Jaula y arco iris

Fútbol en horas lectivas

22/08/2018

Los colegios canarios deben potenciar el fútbol. Introduciendo su práctica en sus instalaciones –que en muchos casos, lo sé, tendrán que ser reformadas y ampliadas, lo que, lejos de un inconveniente, se convierte en una enorme oportunidad: generará economía y empleo en el sector de la construcción, uno de los más dañados por la larga crisis económica que hemos padecido- durante todo el curso escolar. A ser posible, dentro del horario lectivo, no como una actividad extraescolar. Tanto en Primaria como en Secundaria. Con monitores y entrenadores adecuados, con formación técnica más que contrastada, seleccionados preferiblemente mediante concurso oposición, evitando cualquier posibilidad y tentación de enchufismo y de amiguismo.

Seríamos pioneros en el conjunto del Estado y, posiblemente, a nivel internacional, rompiendo con el singular retraso que mantenemos en casi todos los parámetros educativos. Contaríamos, con toda seguridad, con el entusiasta apoyo de toda la comunidad escolar: profesorado, alumnado, asociaciones de padres y madres de alumnos, sindicatos del sector, personal de administración y servicios... E incluso con el patrocinio de empresas. Con la aportación privada y la que provendría de las cuentas públicas de la Comunidad Canaria se garantiza el éxito de esta novedosa misión educativa.

Organizando campeonatos inter y extraescolares, con fases municipales, comarcales e insulares, que culminen, antes de que acabe el curso escolar, con una espectacular final en la que participen los más destacados equipos masculinos, femeninos y mixtos de las Islas. Con alternancia en la sede de la final entre los distintos territorios insulares. Y con un seguimiento permanente por parte de los medios de comunicación públicos.

Premios. Los centros ganadores, así como sus jugadores y jugadoras, podrían recibir premios en forma de material didáctico, ordenadores, lotes de libros, becas, estancias en el extranjero o abonos para ver durante toda la temporada al CD Tenerife y la Unión Deportiva Las Palmas, así como a los equipos más representativos de las islas no capitalinas.

No hay tiempo que perder. La Consejería de Educación y el Gobierno entero deberían tomar urgentemente cartas en el asunto. El Parlamento canario debería mostrar el apoyo unánime de los distintos grupos que lo conforman a esta acción educativa. Parte de esos 250 millones de euros que faltan para llegar al 4% del PIB en Educación deberían emplearse en la financiación de una actividad que muy pocos se atreverán a cuestionar. Fondos procedentes del Fdcan o de los 42 millones de euros del Plan de Infraestructuras Educativas acordado con el Estado también pueden ayudar, especialmente en la mejor adecuación de las instalaciones deportivas.

La propuesta que les planteo tiene, al menos eso considero, muchas y evidentes ventajas. Por un lado, permite la creación de numerosos puestos de trabajo, aunque sea a tiempo parcial. Vamos, como en el conjunto del sistema económico. Potencia, además, la actividad física rompiendo con el creciente sedentarismo que tanto daño hace hoy y que se proyecta hacia el futuro en forma de obesidad y aumento de las enfermedades cardiovasculares. Consigue, asimismo, una formación más integral del alumnado.

No digo que haya que dedicarle más tiempo que a la enseñanza de la lengua, las matemáticas o, en fin, los idiomas extranjeros. Pero, por su relevancia indiscutible, por sus consecuencias formativas, tampoco menos. Más horas que a la filosofía, de más que dudoso impacto práctico, que no les abrirá puerta alguna en el competitivo mercado laboral, que les aporta peligrosas referencias éticas que pueden resultar inadecuadas, convirtiéndose en verdaderos obstáculos para su futura supervivencia en la selva mercantilista, por supuesto.

«Se trata, en el fondo, de una inversión a medio y largo plazo. No todos, ya lo sé, llegarán a jugar en la Liga, la Premier o el Calcio, no todos llegarán a ser germanes, valerones o silvas»

Inversión de futuro. Se trata, en el fondo, de una inversión a medio y largo plazo. No todos, ya lo sé, llegaran a jugar en la Liga, la Premier o el Calcio, no todos llegarán a ser germanes, valerones o silvas, pero sí lo logrará un porcentaje nada desdeñable -mayor entre más amplia base se disponga y buen trabajo de formación se realice- que tendrán sustanciosos ingresos y aportarán significativas cantidades a la Hacienda canaria o a la del conjunto del Estado, como hacen sin trampas los grandes cracks futbolísticos. Otros se tendrán que conformar con unos sueldos más ajustados en la segunda B o en equipos de regionales. O podrán derivar su afición futbolera hacia el arbitraje, comentaristas en radios y televisiones, agentes de futbolistas expertos en la intermediación en fichajes o, incluso, la formación como monitores y entrenadores de fútbol en los colegios e institutos. Tanto chicos como chicas.

Cierto es que habrá alumnos y alumnas que, aunque nos pueda parecer extraño, hay gente muy rara en todas partes, no aprecien esa oportunidad única que se les brinda y no deseen jugar al fútbol. Y que prefieran llevar a cabo otras actividades, deportivas o no; o, simplemente, intenten escaquearse de cualquier actividad. Habría que buscar una especie de asignatura alternativa para que hagan algo de provecho en esas horas: boliche artístico, introducción a la piola o historia del calimbre, por poner algunos ejemplos.

Alguno me argumentará que el fútbol bastante difusión recibe en los distintos medios de comunicación. Que tenemos fútbol hasta en la sopa. Y que hay una oferta suficiente para su práctica por los niños y niñas de todas las edades en los distintos clubes diseminados por toda Canarias. Que el sistema educativo debiera impulsar la actividad física frente a los riesgos del sedentarismo y que, en todo caso, debería promocionar deportes minoritarios o los deportes autóctonos, que corren peligro de extinción. Ganas de incordiar, seguro.

E incluso más de uno me acusará de ser un caprichoso por tratar de introducir en las escuelas algo que ya forma parte de la vida cotidiana de los niños y jóvenes, que ya dedican muchas horas semanales a esta actividad sin que haya que forzar, además, la búsqueda de tiempos para su realización en el ámbito escolar. Y que mi propuesta se parece a la que hace el Gobierno de Canarias con relación a los videojuegos en las aulas. Ni de coña admito que se me acuse de plagio. En mi planteamiento, al menos, no solo se mueven los dedos en una maquinita. Y, salvo alguna inevitable lesión, no colaborará al mal estado de salud de nuestros adolescentes de hoy, nuestros adultos de mañana. He dicho.