Pedro Sánchez,y el rey Mohamed VI, durante su encuentro en noviembre de 2018. / EFE

España da un viraje y acepta el plan de Marruecos para la autonomía del Sáhara

Sánchez envía una carta al rey Mohamed VI en la que reconoce que es la base «más seria, realista y creíble» para resolver el conflicto de la excolonia

Ramón Gorriarán
RAMÓN GORRIARÁN Madrid

Pedro Sánchez dio un viraje de 180 grados a la posición de España sobre el Sáhara al reconocer que el plan de Marruecos para la autonomía de la excolonia es «la base más seria realista y creíble» para resolver un conflicto enquistado desde 1975.

Un comunicado del gabinete real de Mohamed VI informó que el presidente del Gobierno había escrito una carta al monarca alauí en la que España acepta el plan marroquí de 2007 para la autonomía del Sáhara como punto de partida para «la resolución del diferendo». Sánchez reconoce en su escrito, del que Rabat no precisa la fecha, que España «reconoce la importancia de la cuestión del Sáhara para Marruecos» y confía en que este paso contribuirá a «construir una nueva relación, basada en la transparencia y la comunicación permanente, el respeto mutuo, y el respeto a los acuerdos firmados por ambas partes» con «la abstención de toda acción unilateral».

La referencia a la renuncia a la unilateralidad no es un detalle menor porque todavía está fresco el recuerdo de la avalancha de miles de jóvenes maroquíes de mayo pasado en Ceuta. En la Moncloa tampoco se escondía el temor a que episodios similares se repitieran ahora al calor de la crisis en Ucrania. Los recientes saltos masivos de inmigrates en la valla fronteriza de Melilla abonaban esa preocupación.

Horas después del comunicado del gabinete del rey alauí, la Presidencia del Gobierno español emitió otro en el que subrayó que se abre «una nueva etapa de la relación con Marruecos basada en el respeto mutuo». Con una terminología similar al texto de Rabat, la Moncloa resaltó que esta fase tendrá «una hoja de ruta clara y ambiciosa» para «garantizar la estabilidad, la soberanía, la integridad territorial y la prosperidad» de ambos países y para «afrontar juntos los desafíos comunes, especialmente la cooperación en la gestión de los flujos migratorios en el Mediterráneo y en el Atlántico» con «un espíritu de total cooperación».

La primera consecuencia del deshielo en las relaciones fue el anuncio del viaje este mismo mes del ministro de Asuntos Exteriores, José Manuel Albares, a Marruecos, una cita obligada que no se había materializado por la crisis en las relaciones tras las avalanchas de Ceuta y el confuso ingreso en España del líder del Frente Polisario para ser tratado de covid. Una visita a la que seguirá, aún sin fecha, del presidente del Gobierno, que tampoco ha cumplido con la costumbre de que el primero de los viajes de su mandato fuera a Rabat.

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El paso dado por Sánchez supone un giro a la postura defendida en los últimos 47 años. En un primer momento, España, tras la renuncia a la colonia por las presiones marroquíes con una marcha verde incluida, defendió la autodeterminación del Sáhara. Ante su inviabilidad apostó por una resolución del conflicto con acuerdo entre las partes en el marco de Naciones Unidas. Una posición que había defendido durante décadas. Hasta ahora.

Pero el aldabonazo de Donald Trump en diciembre de 2020 al reconocer Estados Unidos la soberanía marroquí sobre el Sáhara trastocó el tablero. Rabat presionó a la UE para que aceptase su plan sobre la excolonia, que básicamente pretende incorporar el territorio a Marruecos con un estatus de autonomía, ha surtido efecto. A la aceptación desde el primer momento de Francia se sumó después Alemania. Y ahora España.