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Alfonso Armas Ayala, cien años de un 'ineludible'
Opinión

Alfonso Armas Ayala, cien años de un 'ineludible'

El 3 de enero de 1924, nació en Las Palmas de Gran Canaria, en el seno de una familia con raíces herreñas

Juan José Laforet

Cronista oficial de Las Palmas de Gran Canaria

Miércoles, 3 de enero 2024, 22:54

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Siempre ha habido personas que han sido consideradas como imprescindibles, aunque, en realidad siempre se diga que «nadie es imprescindible». Pero si a lo que nos referimos, en la línea de lo que señala el DRAE, es «a una persona de los que no se puede prescindir», o, en relación a la propuesta de Bertolt Brecht, a que «los que luchan toda la vida, esos son los imprescindibles», entonces surge con fuerza y claridad otro concepto más real y eficaz, el de «ineludibles».

Puede que, hasta los más imprescindibles, a la postre, sean prescindibles por muy diversas causas y razones, pero es indiscutible que muchas de ellas, sean imprescindibles, o lo hayan dejado de ser, se han instituido en vida, o tiempos después de su desaparición, en verdaderos personajes ineludibles, pues sin su vida, su obra, su legado, no se entendería igual mucho de nuestras propias vidas, la de una comunidad o grupo determinado. Y es que ineludible se hace también sinónimo de «necesario».

Hace cien años, un 3 de enero de 1924, nació en Las Palmas de Gran Canaria, en el seno de una familia con raíces herreñas, de las muchas que llegaron la isla redonda y conformaron un grupo social destacado, uno de esos personajes que hoy son ineludibles para entender, en una parte significativa, el devenir de Gran Canaria en la segunda mitad del siglo XX, en especial en el ámbito socio-cultural y docente. Un incansable y efectivo gestor cultural que transformó, en buena y amplia medida, el panorama cultural grancanario en particular, con incidencia en el canario en general, al que hoy le cabe y le honra, como un exquisito y acertado título, el sobrenombre de 'Padre las Casas' que, en los años sesenta y setenta del siglo pasado, le puso la socarronería envidiosa y mezquina de más de uno.

D. Alfonso Armas Ayala (1924-1998) fue un constante defensor, a lo largo de buena parte de su vida, de la necesidad ineludible de modernizar y hacer avanzar el orbe cultural, investigador y educativo en Gran Canaria, contando para ello como base de sus iniciativas con las Casas Museo Insulares que, a partir de la Casa de Colón, fue abriendo el Cabildo Insular y a cuya dirección conjunta accedió en una época muy significativa para el devenir posterior de la isla (1960-1989).

Armas Ayala, como Bartolomé de las Casas en su tiempo y en su ámbito, no sólo luchó activamente contra esa esclavitud que era la falta de horizontes culturales, el alto índice de analfabetismo, o de educación insuficiente para el progreso que debía afrontar el Archipiélago, si quería encaramarse al tren de un futuro certero, sino que intentó, y logró en gran medida, convencer a las 'cortes' locales o nacionales de todo tipo, de que se adoptaran políticas culturales más abiertas y fecundas, consecuentes con el mundo que ya llamaba a las puertas de la isla. No saben cuánto le honraban utilizando la figura de «las Casas», por polémica que hoy sea, quienes sólo se movían con una muy mediocre visión de un personaje ya entonces ineludible, a quién vimos empeñado en proyectos como la Universidad Internacional de Canarias Pérez Galdós, de la que, a partir de 1962 y durante casi veinte años, fue su secretario, y a la que, como ya se ha reiterado en muy diversos foros, «dedicó todas sus energías y su mucho saber».

Conmemora una figura como la suya debe ser hacerle volver a nacer constantemente

Como también fue enormemente fecundo el trabajo que llevó a cabo junto con D. Agustín Millares Carlo al frente del inolvidable 'Plan Cultural' instituido por la Mancomunidad de Cabildos, entre 1975 y 1978. Dos 'ineludibles' de la cultura canaria mano a mano en un proyecto que tanto impulsó la labor de otros nuevos investigadores y creadores isleños. Para mí fue también entrañable escuchar su elocuente discurso, en representación del Cabildo de Gran Canaria, en los actos de hermanamiento en Sevilla, en octubre de 1992, entre los barrios de Triana hispalense y de Las Palmas de Gran Canaria.

No sé qué repercusión podrá tener su centenario, que debería ser muy sonoro, pero seguro que saldrán a relucir muchas imágenes de su vida, de su trabajo y de su obra. Conoció y le vimos con personajes de talla universal, con altos mandatarios americanos, a muchos de los cuales trajo a la Casa de Colón. De la miles de imágenes que podrían aparecer, me quedaría -la pena es que no tengo ninguna fotografía de ese momento- con una en la que le vi en 1989 en la tribuna del aula magna de la Universidad de Saint Mary de San Antonio de Tejas, impartiendo una excepcional conferencia sobre Pérez Galdós, a propósito de la presentación de su obra 'Galdós, lectura de una vida'.

Allí se aparecía, se crecía y se trascendía en la reflexión sobre Galdós y el mundo que le rodeó y que le siguió, y en ello se comprendía que se estaba ante uno de los grandes intelectuales canarios del siglo XX. Es lógico, e ineludible, que la prestigiosa catedrática de universidad e investigadora Dra. Yolanda Arencibia Santana, que tantas horas de trabajo también compartió con el profesor Armas Ayala, haya resaltado que estamos ante un «humanista de sólida formación clásica y persona emprendedora y diligente, consiguió contribuir como pocos a la difusión del saber y la cultura conjugando, siempre y a la vez, las tareas de profesor, investigador, ensayista, y gestor cultural», destacando la creación de los Congresos Internacionales de Estudios Galdosianos que, con el paso del tiempo, tanto prestigio intelectual han dado a Gran Canaria.

Recordamos ahora el centenario del nacimiento de D. Alfonso Armas Ayala. Pero conmemorar su nacimiento no debe quedar en un mero recuerdo grato, amable, 'glorioso' si se quiere. No, esto no lo entenderían ni él mismo. Conmemorar el nacimiento de una figura, con una obra y un legado intelectual como el suyo, debe ser hacerle volver a nacer constantemente, de forma que la proyección de su imagen sobre los tiempos del futuro sea de nuevo aprovechada fecundamente por presentes y futuras generaciones.

En 1960, en un ambiente poco proclive para ello, él fue capaz de homenajear al que fuera su profesor, el escritor Agustín Espinosa, publicando una obra, 'Espinosa, cazador de mitos', y promoviendo conferencias y lecciones académicas que hicieron renacer y trascender al gran escritor lanzaroteño. Ahora es el momento adecuado para retomar a Armas Ayala, a su quehacer polifacético, y reflexionar sobre lo que puede aún aportar a los acontecimientos y expectativas que afronta Gran Canaria. Si su presencia es ineludible, a poco que se escarbe en el acontecer de la isla en la segunda mitad del siglo XX, ineludible será conocerle mejor.

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