Unidas Podemos deja de ser el «pegamento» de la izquierda

Pese a los recelos de Esquerra ante el nuevo proyecto de Yolanda Díaz, los morados reconocen que necesitan a sus socios de legislatura

Miguel Ángel Alfonso
MIGUEL ÁNGEL ALFONSO Madrid

Durante su etapa como vicepresidente, Pablo Iglesias presumía de que Unidas Podemos era «el pegamento que mantiene unida a la izquierda». Un paradigma que se disolvió este jueves, con la negativa de ERC y EH Bildu a convalidar la reforma laboral que acabo por saliendo adelante por la 'vía Ciudadanos' y gracias al error de un diputado del PP. Un bloque inédito en esta legislatura que ha abierto una brecha en las formaciones progresistas. Entre los morados cunde la «tristeza» y un gran «malestar» porque interpretan que bajo el desmarque de la nueva normativa del mercado del trabajo subyace un claro tacticismo para torpedear –sobre todo en el caso de Esquerra– el nuevo proyecto político de Yolanda Díaz, que todavía no ha echado a andar.

Aún en proceso embrionario, las expectativas generadas por el «frente amplio» de izquierdas y la popularidad de la vicepresidenta segunda han puesto en guardia a los de Oriol Junqueras, que temen contar con un rival de entidad en su plan de extenderse por el cinturón socialista de las principales ciudades de Barcelona. Un electorado que, de unirse a los soberanistas, decantaría la pugna con Junts a su favor y les haría menos dependientes de otras formaciones de izquierda como la CUP o los comunes. Un caladero que Díaz también aspira a agrupar.

Pese a que la maquinaria llevaba puesta en marcha desde enero, a los morados les ha pillado esta vez la jugada por sorpresa. Solo cuando el portavoz parlamentario de ERC, Gabriel Rufían, calificó la reforma laboral de «proyecto personalista» de Díaz, comenzaron a vislumbrar el cambio de carril de sus socios. «Lo tenían más pensado de lo que creíamos», lamentaba una diputada morada poco antes de la convulsa votación de la reforma en el Congreso.

Pero la herida abierta ya era ancha y las contramedidas no se hicieron esperar desde las diferentes confluencias. La diputada de los comunes, Aina Vidal, acusó directamente a Esquerra de «meter el dedo en el ojo a la política que más destaca». Al día siguiente, la líder de En Comú Podem en el Parlament, Jessica Albiach, echó más leña al fuego al amenazar al presidente Pere Aragonès con retirarle el apoyo a su Gobierno en esta legislatura.

«La puerta que costó cerrar»

Toda esta sucesión de movimientos han dejado tocado al bloque de la investidura en un momento en el que llegan leyes clave: las dos primeras, la Ley de Libertades Sexuales y la reforma fiscal. Además, la legislatura no da respiro. Todo se volverá a reiniciar este lunes, cuando Díaz ha convocado a los agentes sociales para iniciar las negociaciones por la subida del SMI. Ahora, los morados lamentan que, al apostar por la 'vía Ciudadanos', el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, «ha abierto una puerta que a nosotros nos costó mucho cerrar».

«Estamos dolidos, pero no nos podemos permitir el lujo de llevarmos mal», reconocía el presidente del grupo confederal de UP Jaume Asens. Y Gabriel Rufián, que trató de enfriar el tono: «No se acaba el mundo, mañana tendremos que seguir hablando». También el PNV limita la discrepancia a la reforma y la vía del dialogo con los nacionalistas vascos se mantiene abierta. Este viernes, el coordinador de EH Bildu, Arnaldo Otegi, urgió a reconstruir la entente de la investidura.