África

La situación se ha vuelto mucho peor con el coronavirus

Francisco Suárez Álamo
FRANCISCO SUÁREZ ÁLAMO

Impactados como estamos por lo que sucede en La Palma y por el mensaje insistente de los científicos de que es imposible predecir cuánto queda de erupción y el caudal de destrucción que dejará a su paso, no se nos deben pasar por alto otras cuestiones de actualidad que también nos afectan de lleno. Es el caso de la inmigración irregular, que repunta aprovechando los meses de calma en el mar y las grietas que todavía hay en el control de fronteras en algunos países africanos.

Un millar de personas en apenas 48 horas es una cifra a la que hay que poner rostro. Tras el impacto del número hay hombres y mujeres, adultos y niños, que se juegan la vida, que llegan exhaustos y que saben que corren el riesgo de que, si no dan con tierra, su travesía se convertirá en una viaje hacia la muerte en la inmensidad del Atlántico. A lo dramático de saber que están poniendo en riesgo lo más preciado que tienen porque allí donde habitan no hay perspectiva vital razonable, se une el incuestionable problema logístico para el lugar que los recibe. Más aún si es un archipiélago, lo que supone fragmentar y multiplicar los recursos disponibles, y más todavía si ese archipiélago, como es el caso, está atendiendo otra gran crisis por la erupción de un volcán.

El Gobierno central, con el delegado al frente, Anselmo Pestana, subraya que ahora tenemos recursos para esa primera atención. Así es y bastante que costó conseguirlo. Quizás Pestana sea de los que mejor lo saben pero en el cargo lleva la obligación de silencio. Quedémonos en todo caso con que estamos mejor preparados, pero quedémonos también con que la situación en África, que era crítica antes de la pandemia, se ha vuelto mucho peor con el coronavirus. Al impacto en la salud, mayor que en el Primer Mundo porque sus recursos y sus capacidades sanitarias están muy por debajo, se une el hecho de que el golpe económico es inmenso. Gigantesco. Pensemos en lo que significó para países como Marruecos quedarse sin turismo o para estados como Mauritania o Senegal que de repente cayesen las remesas de dinero procedentes de sus paisanos en Europa porque sufrían los efectos de la parálisis económica, con el añadido de un menor volumen de exportaciones simplemente porque el tejido productivo mundial se quedó al ralentí. Por si fuera poco, siguen latentes conflictos que animan a miles de personas a moverse, cruzando fronteras, para huir de la guerra o de las represalias.

Miremos, por tanto, a La Palma, pero África sigue mirando a Canarias. Y nosotros a Europa, para que se implique.