Feijóo y Casado saludan el pasado agosto a los asistentes al acto de apertura del curso político del PP en Cerdedo-Cotobade. / EP

La relación con Vox en Castilla y León, primera prueba de fuego para Feijóo

El presidente gallego deberá decidir si mantiene su negativa a pactar con Abascal o acepta un gobierno de coalición con el PP

María Eugenia Alonso
MARÍA EUGENIA ALONSO Madrid

El 'factor Feijóo' entra en escena en Castilla y León. El presidente de la Xunta será previsiblemente entronizado como nuevo líder de los populares en el congreso extraordinario que se celebrará el 2 y 3 de abril y pasará la página de Pablo Casado. La llegada de Alberto Núñez Feijóo al cargo puede traer consigo un giro de 180 grados en la estrategia electoral y de pactos del PP ya que apuesta por mantener a raya a Vox, limitando los pactos en todo lo posible y negándoles la entrada en los gobiernos que comanden los conservadores. Un planteamiento que supone todo un dilema para Alfonso Fernández Mañueco que, salvo pirueta de última hora, necesita a los de Santiago Abascal para retener el poder autonómico.

En su paso por la campaña en Castilla y León, Feijóo ya marcó cuál era el camino a seguir: reclamó un aliado «estratégico» y pidió que no se fragmentara el voto de la derecha. «En las elecciones generales en Galicia, Vox sacó más del 7% del voto y Ciudadanos el 4%, sin embargo, en las autonómicas Vox consiguió el 2% y Ciudadanos el 1%. Yo soy presidente de la Xunta gracias a esto», explicaba en uno de los actos de campaña. Precisamente, ese discurso, el que sitúa a a Vox en el terreno de un «populismo» de «planteamientos excesivos», según sus palabras, es el que ahora entra en cuestión.

La extrema derecha se prefigura como aliada necesaria en Castilla y León. Fernández Mañueco lo sabe y no se ha cerrado a pactar con nadie. Aunque desde la dirección nacional de Casado se marcó como línea roja una coalición con los de Abascal, el dirigente castellanoleonés ha reivindicado en todo momento su autonomía para negociar. En su equipo descartan a priori una repetición electoral e insisten en que intentará agotar todas las vías alternativas para revalidar su mandato. «No estamos para repetir elecciones», aseguran fuentes populares.

Peso para gobernar

Vox no forma parte de ningún Gobierno autonómico –en el de Murcia hay consejeros procedentes del partido, pero que fueron expulsados del mismo– pero en la cúpula quieren que eso cambie. «Ahora hay peso para gobernar», reconocen en el partido ultraderechista.Su medida es Ciudadanos. «Siempre que saquemos su porcentaje de voto o más, exigiremos lo que ellos tenían», avisan. De ahí que hayan trasladado ya a los populares que quieren tener las mismas consejerías que tenía Ciudadanos, además de la presidencia de la Cortes, con el argumento de que han sacado el mismo e incluso mejor resultado electoral que los liberales en 2019.

En aquella ocasión, el desenlace fue la formación de un Ejecutivo de coalición con Ciudadanos. Abascal quiere lo mismo pero la dirección nacional del PP, tanto con Casado como con Feijóo, no.

Los socialistas advirtieron este viernes al próximo líder de los populares que «sería un mal comienzo y empezaría con una hipoteca importante» su liderazgo si Mañueco pacta con los «extremistas». En el PSOE dudan del perfil moderado del presidente de la Xunta de Galicia y que su nombramiento como líder del PP vaya a suponer un distanciamiento de Vox.

Aunque Feijóo fue el primer dirigente del PP que se mostró contrario a pactar con los ultraderechistas, en la última reunión del comité ejecutivo del PP, defendió que Fernández Mañueco tuviese las manos libres para decidir sobre la gobernabilidad en su comunidad tras las elecciones, sin excluir de partida a Vox. «Él conoce mejor que nadie Castilla y León», dijo ante el resto de barones territoriales.

Una vez que asuma las riendas del PP deberá marcar un rumbo claro y decidir si mantiene cerradas las puertas a un pacto con los de Abascal. En Andalucía, donde los comicios están al caer, alertan del peligro de abrir esa puerta ya que colocaría a Juanma Moreno ante una disyuntiva endiablada con el agravante de que esa posiblidad de entendimiento con la extrema derecha movilizaría a la izquierda.