Primera plana

Adiós al mito de Borrell

28/06/2019

El fiasco sentido entre muchos votantes que optaron por el PSOE en los comicios europeos es evidente. El tirón era Josep Borrell, un mito inteligente y capaz (que lo es) que en su momento sufrió lo suyo para sortear el felipismo y al Grupo Prisa en su etapa pretérita de esplendor (El País, Cadena Ser...) en un tiempo en el que eran la fuente exclusiva de consumo de información del votante socialista hasta la aparición de La Sexta. En aquella maraña Borrell nunca pudo abrirse paso del todo dentro de aquel PSOE en el que Felipe González mandaba y motivó que de cuando en cuando Pedro J. Ramírez saliera en su auxilio desde las páginas de El Mundo. Tal fue la situación, que el expresidente González llegó a decir que Borrell tenía la mandíbula de cristal cuando este ejercía de líder de la oposición ante José María Aznar. El actual ministro catalán era para la militancia socialista una especie de mártir fruto de las labores internas de Joaquín Almunia y compañía por aburrirlo pues nunca encajaron desde Ferraz que ganase entonces las primarias en aquellos años de Aznar en La Moncloa.

La desolación en el electorado socialista es evidente. Borrell no quería irse a Bruselas y fue Pedro Sánchez el que lo empujó sabedor de que así ganaba fijo e influía en el resto de las urnas autonómicas y locales. Por supuesto, Sánchez sabía que no iba a obtener una mayoría absoluta y luego vendría, en cualquier caso, un periodo de interinidad más o menos largo de un Ejecutivo en funciones; por lo que, así las cosas, la excusa conocida ahora tapa lo que es en realidad: intento y fuga de Borrell por capricho de Sánchez. Si a esto le añadimos el valor simbólico que tiene Borrell a cuenta del asunto catalán, el chasco todavía es mayor si cabe pues estimula las razones del mensaje del soberanismo catalán.

«La desolación en el electorado socialista es evidente. Borrell no quería irse a Bruselas y fue Pedro Sánchez el que lo empujó sabedor de que así ganaba fijo e influía en el resto de las urnas autonómicas y locales»

Paradojas de la vida: hoy Borrell forma parte del aparato del partido. O, si lo prefieren decir en otros términos, es marca simbólica del sanchismo que renació tras el intento de Susana Díaz de recuperar la tradición organizativa del PSOE que arranca en Suresnes. Pero el llamado viejo PSOE por el sanchismo, fracasó. Nacía el PSOE de la militancia supuestamente empoderada frente al socialismo protagonizado por González y José Luis Rodríguez Zapatero. Borrell fue escudero de Sánchez en esas oscuras jornadas del comité federal del PSOE que lo destronó, quizá pensaría que así era una manera de resarcirse frente a lo que le hicieron a él en su día. Ahora es Sánchez el que usa a Borrell como pieza de ajedrez para sacrificarlo a modo de peón: te vas a Bruselas pero renuncias enseguida. Y Borrell, por acción u omisión, ha sido partícipe. Se comprende la desolación de la ciudadanía que lo votó a él en particular como referente de la mejor socialdemocracia. Eso sí, Sánchez ya no tendrá otro Borrell al que acudir si se repiten las elecciones generales en otoño.