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Un corsario y el botín
Café para todos

Un corsario y el botín

Viernes, 12 de enero 2024, 23:12

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Me sorprende la indignación general que está causando el primer gran éxito de los soberanistas catalanes en la política nacional. Puigdemont nunca ocultó sus intenciones, y desde el momento en el que anunció su apoyo a la investidura de Sánchez, manifestó claramente que eso no era a cambio de poca cosa, más bien lo hacía a un precio muy alto, exigiendo pasos claros y continuos hacia lo que él considera el objetivo final, la independencia.

Cuando la amnistía parecía una utopía de unos pocos, resulta que finalmente el Gobierno de Sánchez articuló un mecanismo para hacerla realidad. Y hasta que llegue el ansiado día del referéndum, el golferío continuará acumulando botines de guerra, como buenos corsarios.

El primer gran botín lo consiguió Puigdemont a cambio de no paralizar los primeros decretos importantes de la legislatura. No fue un gran esfuerzo, desde luego, pero la recompensa fue mayúscula, para felicidad plena del huido.

Lo que sí me sorprende es la generosidad de Sánchez a las primeras de cambio. Una generosidad excesiva, que lo único que hace es que el resto del país mire con recelo y cierto desprecio a Cataluña, conscientes de que están viviendo, y lo seguirán haciendo, un trato de favor sin disimulo alguno.

Los corsarios se mueven por el interés y el deseo de encontrar el gran tesoro escondido, ese por el que llevan años soñando, y por el que van de aquí para allá con actitud bélica aprovechándose de los más débiles, que sometidos al terror (o a la extorsión), le ceden cualquier botín, sea menor o mayor, con tal de seguir en pie. Aunque ese botín sea un país. Qué más da, si así soy feliz.

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