MARIA PICASSÓ I PIQUER

Pere Aragonès, un independentista pragmático

Aunque no tiene tanto carisma como Junqueras ni su oratoria sea tan emocional, el exvicepresidente encarcelado por el 1-O confió en él para dar el sorpasso definitivo a sus adversarios postconvergentes en las elecciones de febrero

CRISTIAN REINO Barcelona

Hay vivencias de la infancia que marcan la personalidad. Pere Aragonès (Pineda de Mar, Barcelona, 1982) recuerda que cuando de pequeño jugaba con sus amigos a fútbol, se ponía de árbitro. Intentaba poner orden. Ahora, años después, aspira a encabezar la Generalitat para «reconstruir» la Cataluña golpeada por la pandemia y dividida por diez años de 'procés'. 

Aragonès se define como un «hombre de partido». Es de la nueva hornada de jóvenes dirigentes de Esquerra, que dio el salto procedente de la cantera de las juventudes de ERC. Esquerra Republicana tiene casi 90 años. Es el partido catalán más antiguo. Nació en la Segunda República. Y ha dado cuatro presidentes de la Generalitat. Francesc Macià, Lluís Companys (fusilado por el franquismo en 1940), Josep Irla (presidente en el exilio) y Josep Tarradellas, el dirigente que presidió la Generalitat tras su restitución en 1977 hasta las primeras elecciones autonómicas. Pere Aragonès es heredero de todos ellos, también de Oriol Junqueras, vicepresidente de la Generalitat entre 2015 y 2017. Los republicanos siempre recuerdan a Macià y Companys, que declararon la independencia durante la Segunda República, pero nunca citan en sus mítines a Tarradellas, cuyo legado conciliador tiene más adeptos entre los políticos de Madrid. Más de cuarenta años después, Esquerra vuelve a tener a tiro la presidencia de la Generalitat. Aragonès tiene además la experiencia de estos últimos meses, tras la inhabilitación de Quim Torra, en que ha ejercido de presidente en funciones, eso sí, de forma provisional e interina. 

Aunque no tiene tanto carisma como Junqueras ni su oratoria sea tan emocional, el exvicepresidente confió en él para dar el sorpasso definitivo a sus adversarios postconvergentes en las elecciones. El dirigente republicano fue mano derecha del exvicepresidente durante la legislatura de la declaración de independencia (2015-2017). Sin embargo, a diferencia de los otros dos más estrechos colaboradores de Junqueras en la vicepresidencia y en la Consejería de Economía, como Lluís Salvador o Josep Maria Jové, no fue imputado por el 1-O, cuya organización recaía en el equipo de Junqueras. El vicepresidente del Govern en sustitución de la presidencia de la Generalitat y conseller de Economía y Hacienda, según la denominación del cargo pactado entre JxCat y ERC, tiene una explicación a ello. «Yo no me impliqué en la organización», dijo meses atrás durante la presentación de su biografía, escrita por la periodista Magda Gregori. Junqueras le protegió de las consecuencias penales, con vistas a coger las riendas del partido (y de la Generalitat) en el futuro. Tanto él como Elsa Artadi (JxCat) fueron de los pocos dirigentes secesionistas que se quedaron en la administración catalana tras la aplicación del 155. E incluso recibieron elogios por su voluntad de colaboración por los hombres de negro enviados por el Gobierno durante la intervención de la autonomía. 

El otro acontecimiento que le marcó a Pere Aragonès, con 10 años, fue la llamada operación Garzón, en 1992, contra 45 presuntos miembros de Terra Lliure. A partir de ahí se hizo independentista. Su familia, de clase media, era convergente. Y el confesó que habría seguido la tradición familiar. Defensor de posiciones «pragmáticas», asegura que ya era independentista cuando en Cataluña «solo lo éramos cuatro». «Seny, prudencia, orden y pragmatismo» son los rasgos que le definen. Pragmatismo quiere decir, a su juicio, que el independentismo es suficiente para ganar un referéndum, pero no lo es tanto como para forzar al Estado a que le permita celebrar uno. La cifra que sitúa en el horizonte es el 70-80% de apoyo. Por tanto, su apuesta independentista es a largo plazo.

Perfil negociador

Tiene experiencia en la negociación con diferentes gobiernos centrales. Acudía junto a Junqueras como secretario de Economía a las convocatorias de Cristóbal Montoro del consejo de política fiscal y financiera y mantiene una interlocución fluida con el presidente Pedro Sánchez y con la vicepresidenta Carmen Calvo. De las interminables reuniones con Montoro en el CFF le queda no solo una visión de cómo funciona el Estado, sino que se atreve, entre los más íntimos, a hacer imitaciones del exministro de Hacienda. Cree en el diálogo con Madrid, pero «sin renuncias» y durante la campaña aseguró que la próxima legislatura será la del referéndum. Es decir, sin dilación, si es elegido presidente de la Generalitat tratará de reactivar la mesa de diálogo con el Gobierno en aras de empezar a abordar la exigencia de un referéndum y la cuestión de los presos. El independentismo reclama una amnistía, pero la resolución sobre las peticiones de indultos están desde hace meses en la mesa del ministro de Justicia. Sobre sus espaldas puede recaer después de las elecciones la responsabilidad de intentar enderezar la política catalana tras ocho años de 'procés'. En el último mitin de la campaña, mostró orgullo por unas siglas que no tienen ningún caso de corrupción en 90 años y no ha tenido que cambiarse de nombre, afirmó en claro ataque a sus socios convergentes. Advirtió de que la campaña no acabará nunca, mientras Cataluña no alcance la libertad y se conjuró para liderar un «cambio», a pesar de ser miembro del Govern, que debe hacerse, dijo, desde la izquierda. Y a Illa, que aboga por pasar página del procés, le avisó que los republicanos no son de pasar página, sino que son los de escribir páginas de la historia de Cataluña  

Le hubiera gustado ser 'pagés' (agricultor), pero acabó de abogado y máster en historia económica. Ejerció de abogado pero desde muy joven pertenece a ERC. Y hay dos fotos que le persiguen. Una, como dirigente de las juventudes de Esquerra, sosteniendo un cartel en el que defendía sin ambages el 'España nos roba', del que reniegan ahora los republicanos, pues lo consideran propio del nacionalismo excluyente. La otra foto que le recuerda el independentismo más radical para acusarle de haberse vendido a los poderes económicos es la que aparece saliendo de una iglesia, en una boda de una hija de un directivo financiero catalán, junto a Florentino Pérez, José Luis Rodríguez Zapatero o Artur Mas.