Casado, un accidente

El intento de convertirlo en una elección errónea es un tanto cruel

Francisco Suárez Álamo
FRANCISCO SUÁREZ ÁLAMO Las Palmas de Gran Canaria

Pablo Casado anunció ayer que deja su escaño en el Congreso de los Diputados, además de la presidencia nacional del Partido Popular. Se convertirá, por tanto, en Pablo Casado militante. O Pablo Casado el Breve. O Pablo Casado el hombre que creyó que podía derrotar a Díaz Ayuso y acabó defenestrado. O Pablo Casado, el del error de elegir a García Egea como su número dos...

Pero hubo un tiempo en que Casado fue útil para muchos en el PP para evitar que Soraya Saenz de Santamaría se hiciera con el poder orgánico. De hecho, bastantes de los mismos que lo auparon a la presidencia del partido después participaron en la conjura contra él. Así que hubo un día en que lo vitorearon con las mismas ganas que saña pusieron al apuñalarlo. Más o menos como lo de Julio César, quizás con Cuca Gamarra en el papel de Bruto, pues ahora la vemos elegida como número 2 del PP.

El intento de convertir a Pablo Casado en un simple accidente, en una elección errónea, es un tanto cruel. Seamos justos y recordemos lo que pasó: el principal problema del PP con Casado fue el día en que él intentó saber si había corrupción en el partido, si un posible caso de trato de favor hacia el hermano de Isabel Díaz Ayuso podía reeditar la lluvia de fango que tanto daño había hecho en el tramo final del mandato de Mariano Rajoy. Hay, de hecho, algunas similitudes con lo que le sucedió a María Dolores de Cospedal. A ella le encargaron hacer limpieza y acabar con la época de Bárcenas y esa misma operación acabó en buena medida con sus posibilidades de ser la sucesora de Rajoy al frente del PP. De manera que la gran equivocación de Casado fue pecar de simple: ir a una emisora de radio -la Cope- a decir públicamente que tenía dudas sobre la honorabilidad de Díaz Ayuso fue pecado capital de acuerdo con el singular código ético del PP, que prefiere castigar al que osa averiguar si hay bajo la alfombra y disculpa, por contra, a los que la utilizan para ocultar lo que no se ha barrido. Eso sí, tampoco nos escandalicemos: pasa en más partidos y hay incluso muchos episodios de indulgencia por parte del electorado. Pero mal de muchos, consuelo de tontos...

Casado hace bien en quitarse de enmedio. Su imagen sentado en el Congreso solo serviría para que él recordase, y con él toda España, a los que lo apuñalaron orgánicamente por violar ese principio sagrado que pasa por no preguntar por lo que hacen los nuestros.Lo confieso ahora que se va: creí que tenía futuro. Ingenuo él e ingenuo yo.