Frecuencia Modulada

Carácter solidario ante la montaña

01/06/2020

La forma en que afrontamos un problema nos define. La reacción de alguien cuando se enfrenta a un gran obstáculo dice más de su personalidad que la retahíla de datos que ofrece el señor Google cuando hacemos una búsqueda con nombre y apellidos. El analítico realiza fórmulas sobre altura y potencia necesarias para superar el muro, el miedica echa a llorar sin atreverse a comprobar la solidez real de la piedra, el prudente calienta músculos para evitar un esguince mientras corre el minutero, y el burócrata se enreda en papeles cuando cientos de inmigrantes llegan a nuestras costas sin una atención digna...Porque mientras todos se pasan la pelota, la montaña sigue creciendo con personas hacinadas en calabozos, naves industriales, campos de lucha. y quién sabe que será lo siguiente.

Sin embargo, la inacción vergonzosa con que las administraciones públicas -con el Ministerio de Interior a la cabeza- están afrontando la llegada de pateras a Canarias en plena pandemia no impedirá que el muro siga creciendo. El problema sigue y seguirá ahí mientras Marlaska continúa enredado en destituir jefes de la Guardia Civil. Tampoco desaparecerá por mucho que el Ministerio de Defensa se niegue a echar una mano real cediendo espacios donde atender como se merecen a los inmigrantes. Mirar para otro lado, por mucho que el archipiélago esté a 2.000 kilómetros de la capital del reino, no hará que las ONG o los sindicatos policiales callen ante el triste espectáculo de un grupo personas esperando en un muelle durante más de 17 horas un lugar donde ser acogidos.

Aunque la responsabilidad máxima de esta penosa situación es del Estado -y por tanto de su delegado de Gobierno en Canarias-, también el Ejecutivo regional, los cabildos y los ayuntamientos de la islas tienen su cuota de deber ante un problema humanitario que atañe a todos. Las medidas de cuarentena impuestas por el estado de alarma obligan a separar a los inmigrantes que llegan en cada barquilla durante 15 días y, con los CIE cerrados, la coordinación entre las instituciones es básica para que el protocolo se cumpla a raja tabla. No está siendo así, como lo demuestran los 70 policías que están ya encerrados en casa por haber tenido contacto con inmigrantes que han dado positivo en el test del virus.

Lo penoso es que un grano tras otro, la montaña sigue creciendo sin que se planifique una red adecuada de centros de acogida. Ya son casi 1.500 los africanos que han llegado por mar a Canarias desde que se cerraron las fronteras. Su situación indigna define nuestro carácter como sociedad. Hay un problema grave: afrontémoslo de una vez.