Los casos judiciales de Borràs y Puigdemont amenazan la continuidad del Govern

A punto de cumplir un año, el Ejecutivo de Pere Aragonès no ha logrado firmar la paz entre Esquerra y Junts

CRISTIAN REINO

El independentismo catalán no pasa por un buen momento. Está dividido, en mínimos históricos de apoyo social en las encuestas y carece de una estrategia para reactivar el 'procés'. No obstante, sigue manteniendo el Gobierno autonómico, la argamasa que permite que el matrimonio de conveniencia formado entre ERC y Junts no se rompa. De momento.

El pacto de gobierno fue para dos años, no llevan ni uno y ya dan muestras de fin de ciclo. La antigua Convergència y Esquerra empezaron a gobernar juntos en 2015. Desde entonces han ensayado diferentes fórmulas, en función del resultado electoral. ERC recuperó en 2021 la presidencia de la Generalitat 40 años después. «Los consejeros de uno y otro partido no se hablan y sus cuitas internas paralizan la administración», señalan fuentes del PSC, el primer partido de la oposición y ganador de los comicios autonómicos del año pasado. ERC no se atrevió a buscar aliados alternativos al independentismo para formar gobierno, pero ya no lo descarta para el futuro.

Esquerra y Junts han enconado su crisis interna, tras la arremetida de Gabriel Rufián contra sus socios a cuenta de los contactos del entorno de Puigdemont con el Kremlin para buscar apoyos a la independencia. Se han llamado de todo. Eso no es novedad. Sí lo es que lo hayan hecho en público, sin disimular sus odios personales. Rufián recibió el encargo de su partido de desmarcarse de la vía ruso abierta por Puigdemont y se pasó de frenada. Fue un aperitivo de lo que viene: las causas judiciales que afectan a Laura Borràs y Carles Puigdemont, los primeros espadas de Junts, amenazan la estabilidad de la legislatura.

Fuentes parlamentarias prevén que la bomba de la presidenta del Parlament puede explotar antes de Semana Santa. En cuanto el juez abra juicio oral por cuatro delitos relacionados con corrupción de su etapa como directora de la Institución de las Letras Catalanas, la dirigente nacionalista tendrá que decidir si respeta un artículo del reglamento de la Cámara catalana, que establece que todo diputado procesado por corrupción debe perder sus derechos como parlamentario, o se lo salta. Toda la oposición le ha pedido ya que cese. La cuestión es qué hará ERC. «Ella quiere seguir pase lo que pase», señalan fuentes parlamentarias. «La patata caliente es para Esquerra que hace bandera de 90 años sin ningún caso de corrupción», añaden.

En ERC no sueltan prenda y habrá que ver hasta qué punto Junts está dispuesto a defender a Borràs caiga quien caiga o prioriza la continuidad del Govern. La presidenta del Parlament aspira al liderazgo de la formación nacionalista, pero cuenta con enemigos internos en la actual cúpula postconvergente. El lío es tan grande en el seno de la formación, que la dirección no se atreve a convocar el congreso que tiene pendiente.

Vista en abril

Luego está el caso Puigdemont. La vista sobre la cuestión prejudicial que el magistrado Pablo Llarena elevó al Tribunal de Justicia de la Unión Europea para saber los motivos por los que se puede rechazar una euroorden se celebrará el próximo 5 de abril. En dos meses puede haber resolución sobre las extradiciones. El mismo tiempo podría tardar el Tribunal General de la Unión Europea en resolver la causa sobre la inmunidad del expresidente. Su entorno lleva meses avisando que si ambos litigios son favorables para el expresidente, intentará el regreso a Cataluña. Puigdemont sueña con una vuelta entre grandes movilizaciones en la calle y forzaría elecciones para capitalizar lo que Torra llamó un nuevo 'moméntum'.

Y entre Borràs y Puigdemont, está la mesa de diálogo, que no avanza, pero estaba llamada a ser el tema de la legislatura de Aragonès (hasta que estalló la guerra en Ucrania). ERC y Junts han chocado a lo largo del primer mandato del republicano en asuntos sectoriales, como la ampliación del aeropuerto o la candidatura de los Juegos Olímpicos de 2030, y también en la estrategia soberanista. Los de Puigdemont no reconocen la mesa de diálogo y siguen sin aceptarla hasta el punto de no participar, según fuentes republicanas. El plantón de los de Puigdemont a la primera reunión, encabezada por Sánchez y Aragonès en septiembre, ya dejó muy tocado el Govern. Se vio que las costuras no estaban bien cosidas. «No permitiremos una segunda ausencia», dijeron entonces los republicanos. En ERC confían en que el segundo encuentro se celebre antes de mayo, por lo que el choque está a la vuelta de la esquina.