Vista de molinos en Santa Lucía de Tirajana. / Arcadio Suárez

El impacto renovable

Gaumet Florido
GAUMET FLORIDO Las Palmas de Gran Canaria

He perdido la cuenta de la ingente cantidad de iniciativas en marcha para la implantación de instalaciones para la producción de energías renovables en Gran Canaria. Día sí, día también, aparecen publicaciones en los boletines oficiales en las que se da cuenta de un proyecto de planta fotovoltaica o de parque eólico en la isla. Y bienvenidos sean. Dejo por sentada de antemano mi absoluta convicción respecto a la necesidad de acabar con las energías sucias y contaminantes y de avanzar hacia un mundo más sostenible que contribuya a mitigar los efectos, ya visibles, del cambio climático.

Pero, dicho eso, me pregunto si toda esta necesaria apuesta se está planificando de forma adecuada. Es obvio que este cambio de modelo exige un peaje y que también conllevará un impacto en el paisaje, pero ¿alguien ha medido hasta qué punto? En la comarca en la que me muevo, en el sureste, hay casi más molinos que palmeras (exagero, sí, pero solo busco que se me entiendan), y ya es de sobra conocido cómo afectan a especies de aves que están protegidas. Y miles y miles de metros cuadrados se verán pronto alfombrados de paneles solares. Además, la nueva legislación que los impulsa faculta incluso al Gobierno a sortear determinados trámites vinculados al control ambiental que, aunque pesados y muy burocráticos, al menos daban cierta garantía de que el paisaje sería respetado.

Hoy nadie ve Puerto Rico como un modelo turístico y, sin embargo, en su época se hizo conforme a ley. Que nadie interprete de esta reflexión una inspiración negacionista. Tampoco excesivamente proteccionista. Solo planteo una reflexión. La meta está clara, la energía renovable. Solo me pregunto si este es el camino.