Pere Aragonès toma posesión como presidente de la Generalitat. / AFP | Vídeo: EP

Aragonès se compromete a hacer «inevitable la autodeterminación y la amnistía»

El nuevo president catalán promete el cargo «de acuerdo con la voluntad popular de la ciudadanía» y obviando la Constitución, el Rey y el Estatuto

CRISTIAN REINO

Pere Aragonès tomó este lunes posesión como presidente de la Generalitat. Prometió cumplir el cargo, «de acuerdo con la voluntad popular de la ciudadanía de Cataluña, representada en nuestro Parlament». Obvió, como Puigdemont y Torra, la Constitución, el Estatut y el Rey y fijó como prioridades de su mandato luchar contra la crisis económica y «hacer inevitables la amnistía y la autodeterminación».

Recibió la medalla de jefe del Ejecutivo catalán de manos de su antecesor, Quim Torra, en un acto solemne y cargado de referencias al pasado en el Palau de la Generalitat, con la presencia de miembros del Gobierno central, como el ministro de Política Territorial, Miquel Iceta, y la delegada del Gobierno en Cataluña, Teresa Cunillera. Acudieron representantes de todas las formaciones del Parlament, salvo Ciudadanos, PP y Vox. También asistieron algunos presos del 'procés' como Oriol Junqueras, Jordi Cuixart y Jordi Sànchez. El Ejecutivo central no estuvo en la toma de posesión de Torra en 2018, un ejemplo de que las relaciones entre ambas administraciones, en principio, inician una «nueva etapa», según se conjuró Aragonès. «Me comprometí a hacer inevitable la amnistía y la autodeterminación y hoy empezaré a ejercer este compromiso», afirmó. «El país necesita levantar de nuevo la cabeza, y abrir una nueva etapa. Con toda la urgencia», remató.

La reanudación de la mesa de diálogo y la decisión sobre los indultos serán las dos primeras pruebas de fuego para ver cómo de afectados están los puentes entre los dos gobiernos cuatro años después de los hechos de octubre de 2017. Aragonès inicia su mandato haciendo guiños a Lluís Companys y Francesc Macià y se pone como objetivos resolver la cuestión catalana, a través de un referéndum pactado con el Gobierno central, y combatir la desigualdad, que es lo que a su juicio «divide» y «debilita» a la sociedad catalana.

Se rodea de un ejecutivo de perfil técnico, con caras nuevas y más jóvenes, para afrontar la reconstrucción social y económica tras la pandemia.

Govern dividido

ERC y Junts mantendrán la pugna de los últimos años. La virulencia de esa pugna determinará la estabilidad del Govern. Carles Puigdemont, de hecho, no esperó este lunes ni a la toma de posesión para avisar al jefe del Ejecutivo catalán, a través del Consejo para República, que la mesa no tiene futuro y que hay que prepararse para la confrontación. Su estabilidad dependerá también de su capacidad de tejer complicidades con los comunes y con el PSC, toda vez que la CUP ya ha avisado que será un socio muy exigente.

Aragonès puso el acento social para empezar, vestido de retórica republicana. Sus primeros pasos serán tratar de reactivar la mesa de diálogo con el Gobierno central. Tiene intención de hablar esta semana con Pedro Sánchez al que trasladará la necesidad de mantener un encuentro privado antes de que se reanude formalmente el diálogo entre el Gobierno central y la Generalitat. La última vez que se reunió la mesa entre los dos gobiernos fue en febrero de 2020. El presidente de la Generalitat expresó este lunes su deseo en Rac-1 de que la mesa pueda volver a reunirse antes del verano, en pleno debate en el Ejecutivo central sobre la decisión de los indultos. La mesa de diálogo y la estabilidad del Govern de Aragonès tienen dos años asegurados.

El presidente de la Generalitat insistió en que su prioridad es la vía escocesa para celebrar un referéndum acordado. Pero no descarta ninguna opción. Entre las herramientas que tiene el independentismo para presionar al Ejecutivo central está el número de diputados secesionistas en el Congreso. «Tenemos una capacidad de influencia en el Congreso que hay que ejercer con inteligencia», avisó.