATASH y The St. Stephen’s Global Ensemble presentaron en concierto Global Harmony. Viene a ser, según el programa, la combinación «de un sonido global audaz con un profundo mensaje musical y literario de armonía a través de la diversidad». Y armonía o harmonía, indistintamente, es ‘unión y combinación de sonidos simultáneos y diferentes, pero acordes’. Y de razas, añado.

Pero no vengo a hablar de música, estimado lector. Ni distingo el do del fa ni sé interpretar los pentagramas musicales (no me llamó Natura para tales virtudes, puñetera que fue desde mi más tiernita infancia): solo acierto con las notas cuando se trata de rellenar los tres o dos cuadrados correspondientes en los crucigramas, ardua tarea ajena a pergaminos, cuartillas o folios donde normalmente se escriben los signos musicales.

Y digo «normalmente» y digo bien. Porque la genialidad de Jheronimus van Aken (conocido en España como El Bosco, pintor flamenco a caballo entre los siglos XV y XVI) rompe con la tradición medieval. Así, en el tríptico El jardín de las delicias (surrealismo adelantado cuatrocientos años) un hombre desnudo está tendido boca abajo. Cabeza y espalda aparecen cubiertas por un inmenso laúd y en las nalgas, asentaderas, posaderas o culo dibujó una partitura bautizada como Butt song from hell (Canción del trasero del infierno) por una joven norteamericana, la cual «adaptó la melodía a una notación moderna [...], luego la interpretó en piano» (BBC Mundo). Y como la escena se desarrolla en El Infierno, el documento culil y el laúd que aprisiona al sujeto no son músicas celestiales para gozos y disfrutes: muy al contrario, simbolizan «una auténtica tortura» (Enrique Pérez, técnico del área de educación del Museo del Prado).

Por tanto, partitura ajena a la tradición literaria en cuyas páginas música y palabras están unidas por lazos de plena indisolubilidad. Así liras, arpas, cítaras, flautas, siringas (y variantes)... son instrumentos musicales presentes en la obra escrita del mundo clásico y cuya impronta se extendió por Europa con especial exaltación en el Renacimiento, donde también aves y pájaros lanzan sus armonías musicales. Justamente, «Por sus aires volaban varias aves / de música sonora, y muchedumbre / de aquellos vocingleros parajuelos / que por canarios los celebra el mundo” -Antonio de Viana- o «Aquí de varias músicas / hinchan el aire los pintados pájaros» -Cairasco de Figueroa-.

Pero era en la modernista Marcha triunfal de Rubén Darío donde mis alumnos más se extasiaban y marcaban con paso sonoro, rítmico y acompasado la extraordinaria musicalidad del poema. Este viene definido ya no solo por su propia estructura pegadiza y muy fácil de recordar, sino también por el campo semántico de palabras relacionadas con acústicas, acordes y melodías. Así, «largas trompetas; timbaleros; ritmos marciales; canto sonoro; cálido coro; áureos sonidos; trompas de guerra»... Y las repeticiones de algunos sones, cuya intencionalidad pretende imitar los correspondientes a instrumentos como en «Ya se oyen los claros clarines» (aliteración de la s en posición final, suavidad) o «Se escucha el ruido que forman las armas [...]» (la r es el sonido más fuerte del español...)

Pues bien. Aquella fría noche granaína mi atrofia musical no fue impedimento para que ATASH se convirtiera en personal torrente de recreación: me mantuvo en vilo a lo largo y ancho de su hora y cuarto del programa oficial más el añadido de tres composiciones tras la insistencia del público, de pie y vuelto en aplausos. Como en el aula con Rubén Darío y mis alumnos, música y musicalidades del grupo fueron cordón umbilical que nos identificó a todos y cuyos instrumentos parecieron ser los pintados pájaros (pájaros pintos) de nuestro paisano. Out, violín, batería, doumbek, kanjira, tabla, guitarra flamenca, balafón, djembe... acompañaron a Mohammad Firoozi, la voz que trasmite ritmos del Golfo Pérsico y en cuyas cadencias suena música popular árabe, africana, persa o gitana de las tribus nómadas...

¿Quiénes conforman, pues, ATASH? ¿Qué hay en torno a su música? Tal como la defino en el título, se trata de música universal globalizadora en cuyas notas logran lo que para ellos es fundamento del grupo: la celebración de la vida, mensajes de paz y amor confraternizados en gentes de todos los continentes, de variadas razas, de tipos distintos por haber nacido en distintas culturas: un mexicano toca violín y laúd; un norteamericano melodia el contrabajo; el iraní pone la voz, el baile sobre sí mismo, la sonoridad articulada con palmas; el negro guineano se encarga de la percusión y eleva sus manos hacia el cielo a la búsqueda de dioses negros, nigérrimos, mientras cimbrea su cuerpo como si quisiera trasmitirnos la vida que está creando...

De fondo, la guitarra flamenca del cubano eleva su voz en la tierra de Lorca, tal si el poeta fuera a recitar «Es imposible / callarla. / Llora por cosas / lejanas. / Arenas del Sur caliente / que pide camelias blancas. / Llora flecha sin blanco, / la tarde sin mañana, / y el primer pájaro muerto / sobre la rama. / ¡Oh guitarra! / Corazón malherido / por cinco espadas». Y un oriental (acaso japonés, quizás vietnamita) da entrada a todos ellos y los dirige con su mínima batuta, a fin de cuentas cada uno conjunta el alma a su instrumento...

En algunas piezas, de fondo, la orquesta de cámara The St. Stephen’s Global Ensemble (instituto episcopal de Austin, Texas) acompaña a ATASH. Jovencísimos componentes cuyos apellidos (Alcocer, Chamoun, Detling, Gupta, Mohamed, Rubin, Salazar, Saucedo, Stephens, Swartz, Zhao...) multiplican diversidades de razas por más que ya sean norteamericanos todos ellos, pero no sus rostros ni genes...

Sí, la música como globalización física -de Persia, India..., rock, clásica, jazz- a la búsqueda de algo básico para el ser humano: la celebración de la vida. Música con rasgos orientales proveniente de filosofías lejanas, elemento unificador e igualatorio: «Cuando es la música quien te golpea, no sientes dolor» (ATASH).