Lunes en África

Año plástico

31/12/2018

Pasaron muchas cosas más, y otras que vendrán. Pero si las cuentas no fallan, el año 2018 anota el primer registro de la producción mundial de plástico por encima de los 400 millones de toneladas anuales, y esto sí que es grande. Una bola inmensa de desechos que se comerá el planeta, si antes no lo destroza a cañonazos algún gobernante distraído, incompetente o desalmado. Hay donde elegir.

Las cifras son gigantescas, pero a modo de ejemplo bastará la fanfarria de esta noche de fin de año y festejos venideros para apreciar la sana actitud de la cívica población en cualquier plaza. Los más optimistas admiten que España, por ejemplo, apenas recicla el 31% de lo que consume, y por mucho que se esmere la Unión Europea, el objetivo de alcanzar el 55% de ese volumen en 2025 (en apenas seis años) resultará imposible si las costumbres y las estrategias vigentes no cambian.

El castigo más grande afecta la los mares y su biodiversidad, porque sigue creyendo el humano que todo cabe en la marea. Ese espacio al que se exprime para hacer flotar la economía no es el único que soporta la mercancía abandonada, pero es la vía que más rápidamente altera la cadena alimentaria. Por ahí llegan los microplásticos, esas partículas molidas a la intemperie que no necesitan ser masticadas para entrar en todos los organismos vivos. El mismo público que lo consume ha elegido este fenómeno como la palabra del año que termina, acaso por el afán de los voluntariosos en fabricar una pizca de conciencia en el respetable.

El año acaba así, ensalzando desperdicios en miniatura, y comienza el nuevo recogiendo los despojos que la masa sembrará por las esquinas. Es el signo de los tiempos, otro año basura a la espera de la campaña electoral.