Pablo Casado. / EFE

Casado, a la espera de que se rompa el bloque de la mayoría

Confía en que la legislatura desemboque en un callejón sin salida para Sánchez y se vea obligado a adelantar las elecciones generales

Ramón Gorriarán
RAMÓN GORRIARÁN Madrid

Pablo Casado ha puesto al PP en marcha hacia las elecciones generales. El líder del PP confía en el adelanto a pesar de que Pedro Sánchez asegura una y otra vez que las convocará en el segundo semestre de 2023. La dirección popular cree, en cambio, que el presidente del Gobierno se va a quedar antes sin mayoría parlamentaria y se verá obligado a cambiar de planes.

En la calle Génova afirman que no hacen «las cuentas de la lechera» al apostar por el anticipo. Sostienen que cuando Casado dijo que la victoria en Madrid era «el kilometro cero de la alternancia política», no lo decía a humo de pajas. Tiene su 'power point', cuyo primer capítulo ha sido el triunfo de Isabel Díaz Ayuso al que seguirán la convención nacional del partido en otoño, el debate sobre el estado de la nación, el posible adelanto electoral en Andalucía después del verano y la fractura de la mayoría en el Congreso.

Tan confiado está que ha ordenado a diputados y senadores trasladar a sus circunscripciones la oportunidad que se ha abierto para el PP. «La ilusión se palpa en toda España. Hay que convertir la ola en marea», dicen fuentes de la dirección popular.

El problema para el jefe de la oposición es que solo tiene en su mano la convención nacional para rearmar su partido, las demás variables escapan de su control. La convocatoria del debate sobre el estado de la nación es una facultad del presidente del Gobierno, las elecciones andaluzas competen al presidente de la Junta -Casado mantuvo este viernes una discreta reunión en Málaga con Juanma Moreno- y la ruptura del bloque de la investidura depende de los socios del PSOE.

Pero el PP ya se ha empezado a mover. Ha recuperado la interlocución con el PNV, partido que nunca ha estado cómodo en la política de trincheras y con algunas compañías en ese viaje. Los nacionalistas, de todas maneras, siguen cómodos con su condición de socio preferente de Sánchez, claro que también lo fueron de Mariano Rajoy y dieron la vuelta a esa relación en una semana. En el PNV, además, hay quienes creen, y tienen mando en plaza, que habrá adelanto de las generales a 2022.

Los populares también observan con atención la evolución de la coalición del PSOE con Unidas Podemos y las repercusiones que pueden tener los malos resultados de ambos en las elecciones madrileñas. Alimentan la esperanza de que los morados se replanteen una alianza de la que solo han obtenido reveses electorales, sinsabores políticos y pongan fin al abrazo del oso.

El tablero político catalán tampoco juega a favor de la estabilidad de la mayoría parlamentaria de Sánchez, con Junts y la CUP echados al monte, y Esquerra siempre en un difícil equilibrio, que ahora pende de una mesa de diálogo con el Gobierno de incierto futuro y de los indultos a los presos del 'procés' que, si se conceden, tendrán alto coste político para el Gobierno.

Los nubarrones de Sánchez

La quiebra de esa mayoría, entienden en el PP, sería una razón poderosa para que Sánchez se plantee un anticipo de las generales. Casado aún no lo ha exigido, es posible, dicen en su partido, que se lo reserve para el debate sobre el estado de la nación que, en teoría, debería celebrarse este año dado que no hay citas electorales nacionales.

El adelanto de las andaluzas, están previstas para diciembre de 2022, es una baza que podría fortalecer al PP pero enrocaría a Sánchez si el PSOE también pierde esa batalla. Así lo ven fuentes del partido opositor aunque subrayan que acrecentaría la debilidad del Gobierno. Una situación que podría empeorar para el presidente si su candidato pierde las primarias con Susana Díaz.

Casado solo ve nubarones en el horizonte doméstico del presidente y además tiene la convicción de que el resultado electoral de Madrid no es flor de un día porque también existe una fuerte corriente 'antisanchista' en el resto del país. Ayuso le advirtió que su victoria tiene «mucho voto prestado», pero el líder del PP ve factible que esa misma situación se reproduzca en unas generales, y así como en Madrid su partido absorbió todo el voto de Ciudadanos, el fenómeno se repita en otros territorios. No ocurió en Cataluña, donde el beneficiario del desplome naranja fue el PSC, pero las circunstancias eran distintas, alegan en el PP.

Casado no tiene dudas que la reunificación del centroderecha por la base que tanto reclamaba ya es un hecho. «El PP ha vuelto», proclamó eufórico el 4-M por la noche.