Primera plana

El imputado Clavijo

05/04/2019

Fernando Clavijo está investigado. La jueza Celia Blanco ha sido categórica. Y el caso Grúas debe ventilarse en el Juzgado de Instrucción número 2 de La Laguna. Ya no hay duda, en realidad nunca la hubo. Lo que había era el ánimo de confundir de algunos al abrigo de esa táctica perniciosa de tratar enmarañar el proceso judicial, cuestionar la separación de poderes y especialmente atacar a la Fiscalía. El caso Grúas es muy real, tanto como los presuntos delitos relacionados con la corrupción que le endosan a la actuación lagunera de Clavijo: tráfico de influencias, malversación de caudales públicos y prevaricación. Y, de confirmarse, en el concurso de delitos cabe la posibilidad de que Clavijo pueda entrar en la cárcel al superar el umbral de los dos años. Aunque ninguna persona de buena voluntad desee o le gusta que otra, sea Clavijo o quien fuere, entrase en prisión y conviviese en una celda. Lo mismo que le ha sucedido estos días, azares de los césares, al exalcalde Miguel Zerolo, al constructor Antonio Plasencia y, en breve, al empresario Ignacio González, entre otros. Por cierto, CC promovió que Zerolo fuese al Senado a pesar del desarrollo del caso Las Teresitas. Y se resiste a emitir disculpas.

«Aquí la problemática no reside en exclusiva en pruebas practicadas (como el audio del caso Corredor) o testimonios sino que todo está negro sobre blanco y firmado»

Clavijo será citado a declarar muy pronto y se sentará, por lo tanto, en calidad de investigado. Lo más seguro es que evite responder las preguntas tanto del Ministerio Público como de las acusaciones populares. Aunque eso no cambiará nada: hay caso Grúas para largo. Y cuando llegue la sentencia, sea la que sea, será recurrida. En términos políticos, Clavijo está tocado, muy tocado. Es una agonía. Su destino pasa, al menos de momento, sobre lo que decida la jueza Blanco. Pero no puede cerrar sin más el caso Grúas tras conocerse el informe de 70 páginas de la fiscal anticorrupción María Farnés que vierte una claridad en los indicios delictivos fruto de que todo está documentado. Ese es el inconveniente de Clavijo, que aquí la problemática no reside en exclusiva en pruebas practicadas (como el audio del caso Corredor) o testimonios sino que todo está negro sobre blanco y firmado. Encima otea en el horizonte otro frente más en su contra: el caso Reparos.

Eso sí, desde ahora la contrariedad crece aún más en Coalición Canaria. El partido no reacciona y Clavijo, si se tercia, está dispuesto a sacrificar la organización a cambio de ganar un poco de tiempo o esgrimir un vano intento de supervivencia. La posición que mantiene Clavijo es indecorosa para un presidente, ha protagonizado una fuga procesal a modo de presentación de recursos que le han sido denegados uno tras otro. Y el de súplica ante el Tribunal Supremo no tiene efectos suspensivos y su margen de maniobra se agota. Si tan tranquilo está de su inocencia le debe dar igual dónde comparecer. Su proceder destila todo lo contrario, puro nerviosismo. Clavijo se asoma a su precipicio político.