Editorial

Al lado de las familias del JK5022

19/08/2018

La vida de 154 personas quedó segada de manera abrupta en el mediodía del 20 de agosto de 2008. Mañana se cumplirán diez años de aquel triste día en que el vuelo de Spanair JK5022 partía del aeropuerto de Barajas con destino a Gran Canaria para, a los pocos segundos de levantarse de la pista, estrellarse contra el suelo. Los actos en recuerdo de las víctimas y de apoyo a sus familiares y seres queridos se multiplican: el pasado viernes en San Bartolomé de Tirajana con el descubrimiento de una placa; anoche con un concierto en el auditorio Alfredo Kraus de la capital grancanaria, hoy en Ojos de Garza (Telde) en torno al monumento en recuerdo de las víctimas y mañana en Madrid y de nuevo en Las Palmas de Gran Canaria.

«Diez años son demasiados para que las Cortes se pusieran finalmente manos a la obra»

En todos esos eventos ha habido un denominador común: solo se puede pasar página cuando se tenga la certeza de que hay protocolos de seguridad que eviten que se reproduzcan las circunstancias que derivaron en aquella tragedia. A esa labor se encomendó con tesón la Asociación de Víctimas del Vuelo JK5022, que ha mantenido en estos diez años un trabajo incansable que ha tenido este año su recompensa con la creación de una comisión de investigación en el Congreso de los Diputados.

Es evidente que diez años son demasiados para que las Cortes se pusieran finalmente manos a la obra pero en todo caso deberán los partidos políticos los que expliquen esa demora. Porque frente la opacidad de la administración competente en materia de aviación civil y ante el cierre de la vía judicial, lo que quedaba era que los representantes de la ciudadanía en las Cortes actuasen para fiscalizar los protocolos vigentes y corregirlos si es preciso. Insistimos en que ese trabajo parlamentario llega con mucho retraso pero ahora, una vez iniciado, lo que toca es animar a los integrantes de la comisión para que aporten conclusiones que pongan luz donde ha habido demasiadas dudas y también oscuridad administrativa.

En esos actos de homenaje estarán representantes de los gobiernos central y canario, el Cabildo y los ayuntamientos. Y con ellos estamos todos. Aquel 20 de agosto de 2008 sigue vivo en la memoria y así debe mantenerse. El hueco de esas 154 vidas nada ni nadie puede llenarlo pero el consuelo, en todo caso, estriba en que los familiares y amigos de los fallecidos tengan presentes que no están solos. Que su dolor es el nuestro, que en los momentos de desánimo nos van a encontrar, de la misma manera que en su búsqueda de la verdad y de garantías de mayor seguridad aérea también estamos a su lado.

Hace diez años la vida de 154 personas se fue de repente. Toca recordarlos. Hoy, mañana y siempre.