El ministro de Presidencia, Félix Bolaños. / Ep

El Gobierno asiste impotente al 'eclipse Pegasus'

Sánchez tranquiliza a los suyos con el argumento de que esta crisis es «un bache más» pero en el PSOE preocupa la inestabilidad continua

Paula De las Heras
PAULA DE LAS HERAS Madrid

Ocurrió el miércoles en el Congreso. El ministro de Presidencia, Félix Bolaños, acudía a la Cámara baja para comparecer a petición propia ante la Comisión Constitucional para explicar el plan normativo del Gobierno para este 2022, pero sus esfuerzos quedaron sepultados por el 'caso Pegasus'. La frustración del 'hombre fuerte' del Ejecutivo, al que Pedro Sánchez había encomendado la gestión de una crisis que amenaza la gobernabilidad, fue evidente. El día anterior, la Moncloa había entregado la cabeza de la directora del CNI, Paz Esteban, convencido de que ayudaría a serenar los ánimos de los independentistas y serviría para pasar página. Y no fue así.

El discurso oficial, el que Pedro Sánchez defendió el lunes incluso ante la ejecutiva de su partido, sostiene que este es «un bache más» en una legislatura en la que ha habido numerosos «picos de tensión» de los que, sin embargo, el Gobierno siempre sale airoso. El jefe del Ejecutivo reiteró hace apenas dos días su intención de agotar la legislatura y ya ha dejado caer donde ha podido eso de que al nuevo líder del PP, Alberto Núñez Feijóo, la campaña se le va a hacer muy larga si cree que se adelantarán las elecciones. Pero entre los socialistas hay preocupación.

La inquietud no viene de que se ponga en duda la capacidad de su líder de resistir en la Moncloa hasta 2024. En el PSOE viven convencidos de que, pese a sus avisos, ni Unidas Podemos ni ERC harán nada para romper porque la alternativa es un Gobierno del PP y Vox. Pero ese es precisamente el problema, que ya apenas hay quien crea que los socialistas estén en condiciones de encabezar el Ejecutivo que salga de las urnas dentro de año y medio. «Es cierto que a trancas y barrancas vamos ganando votaciones pero te vas dejando pelos en la gatera y la permanente sensación de vivir al límite desgasta», reconoce un dirigente.

El 'caso Pegasus' ha copado en el último mes prácticamente toda la actualidad política y ha convertido en misión casi imposible para el Gobierno hacer visible lo que pretendía vender como logros de gestión. La semana pasada, se supo que España superó en abril por primera vez la barrera de los 20 millones de ocupados y que más de la mitad de los nuevos contratos firmados habían sido indefinidos, un reducción drástica de la temporalidad achacable a la reforma laboral de Yolanda Díaz; esta, el Ejecutivo obtuvo la luz verde de Bruselas para aplicar el tope de 50 euros/MWh al precio del gas; el presidente presumió en Sagunto, el día 4, de la gigafactoría de baterias que el grupo Volkswagen ha decidido instalar en nuestro país... Todo eclipsado.

Actualidad inmediata

El expresidente Felipe González señaló hace unos días en una entrevista televisiva que le preocupaba que lo «inmediático» impida hablar de los problemas que afronta el país, que son «importantes» y «serios». Bolaños se apuntó el término y lo lanzó este miércoles contra los grupos parlamentarios –desde sus propios socios de coalición, Unidas Podemos, hasta Vox– para reprocharles que desdeñaran su larga exposición sobre lo que hace el Gobierno con «las cosas de comer» y se empeñaran en hablar del espionaje.

La esperanza de los socialistas es que, poco a poco, la crisis vaya ahora remitiendo. Pero sus socios avisan de que aún llevará un tiempo. Todavía este jueves la mayoría de ellos presentaron la segunda petición de creación de una comisión de investigación relacionada con el asunto. En teoría, los gabinetes de Pedro Sánchez y Pere Aragonès están cuadrando agendas para celebrar cuanto antes un encuentro en el que abordar el tema. El presidente de la Generalitat ya ha advertido, sin embargo, de que no puede salir de la reunión con las manos de vacías y de que la destitución de la directora del CNI no colma la exigible asunción de responsabilidades.