La arista

Chira-Soria es de los grancanarios

31/03/2019

La central hidroeléctrica de bombeo Chira-Soria constituye una infraestructura esencial para avanzar hacia la sostenibilidad del nuevo modelo energético de Gran Canaria, basado en las energías renovables. Se trata de una de las obras de ingeniería más complejas del mundo en estos momentos, incluida la caverna que es necesario horadar y en la que cabe la Catedral de Santa Ana. Este proyecto colocará a Gran Canaria en la vanguardia tecnológica energética del planeta. Es la obra de ingeniería civil más grande que se realizará en España. Un proyecto imprescindible para la modernización del sistema eléctrico, para la conservación del medio ambiente, para la autogestión energética, para la absoluta garantía del suministro, para una mayor seguridad en el sistema y para una mayor integración de las energías renovables hasta llegar al 70% de penetración. Una utopia hecha realidad.

Hasta ahora ha habido absoluto consenso con un proyecto que políticamente no parece ser de nadie, aunque tiene padres identificados. Ha sido y es de todos hasta que llegó la campaña electoral. Nadie con dos dedos de frente puede cuestionar la importancia de la central de Chira-Soria para el futuro energético de Gran Canaria, pero muchos, sin escrúpulos, se disponen a utilizar el sano debate medioambiental para socavar políticamente a quien lo gestiona dañando también el proyecto.

Desde que comenzó esta especie de precampaña electoral han salido a la palestra «políticos-ecologistas» venidos a más interesados, ahora, por los escarabajos o por espacios naturales en los que nunca habían reparado. Se disponen a cuestionar la gestión del actual equipo de gobierno del Cabildo de Gran Canaria en un proyecto que ni siquiera es suyo, que heredó de otras administraciones y que, con seguridad no le tocará inaugurar en el futuro. Los titulares de prensa y los comentarios entran dentro del mismo capítulo de despropósitos políticos que pueden crear un serio problema que hasta ahora no existía.

«No podemos querer hacer una obra de estas dimensiones sin tocar una piedra, modificar un paisaje o matar a un escarabajo»

El debate sobre la conveniencia de la macro obra está superado y el de la necesaria y obligatoria protección medioambiental está en el alero para que sean las instituciones y los ciudadanos los que con sus alegaciones hagan aportaciones que lo mejore. Pero no nos engañemos. No se pueden hacer tortillas sin romper huevos. No podemos querer hacer una obra de estas dimensiones sin tocar una piedra, modificar un paisaje o matar a un escarabajo. Lo que no significa que se busquen las alternativas menos dañinas para el medioambiente y para el paisaje. Para ello existen garantías, las que nos ofrecen los técnicos, el control de los mismos por parte de las instituciones y el que deben ejercer los ciudadanos.

Decía alguien hace unos días que si el querido y admirado César Manrique, del que tanto se habla en estos días, hubiese emprendido hoy su proyecto para la Cueva de Los Jameos quizás nunca la hubiese ejecutado por los inconvenientes medioambientales o por la guerra ecologista para preservar a los cangrejos ciegos de la mirada de los hombres y del ácido de las monedas que siguen tirándose al conocido charco en el que habitan dentro de una burbuja magmática.

Es muy posible que así sea. Pero estos son otros tiempos, en los que la protección de la tierra y sus habitantes se ha convertido en uno de los debates más sanos y certeros del siglo XX y XXI. La preocupación por el medio ambiente ha crecido, y es normal que una obra como la Central Chira-Soria despierte inquietud entre los ciudadanos, aunque el fin que persigue sea mayor, dotar a Gran Canaria de energía limpia y garantizar su futuro energético y medioambiental.

Otra cosa es la utilización política de este debate para calentar el ambiente electoral y tirar trastos a la cabeza de Antonio Morales. Una malsana costumbre política de los grancanarios con todos sus proyectos emblemáticos. A base de titulares y declaraciones lo que se busca es deteriorar la imagen del presidente del Cabildo que ha puesto todo su empeño en hacer avanzar un proyecto colosal del que ni tan siquiera es padre intelectual ni político.

El colosal proyecto, el más ambicioso de los que existen en España, es de los grancanarios, que, aunque cansados de oír hablar de él sin ver que se mueve una piedra, hemos entendido perfectamente que se trata de una obra de supervivencia que no admite discusión alguna y mucho menos torticeros reproches políticos de campaña que ponen en peligro su alto grado de aceptación entre los grancanarios. Antonio Morales, su gestión, tiene muchas más aristas para la crítica política que la gestión de esta obra, de la que le ha tocado una parte importante, pero que como digo, no sé si inaugurará.