Avlo para todos

En este verano 2021 no serán Turquía o Grecia y sus islas nuestros máximos competidores turísticos. Sino, en general, el resto de regiones de España

David Morales
DAVID MORALES

Ni yo he cometido error ortográfico alguno, ni la imprenta o el software de escritura han sido 'hackeados'. Lo reitero desde estas líneas introductorias: avlo para todos. Que bien podría Renfe comprarme los derechos de autor de este lingüístico trampantojo mensaje publicitario, pensando en su nuevo tren de bajo coste, de nombre…Avlo (nacido de la contracción AVE + low cost).

Y 'avlo para todos' porque, considerando los casi 2.000 km oceánicos que nos separan del continente, y dada la total dependencia del archipiélago de la conectividad aérea, te llega al alma isleña la cuña publicitaria de «Madrid-Barcelona, en dos horas y media, desde tan sólo…7,50€». ¿Cómo no animarse todos los españoles a viajar por la península este verano a/desde esos irrisorios precios?

Anhelando, como estamos, el regreso a nuestras islas de todo tipo de turistas -especialmente el de peninsulares en verano-, aún con el virus modo agitador, con los requisitos sanitarios aún vigentes (tests obligatorios incluidos para no vacunados), y con el bolsillo de la mayoría de españoles duramente perforado por la pandemia, no nos favorece el que una pareja pueda viajar por sólo 'desde' 30€ ida y vuelta para viajar desde la capital de España al Mediterráneo. En contraposición al hecho de que esa misma pareja tenga que pagar unos 500 euros (coste de tests aparte, insisto) por volar hasta el Atlántico. Ah, maletas tampoco incluidas, por supuesto.

En este verano 2021 no serán Turquía o Grecia y sus islas nuestros máximos competidores turísticos. Sino, en general, el resto de regiones de España. Máxime cuando, además, resulta que también en la península se ha desatado, -hasta en 10 de las 17 Comunidades Autónomas-, la 'fiebre de los bonos' turísticos, con tal de atraer estos próximos meses al turista nacional. E incluso con ofrecimiento de vacunas en caso de que para la segunda dosis te citen mientras veraneas en Galicia, Valencia o Andalucía. Pfizer a feira, Pfizer al forn, Pfizer al chipirón.

Así está el patio turístico nacional a pocas horas de que vuelvan a arder las hogueras de San Juan. Fuego purificador que ojalá nos sirva en Canarias para ganar definitivamente el pulso a la pandemia. La cual, a pesar del avance en porcentaje de población vacunada, nos sigue situando como destino turístico en el rincón de pensar. Tanto por motivo de la incidencia acumulada de Covid en las últimas semanas (próxima ya a la media estatal), como por los casos diarios de nuevos contagios. Lo que, en clave económica, turística y laboral, nos hace seguir avanzando con el freno de mano echado.

Misma festividad de San Juan que, English speaking, el Reino Unido tiene marcada como fecha de nueva revisión de su lista de países (destinos) seguros. Y de la cual, con toda probabilidad, no saldremos del color «ámbar», a pesar de todos los esfuerzos institucionales, empresariales y asociativos para que se nos diferencie como región ultra-periférica y alejada de la Marca España. Con la correspondiente aún exigencia ámbar al viajero británico que pretenda volar a Canarias, de tener que, a su regreso, guardar estricta cuarentena. Y de costearse hasta tres tests de Covid. Motivos sobre todo económicos más que suficientes to think about it seriously.

Sin obviar, por otro lado, que tampoco es que en el Reino Unido estén tañendo de alegría las campanas respecto al fin del coronavirus. Sino todo lo contrario, a pesar de los efusivos abrazos y besos tras el 1-0 a Croacia. Con la imponente presencia de la variante 'delta' del Covid-19, cuando allí se creían ya libres de todo mal. Alcanzando diariamente cifras por encima de los 5.000 nuevos contagios. Lo que ha llevado a Boris Johnson a cancelar su proyectada desescalada total, con el inicialmente previsto, para el 21 de junio, 'Freedom Day', o Día de la Liberación.

Fecha la anterior en que el gobierno británico pretendía dar por finiquitadas todas las restricciones en torno al coronavirus. Pospuesta ahora hasta al menos el 19 de julio. Y aunque haya quienes maliciosamente apunten a la supuesta intencionalidad de Johnson de generar, con su decisión, el denominado 'staycation'. Esto es, 'stay at home for (your) vacation', y gástense las perras de sus vacaciones en casa. Que buena falta también les hace para su economía interna.

Consecuentemente, ante una demanda aún acongojada, los principales actores (touroperadores y compañías aéreas) de nuestro principal mercado turístico, el británico, -con casi 5 millones de turistas anuales hasta antes del Covid, y con una aportación de en torno a 5.500 millones de euros al Producto Interior Bruto de las islas-, no han tardado en tomar la decisión de volver a retrasar la reactivación de su conectividad aérea y comercialización turística de Canarias hasta casi finales de julio. Lo que en prospectiva genera temer, razonablemente, por la no reactivación del turismo británico hasta ya casi las puertas de la próxima temporada de invierno, allá por finales de septiembre, mediados del mes de octubre.

Que no es pesimismo, sino realismo. Y quizás hasta conveniencia sanitaria y logística, si nos atenemos tanto al potencial riesgo de importar la variante delta del virus, como a lo sucedido en Portugal hace escasas semanas, cuando en tan sólo 24 horas el país luso pasó de verde a naranja, y miles de británicos se agolparon en los aeropuertos portugueses, con tal de volver a casa antes de tener que pasar por cuarentenas, tests obligatorios e, incluso, posibles multas.

Agolpamientos aeroportuarios que nos rememoran la Operación Matterhorn de repatriación de cientos de miles de turistas británicos esparcidos por todo el globo cuando, en octubre de 2019, quebró el touroperador y aerolínea Thomas Cook. Con similar réplica y caos aeroportuario seis meses después en el momento de decretarse el estado de alarma, en marzo de 2020, ante el tsunami pandemístico.

Por lo que lógico proyectar que, para salvar siquiera un tercio de esta campaña de verano vía mercado peninsular, -y a falta de inversiones millonarias en vías férreas de alta velocidad que nos conecten con la ibérica-, requeriríamos de todo un avlo celestial que, a misma duración de tiempo de viaje, resultase económicamente atractivo para el bolsillo de peninsulares, peninsularas y peninsularos. Para que sólo así se pudiese generar todo un puente aéreo, casi de salvación, Península-Canarias en este inminente período estival.

Porque también en esto de capacidad y conectividad aérea para este verano parece que Baleares nos ganará sin necesidad de llegar a la tanda de penalties. Conclusión extraída del hecho de que, por ejemplo, Lufthansa haya decidido destinar para sus conexiones con Mallorca a sus aviones de mayor capacidad (los Jumbo 747 y los Airbus 350); o que también la británica Easyjet, ante el perdurable cierre del Reino Unido, haya decidido trasladar parte de su flota a Berlín, para conectar this summer a la ciudad del Muro con la isla de las Ensaimadas.

Normal estas decisiones teniendo en cuenta también que, en la rentabilidad de las compañías aéreas -cuyas flotas han estado varadas durante más de año y medio-, juegan un papel fundamental los factores de proximidad geográfica al destino y rotación de vuelos (número de vuelos al día de un mismo aparato igual a mayor capacidad de venta), que siempre es el doble si el tiempo de vuelo dura la mitad. Justo la ventaja geográfica «aérea» competitiva de Baleares en verano.

Hablando –que no avlando- de nuestro turismo, señal más que optimista es la actual dinámica de reaperturas de alojamientos turísticos –y de negocios próximos y complementarios- que se están materializando en Canarias a las puertas de los meses de verano. Así como la salida progresiva de los ERTE de pilotos y tripulantes de Ryanair, Easyjet, Binter, … Con la consiguiente reactivación de cientos de puestos de trabajos –de personas-. Que mejor que con el 0 turístico, sí que estaremos.

Pero para que dicho optimismo se nos materialice a los canarios en un destacable volumen de visitantes nacionales reitero necesitamos, no un avlo, pero sí un glovo. Y con un glovo no me refiero al motorista repartidor de comidas. Sino a uno con b, de billetes de avión, a precios razonables, -con mi máximo respeto a la libertad de mercado-, que nos traigan de vuelta a los turistas peninsulares. Que, al fin y al cabo, sí son los que nos dan de comer. Como glovo. Que sé de lo que avlo.

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