La manifestación de la Diada. / Ep

La ANC aguanta el pulso a Aragonès y le desafía: «independencia o elecciones»

La manifestación dela Diada, alejada de las grandes marchas por la secesión pero con repunte de asistencia, certifica la fractura

CRISTIAN REINO Barcelona

Unas 150.000 personas de acuerdo a las cifras de la Guardia Urbana –700.000 según los organizadores–, se manifestaron ayer en Barcelona para reclamar la independencia y para cargar contra el Govern y la mesa de diálogo. La Diada de la discordia y la división dejó la imagen de una manifestación multitudinaria pero con mucha menos gente que durante los años del 'procés', en que se reunían cientos de miles de personas. Fueron menos y más radicalizados, con más esteladas que senyeras.

La marcha estuvo marcada por el color negro de las camisetas (de la no rendición, según los organizadores) y por las ausencias. No acudió el presidente de la Generalitat por primera vez desde 2015, tampoco los consejeros del Govern que pertenecen a Esquerra, que, pese a ser el partido mayoritario, se cayó de la convocatoria. En cambio, sí estuvieron los consejeros de Junts y todos los demás partidos independentistas. Los republicanos plantaron la marcha porque consideraron que se había convocado contra ellos. Se les abucheó y pitó durante todo el día, se pidió la dimisión de Pere Aragonès y se reivindicó la presidencia de Carles Puigdemont. «O DUI o dimisión», rezaban los carteles, en negro, que distribuyeron a los participantes. «Botiflers, la historia os juzgará», decía una gran pancarta, que subieron al escenario.

En su discurso, la presidenta de la entidad convocante, la ANC, lanzó un desafío al presidente catalán. ERC había presionado a la responsable de la Asamblea para que pusiera el foco de las críticas en el Gobierno central y no en el autonómico, pero Dolors Feliu ignoró las llamadas de los republicanos y, como sus antecesores, disparó a diestro y siniestro. Y cargó toda la presión sobre el Ejecutivo catalán: «O independencia o elecciones», afirmó, mientras el público coreaba «Govern dimisión». «Los falsos diálogos no engañan a nadie», dijo la dirigente. «Intentan que no nos manifestemos, que seamos pocos y no se nos oiga ni se nos vea. No nos harán callar, queremos la independencia», cargó contra Esquerra.

Con la ausencia de la formación de Oriol Junqueras la marcha se había planteado como un pulso entre Aragonès y la ANC. Los republicanos evitaron llamar a la movilización y no ganaron el envite contra la Asamblea Nacional Catalana, lobby independentista que ha actuado como motor movilizador durante el 'procrés' y que ahora amenaza con dar el salto a la política institucional, liderando una lista electoral, que podría contar con el apoyo de Laura Borrràs si rompe con Junts. Feliu presentó ayer en sociedad esta posible lista y formalizó la amenaza. «Si los partidos no hacen la independencia, estamos determinados –advirtió– para hacerlo nosotros con una lista cívica».

ERC había tratado de desmovilizar al independentismo para esta Diada. No lo consiguió. La asistencia no fue la de otros años, pero sí superó a las ediciones de 2020 y 2021, celebradas en un contexto de pandemia. La ausencia de ERC quizá pudo provocar el efecto contrario al deseado por los de Junqueras.

Govern más débil

Tras la manifestación, el Govern sale más debilitado. Aragonès buscaba que la desmovilización refrendara su apuesta por la mesa de diálogo. Aunque las encuestas señalan que solo el 11% de los catalanes apuestan por la vía unilateral que exige la ANC, el Govern tendrá ahora que lidiar con la crisis con Junts y con la amenaza de una posible cuarta vía en el secesionismo que puede empujar a Junts a radicalizar su discurso. El Govern está en el aire.

La Diada de este año no deja bien al independentismo. La participación va a menos y el ambiente es de división absoluta. La fractura, no obstante, no es completa, porque ERC y Junts aún gobiernan juntos, y aún existen puentes en el movimiento, como se pudo comprobar en el acto que organizó por la mañana Òmnium Cultural, al que acudieron todos los partidos secesionistas y las entidades. Su presidente Xavier Antich aprovechó para pedir unidad y advertir de la tendencia cainita hacia la «autodestrucción» del movimiento independentista. Según Antich, el «ciclo» del 'procés' ya no sirve y a su entender es necesario abrir uno nuevo con «nuevas sensibilidades y nuevas voces».

La tensión por la Diada empezó ya en la medianoche del viernes en el Fossar de les Moreres (Barcelona) y continuó en la ofrenda floral en la estatua de Rafael de Casanova. En ambos actos, hubo pitos, gritos e insultos entre los soberanistas. Buena parte de la bronca se la llevó ERC, pero también Junts y el PDeCAT. En la tensión de la noche, incluso, una periodista gráfica fue agredida.

El constitucionalismo pide al Govern que deje de marear la perdiz con un referéndum

El constitucionalismo se mostró muy crítico con el Govern, al que reclamó que deje de pelearse y se ponga a gobernar. En el 11-S, fiesta autonómica que el nacionalismo ha hecho suya, el primer secretario del PSC, Salvador Illa, replicó al presidente de la Generalitat que Cataluña ya hace tiempo que vota en las elecciones. En su discurso institucional, Aragonès afirmó que, tarde o temprano, los catalanes votarán en referéndum. «Cataluña votará. Lo hará tarde o temprano en función de la fuerza que tengamos, pero lo hará. Lo haremos», aseguró de nabera solemne. Ya hace tiempo que la ciudadanía vota a sus gobernantes y lo seguirá haciendo, pero lo importante es que haya un Govern que gobierne «en vez de pelearse», le respondieron los socialistas.

El líder del PP en Cataluña, Alejandro Fernández, afirmó que Cataluña «no se merece una Diada de constante confrontación e insultos». «En una década, ha pasado de la hostilidad al cansancio» y a la «indiferencia de muchos catalanes que están hartos» de «manifestaciones partidistas de confrontación», dijo. El PP abogó por una autonomía «donde se defiendan los derechos y libertades de todos los catalanes, piensen lo que piensen».

El jefe de filas de Ciudadanos, Carlos Carrizosa, mientras, consideró que la propuesta de Aragonès de insistir en un referéndum acordado con el Gobierno es «marear la perdiz» 10 años después del inicio del 'procés'. «Nos recordó al discurso de Artur Mas en el año 2012», afirmó. Ni el PP ni Cs participaron en los actos institucionales de una Diada, que ven «cada vez más excluyente». El PSC, como todos los años, acudió a la ofrenda floral al monumento de Rafael Casanova. Fue pitado como otros años por los manifestantes independentistas, pero no tanto como la comitiva de ERC, encabezada por Oriol Junqueras.