Editorial

El ‘Aquarius’ y la respuesta comunitaria

17/06/2018

España está dando una lección de solidaridad con la decisión de recibir en Valencia al barco Aquarius, que llega con unos 600 inmigrantes irregulares a bordo y que ha vivido una auténtica odisea tras la negativa de las autoridades de Malta e Italia a abrir sus puertos a la citada embarcación. Solo a última hora el Gobierno italiano accedió a que buques de su Armada dieran escolta al Aquarius, todo ello mientras el nuevo Ejecutivo trasalpino -compuesto por populistas de izquierda y derecha- presentaba esa decisión del Gobierno de Pedro Sánchez como una victoria en toda regla.

Esa lectura es del todo inaceptable. Ante un problema humanitario no caben ni la insolidaridad ni las lecturas partidistas. Como tampoco las respuestas aisladas. Porque el problema migratorio, que se agrava ante la inestabilidad que viven algunos países ribereños del norte de África -primero Libia y ahora, sobre todo, Siria-, es un fenómeno que obliga a una respuesta de la Unión Europea. Para ello conviene siempre tener presente que los inmigrantes que se suben a un barco y arriesgan sus vidas, tras hacerlo en tierra en un éxodo que en ocasiones es de miles de kilómetros, apenas tienen preferencia por desembarcar en Italia, Francia o España: lo que les mueve es llegar a Europa. Y es por tanto la Unión Europea quien, si de verdad quiere hacer honor a su nombre, quien tiene que dotarse de mecanismos que garanticen una respuesta única. Si la política de fronteras es competencia comunitaria, no es de recibo que cada país actúe a conveniencia, y menos aún que las varíen en función de la ideología del Gobierno de turno.

Lo ocurrido con el Aquarius recuerda mucho lo vivido por Canarias en el llamado verano de cayucos, en el año 2006. Y la solución acabó pasando, por un lado, por contar con medios suficientes en tierra para atender a los que llegaban a centenares en las embarcaciones, pero sobre todo por actuar en origen, esto es, dotando de medios a los países que eran puerta de salida para que controlasen sus fronteras y contaran con gobiernos estables y economías mínimamente sólidas, porque sin esos pilares es imposible evitar un éxodo continuo de hombres y mujeres en busca de lo más básico: la supervivencia.

España hace bien hoy evitando que el Aquarius, además de poner en evidencia el fracaso de la UE y la insolidaridad de gobiernos como el Italiano o el maltés, acabase convertido en un cementerio sobre las aguas. Pero la única forma de que eso no derive en un efecto llamada es convenciendo a Europa para que actúe, porque el problema es comunitario y la respuesta también debe serlo.