Borrar
Directo En directo | Illa: «Hubo muchos oportunistas y advenedizos durante la pandemia»
El patio de Casa África, lleno para una de las actividades de 'África Vive' celebradas esta semana. Casa África
Sobre el racismo

Sobre el racismo

TRIBUNA LIBRE ·

España ha iniciado una reflexión colectiva sobre el racismo precisamente en la semana en la que celebramos el Día de África: ante ello, por favor, tengamos la inteligencia y la honestidad humana e intelectual de preguntarle a los sudamericanos, africanos y afrodescendientes que viven entre y con nosotros

José Segura Clavell

Director general de Casa África

Sábado, 27 de mayo 2023, 23:48

Necesitas ser registrado para acceder a esta funcionalidad.

Compartir

En la semana en la que celebramos el Día de África, nuestro país parece haber querido entrar en una fase de examen colectivo de conciencia sobre si España es o no es un país racista. Llevo varios días leyendo en todos los medios de comunicación muchísimas opiniones a raíz del llamado caso Vinicius, el de este jugador de futbol del Real Madrid que tuvo que escuchar a decenas de personas en Valencia gritándole consignas racistas y que, lamentablemente, lleva escuchando por campos de toda España alaridos e insultos que, no olvidemos, nuestra legislación contempla y tiene tipificados como delitos de odio.

La pregunta que flota en el aire y ha hecho correr ríos de tinta, convirtiendo el asunto en lo que los periodistas llaman 'una serpiente de verano' (es decir, aquello de lo que durante unos días se escribe muchísimo, pero a los pocos desaparece completamente del escenario mediático), es muy concreta: ¿Es España un país racista? Veamos:

Gran parte de las opiniones que he leído, de periodistas, deportistas o políticos españoles (y tan blancos como yo, obviamente) se limita a sentar cátedra, a decir que no, que España no puede considerarse un país racista y que, lo que sí existe, son racistas, algo que no puede provocar que hagamos extensiva la calificación a todo un país. En todas estas reflexiones, en todas ellas, he echado de menos una cosa: la honestidad intelectual. ¿Por qué no le preguntamos a las personas racializadas que viven entre nosotros qué es lo que piensan? Bien sean de origen africano, asiático o americano, o tan españolas como nosotros, pero con la piel de un color diferente al que suponemos mayoritario, ¿nos hemos parado a pensar en cómo sienten que les trata, en general, este país?

Para no andarme con rodeos, les voy a dar una respuesta clara: las personas negras que viven y conviven con nosotros sí piensan que hay mucho racismo. Es difícil explicarlo. Los expertos lo llaman racismo estructural: aquél que, sin serlo abiertamente, se hace perceptible en casi todos los órdenes de la convivencia humana.

Concentrémonos, pues, en escuchar las voces de aquellos que lo viven y, lamentablemente, lo sufren. Traten de leer y buscar los reportajes y artículos escritos o centrados en los que lo padecen. Porque las conclusiones que sacarán de la lectura de lo que nos dicen intuyo que conducirán al planteamiento de que este es un tema sobre el que debemos avanzar y trabajar muchísimo, y además desde los cimientos, es decir, que tiene que introducirse de forma sistemática en las escuelas. La principal solución antirracista no es penal (que lo es, en los casos extremos), sino educativa. Y eso pasa irremediablemente por conocernos más, conocernos más y mejor.

Les voy a poner un par de ejemplos. Este pasado jueves, 25 de mayo, Día Internacional de África, presentamos en Casa África una exposición con los trabajos más destacados de 'Enseñar África', el que podríamos considerar como el 'proyecto bandera' de nuestra institución en materia educativa, que cumple doce años y que en este último curso habrá llegado en Canarias a 8.000 alumnos, a través de 401 profesores en 47 centros educativos de enseñanza primaria y, sobre todo, Secundaria de casi todas las islas del Archipiélago. Además, es un proyecto que abarca toda la enseñanza no universitaria y, por tanto, llega a la educación para adultos y hasta a los centros penitenciarios, como el Salto del Negro, que participa en la exposición con algunas obras de arte sorprendentes.

En el acto presentación en el patio, en el que chicos de Secundaria compartieron baile y sonrisas con un grupo de chicos africanos de un centro de menores, hicimos junto a la Consejería de Educación del Gobierno de Canarias y la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria (ULPGC), nuestros socios y cómplices en este proyecto, un reconocimiento a aquellos institutos que llevan 5 o 10 años vinculados a Enseñar África. Y lo más bonito de todo es que los profesores que llevan cinco o diez años nos contaban lo maravilloso que, año a año, ha sido ver evolucionar los trabajos y perspectivas de los alumnos canarios en la forma que miraban a África y los africanos.

En la primera exposición de Enseñar África uno podía ver muchas chozas de paja, leones y elefantes. En la de este año están los Premios Nobel del continente, trabajos específicos sobre mujeres científicas africanas, sobre las ciudades y su dinamismo, sobre literatura... una evolución esencial y que nos dice que, perseverando, y a través de la educación, los estereotipos se derriban, caen por sí solos.

El segundo ejemplo que quería mencionarles lo viví personalmente este mismo día 25 en Madrid, en la reunión del Consejo Diplomático de Casa África. Es el evento en el que nos sentamos con los embajadores y embajadoras de países africanos acreditados en España, les contamos los planes de Casa África y les decimos cómo podemos colaborar juntos. En las intervenciones de los representantes de nuestros países vecinos, el tema del racismo salió en muchas ocasiones, e incluso nuestro propio ministro de Asuntos Exteriores lo abordó en su intervención hacia los embajadores. No tengan duda de que este es un asunto que ha trascendido, que nos perjudica y que afecta a la imagen de lo que es nuestro país en el mundo. Nos queda, desde esa vía, mucho trabajo por delante.

Las causas de por qué hay un cierto racismo en nuestro país casi podrían merecer un artículo entero. Es evidente que, entre otras cosas, hemos vivido de espaldas a África siendo el país europeo que más cerca la tenía, que además de tener escaso pasado colonial (salvo Guinea Ecuatorial y algunas zonas del Magreb), hace tan solo cerca de 40 años que abandonamos otros 40 años de una dictadura feroz que nos encerró y aisló del mundo, así que la diversidad, convivencia y conocimiento de gente de otras razas, que es algo que mis nietos ya perciben de una forma absolutamente normal, no es habitual, sino extraordinario, para gran parte de la ciudadanía.

El desconocimiento sobre África y los africanos sigue siendo enorme. Que haya cierto racismo, metido de alguna manera como algo normalizado en los comportamientos y actitudes de la ciudadanía... sucede. Y ahí caminamos para demolerlo y enterrarlo. Nuestra institución se dedica a ello en cuerpo y alma.

Así que me gustaría terminar estas reflexiones invitándoles a que traten de buscar sus propias respuestas a estas preguntas. Más allá del categórico sí o no, tienen muchos matices, sin duda, pero inténtenlo. Y vaya por delante que deberemos ser valientes, empáticos y humanos ante algunas respuestas que, mucho me temo, nos ponen frente al espejo:

¿Es normal que a una persona negra le cueste más conseguir alquilar un piso, reuniendo condiciones similares a cualquier otra persona blanca que quiera hacerlo? ¿Evitaría usted alquilar su piso a una familia de origen africano, aunque le presente avales, contratos de trabajo, etc?

¿Es normal que nuestro país sea capaz de organizar en tiempo récord y con el aplauso internacional la llegada de refugiados ucranianos y que, en el caso de los africanos, muchos de ellos huyendo también de conflictos bélicos, sucedan casos como el del muelle de Arguineguín?

Muchas personas negras, nacidas en España, nos dicen que los españoles siempre dan por hecho que son africanos ¿Es normal, eso?

Muchas personas negras nos dicen que, al hablar con españoles, dan por hecho que llegaron a nuestro país en patera. ¿Es normal asumir que las personas negras que vemos por la calle han llegado de manera irregular a España y que, por tanto, no pueden viajar por placer, por trabajo, por amor o por curiosidad y ser turistas?

¿Es normal que nos hayamos acostumbrado a la realidad de que frente a nuestras costas hay personas negras muriendo en el mar a bordo de pateras y cayucos, casi a diario?

¿Es normal que este debate sobre el racismo surja el día que afecta a un multimillonario deportista, y no a la gran cantidad de personas sin recursos que lo viven y sufren a diario?

¿Merece la pena o no el ejercicio de honestidad intelectual y humana al que les hago referencia?

Reporta un error en esta noticia

* Campos obligatorios