Editorial

10N: seguir como ahora no es solución

03/11/2019

A una semana para las elecciones generales, el panorama sigue presentándose muy incierto. El sondeo de GAD 3 cuyos resultados para las islas publicamos hoy dibuja una estimación para todo el país -datos que se publicarán mañana lunes- que confirma en cierta medida el error de quienes pensaban que otra convocatoria electoral iba a cambiar sustancialmente el escenario parlamentaria. A fin de cuentas, y salvo la novedad de Más País y la confluencia de Coalición Canaria y Nueva Canarias, los partidos son los mismos y los candidatos también.

En ese contexto, el debate entre Pedro Sánchez, Pablo Casado, Pablo Iglesias, Albert Rivera y Santiago Abascal que tendrá lugar mañana se presenta como uno de los pocos factores que pueden introducir cambios sustanciales. No hay precedente de un debate a cinco de los aspirantes a la Presidencia, pues será la primera vez que Vox se estrene en ese formato, con el añadido de que es el partido de Abascal el que aparece en todos los sondeos -también en el de GAD 3- capitalizando una notable sorpresa.

El debate se presenta como uno de los pocos factores que pueden introducir cambios sustanciales

Seguramente el conflicto catalán y la exhumación de Franco ocuparán un lugar relevante en ese debate que organiza la Academia de Televisión. Esperemos en todo caso que no sea para dejar en un lugar secundario otras cuestiones relevantes, como las medidas a adoptar ante la evidencia de que la economía se desacelera a marchas forzadas.

Si finalmente los resultados del 10N se ajustan a lo que apuntan las encuestas, será preciso anteponer a la estrategia partidista lo que tanto ha faltado hasta la fecha: sentido de Estado. España no merece seguir en un bloqueo político que nos debilita como país, acelera esos riesgos económicos y contribuye al descrédito de la política. Porque no es la democracia la que falla, sino aquellos que lideran a los partidos. Son esos cinco candidatos que mañana pedirán el voto y los dirigentes del resto de partidos quienes deben demostrar que están a la altura de lo que exige este momento.

El año debe acabar con un presidente investido, un Gobierno funcionando y una oposición ejerciendo la debida fiscalización. Si después ese Ejecutivo no está a la altura de los desafíos que tiene España o pierde el apoyo parlamentario, la Constitución recoge los mecanismos precisos para un cambio. Pero seguir como ahora no es solución.