El dilema de Torres

Muchas veces al cambio estatal le precede el vaticinado en las grandes ciudades

Rafael Álvarez Gil
RAFAEL ÁLVAREZ GIL Las Palmas de Gran Canaria

Las elecciones en Canarias en 2023 serán similares a las de 1987 y 2011. A saber, tras un gran triunfo socialista en los comicios y anticipado por una ola electoral estatal, viene después la siguiente cita con las urnas donde el PSC-PSOE (haya gobernado o no) sufre una erosión del respaldo popular. De tal manera, los 27 escaños obtenidos en 1983 se tornaron en 21 en 1987 y los 26 de 2007 se redujeron a 15 en 2011. Lo suyo es que de aquí a 2023 ocurra otro tanto y, a punto de cumplirse el ecuador de la legislatura, haría bien Ángel Víctor Torres en realizar un control de daños que calibrase las siguientes claves: ¿cuánto se prevé que bajará las siglas en Canarias?, ¿en qué islas será más acusado el descenso? y, sobre todo, de confirmarse esta tendencia en el horizonte, ¿merece la pena arriesgarse y convocar elecciones este verano de cara a frenar la caída o, por el contrario, quedar a expensas de circunstancias que no controla y de terceros -dentro y fuera de su partido- para que pueda o no reeditar su candidatura a la Presidencia?

Hubiera sido deseable contar con los datos por municipios en las diferentes convocatorias al Parlamento de Canarias, pero esta institución ni tampoco el Instituto Canario de Estadística han volcado toda la información de todos los procesos electorales en la historia del autogobierno e, incluso, a veces el acceso en la red no se le permite al ciudadano. Un error que confío subsanen a la mayor brevedad posible. Por lo que me basaré en los datos del Ministerio del Interior que dispone de los comicios municipales que en Canarias -a diferencia de Euskadi, Catalunya, Galicia y Andalucía- coinciden las fechas con las autonómicas desde 1983. Muchas veces al cambio estatal le precede el vaticinado en las grandes ciudades, el ejemplo paradigmático fue el advenimiento de la Segunda República y el exilio de Alfonso XIII al calor de una convocatoria municipal. Si sopesamos los cuatro principales enclaves del archipiélago: los datos son elocuentes. Adelanto que cualitativamente el PSOE ha tenido tradicionalmente un peso político distinto en Gran Canaria y Tenerife: en la primera ha sido mayor en la capital que en Telde donde ha sido históricamente una fuerza secundaria y, sin embargo, en la segunda sucede justo al revés, en La Laguna cumple más expectativas que en Santa Cruz de Tenerife.

Por un lado, el retroceso socialista de 1983 a 1987 fue el siguiente: Las Palmas de Gran Canaria de 15 concejales (43,07% de los votos válidamente emitidos) pasó a 9 (25,98%), Santa Cruz de Tenerife de 7 (23,83%) a 5 (15,31%), Telde de 3 (13,62%) quedó en 3 (10,66%) y en La Laguna de 14 (46,38%) menguó a 9 (29,49%).

Por el otro, el repliegue socialista de 2007 a 2011 quedó así: Las Palmas de Gran Canaria de 15 (41,9%) se derrumbó a 9 (23,05%), Santa Cruz de Tenerife de 7 (24,08%) cayó a 5 (15,59%), Telde de 5 (16,81%) se desmoronó a 2 (8,92%) y La Laguna de 9 (27,42%) mermó hasta los 4 (15,09%).

El diagnóstico es incontestable. Si el 14F se atestigua el 'efecto Illa', Torres haría bien en disolver la Cámara y convocar elecciones para este verano. Supone un riesgo pero alberga numerosas ventajas: CC no se ha rearmado y, la primordial para él, podrá seguir pilotando por sí mismo su trayectoria política. Y eso vale oro. Es una decisión corajuda. Aunque si jugamos a ser conservador, y no se arriesga este 2021 porque teme ya una caída electoral, debe pensar que en 2023 será aún más cruenta. Y los posibles, los de Torres, se reducen.