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Como estamos en primavera, es tiempo de Feria del Libro como la que se celebra esta semana en el Parque de San Telmo de Las Palmas de Gran Canaria. Hay dinero público, en unas más que en otras, y desde luego debe tener algún rendimiento económico, puesto que los organizadores insisten cada año. A veces estoy en alguna de las ferias, cuando tengo libro, como presentador o haciendo de grumete en un evento del que sigo preguntando si realmente tiene alguna relación de verdad con la literatura. Tiene que ver con el mercado de los libros, y como ahora todo es mercado, los libros también, y es verdad que en la difusión de la creación y el conocimiento se usa el formato libro, y que la literatura es una parte, como lo son la historia, la filosofía o cualquier otra disciplina. Pero finalmente todo tiene que ver con la actividad más voluminosa del mundo: la publicidad, que es el pregonero de nuestra época.

Después de pasarme décadas uniendo mi voz al coro de unos pocos que hemos estado clamando por un Instituto Canario del Libro, destinado a crear cauces (no a editar), a establecer dinámicas y a ser depositario de lo que se escribe en Canarias; después de tratar de inventar apoyos para incentivar la creación, la investigación y la difusión del poco o mucho talento que tengamos, cuando al fin se crean editoras privadas al rebufo de esas acciones, suelen aparecer las instituciones acaparando nuevas ediciones que, en general, carecen de distribución y promoción y hacen la competencia a quien ellas subvencionan, con lo cual la vida real de los libros se reduce a los que los autores y autoras puedan recabar de esas instituciones para luego regalar, que es la única manera de que el libro circule un poquito.

Creo que es bueno que las instituciones públicas o corporaciones privadas (fundaciones, museos…) convoquen premios de narrativa, poesía, ensayo, teatro o lo que sea. Pero luego tendrían que publicarse en editoriales privadas y contrastadas, que las muevan más allá de un solemne acto institucional de presentación. ¿Qué organismo coordinaría todo eso? Pues el Instituto Canario del Libro; para eso sirve. Ese tipo de políticas son necesarias en territorios con poca costumbre de leer y con más dificultades geográficas que otros. ¿Quiere decir esto que instituciones, fundaciones y universidades no publiquen? No, al contrario, estos departamentos harían como ha hecho ahora la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria, al rescatar la obra de Bartolomé Cairasco de Figueroa, y trabajos de importancia investigadora o divulgadora, y aún así se podría hacer a través de convenios con editoras. De esa manera se crearía un sector económico importante, lo que siempre lleva a más puestos de trabajo y una mejor llegada de la cultura a la gente.

Si no funcionan la promoción y la distribución, unidas por la publicidad, no hay manera. Y esto es así desde hace décadas, pero parece ser que todo se resuelve con decretos, ruedas de prensa y actos estériles pero muy vistosos. No es casualidad que los libros de mi cosecha que más han circulado hayan sido los que fueron editados por editoriales de La Península con eso que nos falta por aquí: promoción y distribución. Es decir, el problema es la difusión del conocimiento, la creación y la reflexión, que sigue como cuarenta años atrás, lo que hace que miremos hacia quienes han predicado cambios y apuestas, y repiten el mismo guion ineficaz. «Si buscas resultados distintos, no hagas siempre lo mismo», dijo el inefable Albert Einstein.

Hago notar que, no hablo de autores y autoras, hablo de libros. Quien escribe debe saber en qué jardín se mete y que frutos puede recoger según riegue más o menos (a veces regar

demasiado no es bueno). Hablo de nuestra cultura colectiva, pues queremos una sociedad que se reconozca, y en eso la literatura es fundamental. En realidad, habría que premiar libros por su valía. Para alentar el talento hay muchas opciones: becas, cursos, premios y otras ayudas e incentivos. El talento debe ser cultivado, eso siempre eleva el nivel. Pero, sobre todo, si ese talento es notable y se acompaña con el esfuerzo personal, saldrá adelante. Eso tiene que llegar a la sociedad, pero no depende de los autores, ni de los editores ni de los libreros mientras cada uno haga la guerra por su cuenta. Es la coordinación de todos y las políticas educativas, sociales y de toda clase. Podemos conseguirlo sin autores y autoras con complejo de estrellas del rock, pero no sin los libros que han de ser escritos y leídos. Valoremos los libros pues no hay cultura sin libros y, de paso, que no hay libros sin escribas. Buena semana de Feria del Libro.

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