La Diada de la discordia pone fin a una década de desafío independentista

El secesionismo catalán pasa en dos lustros de intentar hacer cima con el 'procés' a una profunda crisis interna

CRISTIAN REINO

La revolución de la sonrisas -así vendían el 'procés' los expertos en marketing del independentismo- ha acabado como el rosario de la aurora. Cataluña celebra hoy su Diada nacional, marcada una vez más por la manifestación secesionista que organiza la ANC. Es la décima edición.

No será la última, porque la Asamblea promete seguir manifestándose hasta que Cataluña sea independiente, pero sí establecerá un antes y un después. Fijará el final de una década, en la que el independentismo salió masivamente a la calle para reivindicar la ruptura. Lo de hoy será otra cosa. Pedirán la separación del resto de España, pero dándose leña entre unos y otros nacionalistas y con ausencias muy destacadas como la del presidente de la Generalitat y todos los consejeros de ERC y toda la cúpula republicana.

La marcha de la ANC será la menos transversal en 10 años. Estos últimos años representaba, más o menos, a la mitad de la sociedad catalana: la independentista. Con la ausencia de ERC, el movimiento secesionista pierde a su partido mayoritario. Por lo que la manifestación pasa de representar a la mitad de la sociedad catalana a apenas una cuarta parte. Habrá miles de personas, pero muy lejos de las imágenes icónicas de las Diadas de 2012 a 2017. Cada 11-S fue una fotografía bastante ajustada de cómo estaba el independentismo. La de 2012 fue la que puso en marcha el 'procés', la de 2014 presionó para el 9-N, en la de 2017 el desafío ya estaba desbocado y la de este año marcará el cisma en el independentismo.

«El ciclo ya no da más de sí», admiten en el independentismo, que ha pasado de ir a la una para desafiar al Estado, y celebrar un referéndum ilegal y llegar a proclamar la independencia en 2017, a romperse por dentro: Aragonès ya fue pitado ayer en Girona cuando acudió a grabar el discurso institucional de la Diada y la ANC cargará hoy con todo contra ERC y el Govern por haber renunciado -a su juicio- a la secesión.

Socios enfrentados

Los antiguos compañeros de trinchera no guardan ni las formas. Por ejemplo, Rufián llama «tarado» a Puigdemont o Jordi Sànchez califica de «mentiroso o indocumentado» a Oriol Junqueras. Ya el año pasado, hubo pitada en las calles a Junqueras y Aragonès y el ambiente empezaba a estar crispado, sobre todo contra los republicanos, que son los que más claramente se están alejando de los nostálgicos del 'procés'. ERC se ha puesto como objetivo ser la fuerza mayoritaria en Cataluña, una especie de CiU de centro izquierda, y para ello necesita desmarcarse de los más nacionalistas, aun a costa de que sus dirigentes no puedan ir a las manifestaciones o les llamen traidores.

El independentismo está peleado y cada uno hace la guerra por su cuenta, pero ERC y Junts aún gobiernan juntos y las tres formaciones sumaron en las catalanas de 2021 la mayoría absoluta más amplia desde el inicio del 'procés'. El Govern peligra si los de Puigdemont rompen amarras como reclaman los duros del partido como Laura Borràs. Lo que enfrenta a unos y otros es la mera pugna electoral y la hoja de ruta soberanista. ERC apuesta por el diálogo con el Gobierno y por apoyar la gobernabilidad española, aun siendo consciente de que a corto plazo no pactará un referéndum. Junts apela a preparar ya un nuevo embate contra el Estado aunque no especifica más porque carece de estrategia. La CUP reclama un nuevo referéndum ilegal antes de 2025. Ese es el año en que la ANC sitúa la independencia. Aunque en el inicio del 'procés' ya la fijó en 2015.