Bardinia

En España los niños nacen armados

20/02/2018
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El Duque de Wellington, que ayudó a los españoles a expulsar a las tropas napoleónicas, afirmaba que España es el único país del mundo en el que 2 más 2 no suman 4. Espero que solo sea una frase brillante, pero la historia parece darle la razón. Se suele decir, apoyándose en un argumentario de urgencia, que hay épocas de la historia en las que parece que el mundo se vuelve loco y cada paso que dan unos y otros acerca al abismo a toda la colectividad. Se repiten como ejemplos los tiempos anteriores a la Gran Guerra o a la II Guerra Mundial, dos terribles conflagraciones que otros consideran una sola guerra, que empezó en 1914 y acabó en 1945 con una tregua de dos décadas pero con una latencia manifiesta. Si aplican la teoría a España, la convulsión es permanente.

«Es decir, la historia oficial hace que mentiras muy obvias se conviertan en verdades sagradas»

Hilando bien determinados argumentos, seguramente podríamos decir lo mismo de cualquier otro tiempo de la historia. Al hablar de España, no hay que ir muy lejos, basta con echar un vistazo a los Episodios Nacionales de Galdós para constatar que la locura colectiva no es nueva, como tampoco lo es en todo el planeta porque mira que ha habido locos, sátrapas y disparates desde tiempos de los sumerios. En el fondo de tanto conflicto siempre hay factores que ciegan la razón y mueven los fanatismos, sean religiosos, territoriales, económicos o culturales, sabiamente utilizados para nublar la razón y encender las pasiones.

Y nos dan como ciertos hechos que no sucedieron como consecuencia de los motivos proclamados (o eso es lo que dicen voces tan eminentes como las oficialistas). Ponen como ejemplo claro la revolución Francesa, en la que lo que se produce es un cambio de la cabeza del poder, que pasa de la monarquía a los altoburgueses, grandes propietarios y banqueros. El pueblo siguió igual de pobre y sojuzgado, por mucho Montesquieu que se predique o Voltaire que se invoque (que conste que hablamos de mentes muy lúcidas, pero nadie les ha hecho el menor caso fuera de los discursos de boquilla y del papel mojado). Otro ejemplo es la llamada Revolución Americana que dio lugar a la independencia de Estados Unidos, que fue más que otra cosa una guerra económica entre las clases dirigentes de la entonces colonia y el Imperio Británico; o la emancipación de Hispanoamérica, con proclamas sobre la justicia y la lucha contra la opresión, que no eran sino combustible utilizado por los prebostes criollos que ansiaban controlar el poder y la economía, porque hemos visto que, doscientos años después, la marginación de los indígenas, la desigualdad y la injusticia siguen ahí. Es decir, la historia oficial hace que mentiras muy obvias se conviertan en verdades sagradas con himno, bandera y encendidos juramentos patrióticos.

Pero hay una excepción: España. Cada país, cada comunidad, cada territorio tiene sus particularidades. Si hablamos de defectos, hay naciones y grupos sociales prepotentes, despóticos, racistas, homófobos, insolidarios... docenas y docenas de lacras repartidas por el mundo. El problema de España es que aquí hay de todo. Una cosa la trajeron los fenicios, otra los romanos, otras, los árabes, los visigodos, los franceses... pero cada vez que llegaba un defecto nuevo no se anulaba el anterior. De manera que, tres mil años después, España es una jaula de grillos, donde conviven (es un decir) el imperialismo romano sin imperio, el “¡Viva Cartagena!” de los reinos de Taifas, la Ilustración que dejó la huella de creer que lo sabemos todo, la resistencia numantina o el ardor del 2 de Mayo. Así, Francisco I de Francia dijo hace cinco siglos que en España los niños nacen armados, y seguimos esperando que algo suceda para quitarle la razón al rey francés.