A cara descubierta

España va bien

Pedro Sánchez ha optado por el discurso de la recuperación y se ha puesto una venda en los ojos que le impide ver la gravedad de la situación económica y social de este país

Silvia Fernández
SILVIA FERNÁNDEZ Las Palmas de Gran Canaria

España va bien. Así lo pregonaba José María Aznar entre los años 1996 y 2004, cuando España crecía por encima de los países del entorno al calor de una burbuja inmobiliaria que años después nos estalló en las narices y que aún hoy, no hemos acabado de superar del todo (los salarios por ejemplo aún no se han recuperado).

Y eso es lo que debe creer el presidente del Gobierno Pedro Sánchez, que España va bien. Tras la pandemia ha optado por el discurso de la recuperación y, directamente, se ha puesto una venda en los ojos que le está impidiendo ver la gravedad de la actual situación. Hace ya meses, antes de la guerra, de la abultada subida de los precios, y por supuesto, antes de que se dispararon los combustibles, se dejaba sentir un descontento generalizado en la sociedad española contra la coyuntura política y social y protagonizado sobre todo por los sectores más castigados por la covid. La hostelería, el sector del metal, los agricultores, los ganaderos e incluso los transportistas (aunque estos al final no se movilizaron)... salieron a las calles a finales del año pasado para reclamar medidas de apoyo. El Gobierno miró para otro lado, dejó pasar el tiempo y las movilizaciones fueron decayendo de forma natural engullidas por el día a día y la llegada de la sexta ola.

El aviso de los transportistas de huelga para el 14 de marzo le sonó al Gobierno a lo mismo, a amenaza sin fundamento y optó por no hacer nada en la creencia de que no habría paro. En lugar de actuar rápido como el resto de los países del entorno como Francia y Portugal, que aprobaron hace semanas ayudas directas para contener el incremento en el precio de los carburantes, decidió esperar a final de mes para ver qué hacía, sin darse cuenta de que para entonces las pérdidas serían astronómicas, con industrias paradas, supermercados vacíos y la economía a medias. Sin olvidar el impacto en los consumidores que alucinan con la pasividad de este gobierno pese a la agravedad de la situación. Pero, España va bien.