La arista

El laberinto del PP

21/06/2018

El PP está inmerso en una operación de reajuste interno que si le sale bien le devolverá la dignidad y consagrará su continuidad como partido de gobierno europeo y moderno. En caso contrario, si triunfa la defensa del estatus y el victimismo como palanca el partido levantará murallas en torno a los que han ocasionado el colapso y se enfrentará a una sociedad que no siente que los representa.

Nunca he sido un fans de Rajoy. No es el líder que desearías ni en tu oficina. Eso de dejar que los problemas se pudran y que el tiempo se ponga de tu lado está bien para quien puede esperar, pero el mundo va mucho más rápido que el tiempo. Rajoy ha demostrado que su estrategia no funcionó y que se lo comió la corrupción, la avidez, rapidez e inteligencia política de sus adversario. Inteligencia política y audacia, dos aspectos ausentes en el Gobierno de Rajoy. Con la miel en los labios después de aprobar los Presupuestos Generales del Estado, colocada hábilmente por el PNV no calculó la traición, y no lo hizo por falta de una estructura de inteligencia política en su entorno, posiblemente dedicado a la intriga interna como si gozaran del poder absoluto, cuando lo que tenía era un cheque con fecha de caducidad.

La operación política más sorpresiva, enjundiosa y de mayor envergadura de la etapa democrática, una moción de censura con los votos de toda la fauna política, desde la ultraderecha a la ultraizquierda, que lo descabalgó del poder y le regaló la presidencia a Sánchez, incluyendo un calculado cambio del criterio del PNV después de garantizar los seis mil millones de euros en los presupuestos. No lo vio venir.

A pesar de que este es Rajoy, tengo que reconocer que la salida del Gobierno y del partido ha sido la de un señor de los pies a la cabeza. No nombró a nadie a dedo, y si tenía un preferido no lo presionó ni le allanó el camino para dar continuidad. Por el contrario ha abierto las puertas para que sea, por primera vez, la militancia la que decida quién debe liderar y qué política debe hacer el PP en el futuro. Rajoy, de forma inesperada, ha abierto las compuertas a la renovación sin cargas, sin imposiciones, en un debate de incalculadas consecuencias porque también puede acabar en involución. Por poner en valor los gestos de Rajoy sin acritud. Objetivamente ha dado una lección a los expresidentes. Renuncia al sueldo, cien mil euros anuales, y a los privilegios de los que goza Felipe González o Aznar, dedicados al trapicheo de las influencias. Ha renunciado a su puesto en el Consejo de Estado para recobrar profesión de registrador de la propiedad, en una oficina de un pueblo anónimo y lejos de su casa. Ese es el estilo de los nuevos tiempos que bien reconoce a Rajoy Pablo Iglesias, aunque el líder de Podemos ya apunta maneras de burgués profesional con gustos más que cuestionables.

Hoy el PP y su futuro es una incógnita y se debate, como en todos los partidos, por la audacia y la renovación o por la defensa de lo establecido, además de las cuotas del poder que algunos no quieren dejar en un hipotético salto a la modernidad y a que el control lo tomen los más jóvenes. Entre lo que representa María Dolores de Cospedal, la ama de la llave del aparato, y Pablo Casado y los que le acompañan en esta aventura, hay un abismo. Es difícil predecir qué dirá la militancia, pero no es estúpido pensar que quien domina el aparato tiene ventajas y ya la secretaria general ha comenzado a llamar a las regiones.

Aunque no garantiza el resultado el control del proceso y el poder local es fundamental. A nadie se le escapa que es el actual aparato el que ha bendecido la reciente estructura del poder local en toda España, y que en muy pocos casos la militancia dio la espalda al oficialismo. Cospedal, la mujer que representa al viejo PP, utilizará este poder y la ventaja que le otorga el aparato sin que la militancia tenga mucho que decir, entre otras cosas porque el PP nunca se ha caracterizado por permitir el debate y la disidencia, sino por el control y la recolocación de los sectores.

Abrir compuertas está bien, pero mucho me temo que será tremendamente difícil para los que están fuera de la órbita del aparato colocarse ante la militancia, entusiasmarla y lograr un vuelco del partido hacia postulados más modernos, un aspecto que la derecha española necesita como agua de mayo para ponerse a la altura de las europeas, que sí han sufrido procesos de renovación y de adaptación a la nueva realidad.