Jaula y arco iris

Imposible encuentro

07/08/2019

La frustrada investidura de Pedro Sánchez ha dejado heridas profundas en las izquierdas estatalistas españolas, incrementando la desconfianza entre PSOE y Unidas Podemos, entre sus dirigentes y entre sus bases. Y, asimismo, no ha sido una buena noticia para la valoración de la política por parte de la ciudadanía, ya en evidente crisis. La política está, debe estar, para solucionar las dificultades de la gente y no, como parece que sucede, para convertirse ella en un prolongado e irresoluble problema que impide la toma de decisiones que mejoren la sanidad, la educación o el cada vez más complicado acceso a la vivienda.

Nada augura en estos momentos, a comienzos del mes de agosto, la posibilidad de un encuentro. Ni la lectura de los tuits de los apasionados seguidores de los respectivos partidos. Ni, por supuesto, las declaraciones y acusaciones -incluso denuncias judiciales, como las planteadas contra los ministros José Luis Ábalos y Josep Borrell por presuntos delitos de corrupción en la operación Chamartín, lo que no ayuda a rebajar la tensión y mejorar las relaciones- de sus organizaciones y dirigentes.

El entendimiento entre PSOE y Unidas Podemos se vislumbra en el horizonte, pero en el modo y manera en que un chiste de la época soviética describía al comunismo: «el horizonte de la Humanidad; y el horizonte es esa línea imaginaria que se ve, pero a la que nunca se llega», decía. El horizonte es también, al parecer, el destino del acuerdo entre las izquierdas españolas.

Para los tuiteros del PSOE, los dirigentes de Unidas Podemos, con Pablo Iglesias a la cabeza, son unos ambiciosos extremos que solo anhelan ministeriales sillones; además, destacan que carecen de la imprescindible experiencia en la gestión política e institucional, pretenden instaurar un Gobierno paralelo dentro del Ejecutivo de Pedro Sánchez y su objetivo último no es solo el sorpasso sino la destrucción del partido socialista.

«La única opción que parece estar sobre la mesa es ese gobierno del PSOE en solitario. Lo que es muy difícil de aceptar por UP tras haber acariciado su presencia en el Gabinete»

Para lo de UP, por su parte, el PSOE actual es una formación derechista, controlada por el IBEX, servidora sumisa de las organizaciones empresariales, practicante de las puertas giratorias, tapón frente a los avances progresistas -que solo son posibles si UP está en el Ejecutivo- y que pretende sin disimulo neutralizar a Iglesias para evitar la presencia de un estadista en el Consejo de Ministros y, en última instancia, borrar del mapa a Podemos o, al menos, convertirlos en subsidiarios.

Frustración

Pese a ello, en la reciente investidura frustrada dio la impresión de que por unos escasos flecos nos quedábamos sin Gobierno de coalición entre ambas formaciones progresistas, con una vicepresidencia para UP y tres ministerios, con o sin competencias en materia de políticas activas de empleo, asunto sobrevenido en medio del debate. Pero nuestro gozo en un pozo: se repitió la frustración de hace tres años y se aviva el fantasma de unas nuevas elecciones generales.

El electorado las rechaza masivamente y pide, con razón, que los diputados y diputadas electas asuman sus responsabilidades y traten de buscar un acuerdo que posibilite la gobernabilidad; y, según diversos estudios sociológicos, culpan por igual a UP y al PSOE del fracaso. Lo fácil, lo cómodo, lo inconsecuente, es devolver la pelota al tejado de la gente.

Mientras, el electorado de la derecha observa el panorama con satisfacción y confía en la oportunidad que puede suponer un adelanto electoral a noviembre en el que los hechos de estos meses pueden fomentar el abstencionismo de las izquierdas y favorecer el tripartito PP-Ciudadanos-Vox. Ese que nació en Andalucía a comienzos de año pero que ha sido experimentado en otras comunidades autónomas, así como en distintos ayuntamientos.

El Gobierno de coalición que parecía factible en el mes de julio, tras los intentos anteriores de dejarlo en un Gobierno de colaboración entre las dos organizaciones de la izquierda estatal, que se tocaba con los dedos tras el paso atrás de Iglesias en su pretensión de formar parte del Consejo de Ministros y Ministras, parece hoy totalmente descartado.

Ofertas caducadas

Lo señalan con rotundidad en los medios de comunicación dirigentes del PSOE, como Carmen Calvo o Ábalos, que dan por caducadas las ofertas ministeriales de la frustrada investidura. Lo reclaman, eso sí, los de Podemos, aunque su reclamación pierde fuerza ante los desmarques de IU o de Anticapitalistas, dispuestos a aceptar el Ejecutivo a la portuguesa. Y, ya fuera de UP, Iñigo Errejón reconoce que hubiese aceptado la propuesta de Sánchez.

El Gobierno de coalición lo descarta el propio Sánchez en sus comunicaciones a la militancia o en su intento de establecer un escudo humano con los colectivos sociales para establecer un programa de Gobierno progresista que tendría que ser aceptado por UP, votando favorablemente a la investidura. Pero quedando, como en Portugal, fuera del Gobierno y dando apoyo parlamentario al Ejecutivo monocolor del PSOE, aunque trufado de independientes de prestigio. La única opción que parece estar sobre la mesa es ese gobierno del PSOE en solitario. Lo que es muy difícil de aceptar por UP tras haber acariciado su presencia en el Gabinete.

Supone una sustancial rebaja en sus pretensiones, difícil de explicar a una militancia que apostó mayoritariamente por formar parte del Ejecutivo. Pero también les resultará muy complicado hacer entender que una nueva abstención de sus parlamentarios impida nuevamente la investidura y nos lleve a las temidas elecciones en noviembre.

El Gobierno monocolor puede ser el mal menor para el conjunto de votantes de las izquierdas y puede permitir la aplicación de un programa socialdemócrata, de contenido social, moderado pero transformador, consensuado previamente con Unidas Podemos y PNV. Rompiendo con una parálisis estatal que está afectando ya gravemente a las comunidades autónomas, que han dejado de recibir en conjunto más de 4.700 millones de euros. Prorrogar esta situación es prolongar una auténtica agonía financiera.

Canarias lo está sufriendo de forma importante porque a ello se añaden el enfriamiento de su economía, muy sensible a fenómenos externos, y los dislates fiscales del Gobierno anterior que ha dejado un profundo y millonario agujero por sus irresponsables rebajas en el IGIC y en otros elementos tributarios. Dejar todo para después de un nuevo proceso electoral complica mucho las cosas y sería, sin duda, la peor de las noticias. Pero, no lo duden, capaces son.