Centro de vacunación en Infecar / Cober

Hay cosas bien hechas

El 'vacunódromo' de Infecar, un ejemplo que vale como vacuna contra la común maledicencia

Vicente Llorca Llinares
VICENTE LLORCA LLINARES

Cuentan que el ilustre escritor José Bergamín, uno de los promotores de la Generación del 27, cuando alguien le preguntaba cómo se encontraba siempre acostumbraba a contestar que sobrellevaba un fatal infortunio. Incluso cuando sus interlocutores le felicitaban por un reciente éxito literario, el maestro daba cuenta de que este quedaba empañado por el mal que arrastraba y le acongojaba. Y si alguien se atrevía a cuestionarle el por qué de tanto pesimismo, el acerado escritor contestaba: porque en este país de envidiosos y maledicentes sólo si eres desgraciado podrás despertar algo de conmiseración, porque el triunfo nada más que merece desconsideración y celos.

No andaba desencaminado. A poco que nos miremos debemos aceptar que España es un país tendente a autolesionarse, muy recurrente en despreciarse a sí mismo y en el que «la industria de la maledicencia», como la define Javier Marías, otro ilustre escritor y observador de nuestras costumbres, es una de las más boyantes. Aquí hay especial empeño en hacer daño y somos bien virtuosos en crear invectivas, burlas y comentarios malsanos para con quien no comulgue a pie juntillas con lo que dictamos o con lo que quiera que sea que se cruce en nuestro camino. Las redes sociales y la política que hacen los políticos de ahora son el más claro ejemplo de cómo esa industria de la maledicencia lo ha contaminado todo. No importa que mucho de ello se haya construido con el esfuerzo y sacrificio de casi todos.

Andamos cagándonos en todo y en todos constantemente, con la excepción del mundial de fútbol y algún que otro esporádico hecho aislado. Sin embargo, sin ser amigo de traer a esta columna vivencias personales, debo levantar la voz en pro del valiosísimo patrimonio público que atesoramos. Hace unos días tuve la fortuna de recibir la primera dosis de la vacuna contra la covid-19. Y de comprobar la eficiencia, organización, eficacia y pulcritud con que se está realizando esta ingente tarea de inmunizar a casi toda la población obliga a proclamar a voz en grito el gran valor de lo público, así les pese a algunos. El 'vacunódromo' de Infecar es solo un ejemplo, pero revelador, que merece ser admirado y promovido como eficaz vacuna contra la común maledicencia, tan proclive a olvidar que han sido el sistema y los trabajadores públicos los que están haciendo posible frenar la pandemia. Que no falten las críticas, claro, porque pifias las ha habido y muchas, pero también conviene poner en valor un sistema público que funciona y es vital.