Opinión

El pacto de Bravo de Laguna

16/06/2018

José Miguel Bravo de Laguna tuvo la opción de ser presidente del Consejo Consultivo. Y así, de alguna manera, continuar ligado al PP por aquello de quién hacía la propuesta en el reparto de los órganos parlamentarios. Era (y es) su casa ideológica natural a la que accedió desde su paso previo por la UCD cuando el mito y la certeza (todo en uno) de las dos Españas aún sobrevolaba la Transición; lo que comporta ser una persona con talante, predispuesto al diálogo. Tuvo en bandeja el Consejo Consultivo pero la tentación de la política en primera línea, de las balaceras soportadas en las trincheras, le pudo. Todo dirigente conoce el declive político antes o después, la cuestión está en el cuándo. Sobre todo, en los tiempos actuales de la instantaneidad y la guillotina posmoderna de las redes sociales donde el pasado se mercantiliza. Porque él aún pudo cerrar su trayectoria pública (en el Consejo Consultivo) al modo de antes, como si fuera un senador romano de los que vemos en el cine clásico.

Ha optado por Fernando Clavijo. Por ser el bastión de CC en la isla donde esta organización hace mucho que no pinta nada. Y, de repente, Bravo de Laguna deja la defensa a ultranza de Gran Canaria por el nacionalismo que combatió primero desde UCD y luego desde el PP. Siempre ha tenido olfato político. Y por eso sorprende esta apuesta en vez de entenderse con el PP o Ciudadanos llegado el caso.

Si se confirma que la tendencia de Asier Antona en lo que resta de legislatura es acercarse a Clavijo en aras de gobernar con él a partir de 2019, la situación será rocambolesca. Antona y Bravo de Laguna ganándose el aprecio de Clavijo en competición mutua cuando ambos podían haber sumado para la causa del centroderecha. En vez de ganar los dos, pugnan entre ellos. Absurdo.

Bravo de Laguna no podía seguir ejerciendo de defensor de los intereses de Gran Canaria porque ese espacio ya lo ocupa (y con creces) Antonio Morales que va camino de repetir en el Cabildo de forma holgada. Pero CC se equivoca si piensa que el que vota a Morales lo puede hacer por Bravo de Laguna. Son públicos distintos. A día de hoy es más probable un cambio en el Ejecutivo regional que en el Cabildo de Gran Canaria. Con las reservas que merece la política, es más seguro que Morales siga siendo el titular en la calle Bravo Murillo que CC continúe. Esto último puede ocurrir (eso sí, ya con socios) pero las quinielas dan más expectativas a la candidatura de Morales. CC no tiene nada que perder con Bravo de Laguna, si sale mal pues con el tiempo nadie se acordará. Pero el dirigente de las medianías, un todoterreno político, sí se juega mucho más: para empezar el recuerdo de su legado para la posteridad, justo el de un prohombre de la Transición en Canarias. ¿Merece la pena?