Opinión

A paso de hormiga

09/01/2019

Llegó la hora de agarrarse al clavo ardiendo. Una Unión Deportiva Las Palmas en la UVI taponó en el Cerro del Espino la hemorragia de goles en contra que lleva sufriendo y sumó un punto que de poco vale en la clasificación. Pero sí para dejar atrás el estigma de ser un pelele en manos del rival de turno y reforzar la frágil moral de un equipo en crisis.

«Buscaba la fiabilidad», admitía Paco Herrera al término del choque frente al Rayo Majadahonda. Sin el premio de los tres puntos en litigio, pero sí con el alivio de haber mantenido al menos la portería a cero después de la patética endeblez que se ha exhibido, sobre todo en los desplazamientos lejos de Gran Canaria y que lo traía por la calle de la amargura.

La vuelta al once inicial de Gabi Peñalba tras su calvario de casi un año en forma de lesión, sin duda una excelente noticia, aportó solidez y seguridad al centro del campo.

Oxigenó a Timor y Galarreta y estos a su vez, mejoraron sus prestaciones. Que el argentino repetirá ante Osasuna parece una evidencia.

Herrera busca una base contra reloj y parece que Peñalba encaja en ese engranaje. Debe ser un pilar fundamental en la recuperación. El ancla que fije a la nave amarilla de aquí en adelante.

Esperanzador debut de Eric Curbelo, que mamó de la experiencia de Cala y Mantovani para rubricar un buen estreno con el primer equipo. Con Lemos y Dani Castellano percutiendo por banda con largo recorrido se generaron varias ocasiones claras. En la retaguardia apenas se pasaron apuros y es uno de los buenos apuntes que deja el último encuentro.

Lo que sí faltó fue acierto arriba. Dinamita para reventar el muro del Rayo Majadahonda y fue Rubén Castro el que explotó tras ser sustituido nada contento con la decisión del técnico de retirarlo del terreno de juego a diez minutos del final: polémica a la vista con uno de los futbolistas llamados a marcar la diferencia.

Quizás el tren ya pasó para nosotros y el punto sumado es un paso de hormiga. Pero queda toda la segunda vuelta y es obligación de esta plantilla dejarse la piel para ir escalando en la clasificación, toda vez, que el descenso se asoma mucho más cercano que el objetivo de pelear por la Primera División. Algo que cada día que pasa parece difuminarse más en el horizonte con unos rivales que pisan a fondo el acelerador abriendo una brecha casi insalvable en la tabla clasificatoria.

Sin embargo e intentando ver el vaso medio lleno -algo que no es nada sencillo- y realizando un ejercicio de fe encomiable, obviando el cicatero marcador, la leve mejoría ofrecida en tierras madrileñas insufla una bocanada de oxígeno para una UD Las Palmas que parecía no tener remedio.

Sin querer lanzar las campanas al vuelo, una chispa de vida dio calor a un conjunto que parecía agonizante y que ofreció signos de querer renacer y pelear la segunda vuelta. Es un comienzo. Menos es nada.

Difícil pero no imposible. Eso sí, primero amarren la permanencia a la categoría. Antes que soñar, seamos realistas.