No es país para dos reinas

08/04/2018

Culebrón real. Una suegra y una nuera que tienen un roce; una nieta que se zafa de su abuela... el problema es que dos son reinas y la tercera lo será algún día.

N. Solo / Las Palmas de Gran Canaria

En la semana en que el conflicto catalán se recrudecía con la puesta en libertad de Carles Puigdemont y que el Partido Popular veía cómo el escándalo del máster de Cristina Cifuentes ensombrecía la convención nacional ideada para relanzar a esa formación y, sobre todo, al Gobierno frente al impulso demoscópico de Ciudadanos, un conflicto doméstico se adueñó de las tertulias. De las supuestamente más serias y de las de sobremesa en cualquier hogar. Se trata del incidente del pasado domingo en Palma de Mallorca, a la salida de la misa de Pascua, en la catedral, cuando la reina Sofía se empeñó en hacerse una foto con sus nietas -la princesa Leonor y la infanta Sofía- justo cuando ambas saludaban al público presente en el templo.

Lo demás ya es sabido: primero se puso la reina Letizia ante el fotógrafo para impedir la instantánea; sobre la marcha hubo un intercambio de palabras; la princesa de zafó del brazo de su abuela; el rey Felipe VI intervino, mientras don Juan Carlos miraba el espectáculo con gesto de desaprobación y, por si fuera poco, a la salida las imágenes dan la impresión de que a doña Letizia no le gustó el beso que la abuela plantó en la frente de su nieta y futura reina.

Como dijo el secretario general de los socialistas, Pedro Sánchez, al ser preguntado por el asunto, «en todas las familias cuecen habas». Pero aquí resulta que este potaje se guisa en la Casa Real, donde el concepto de familia es de gran importancia por el carácter hereditario del trono. Y siendo así, lo ocurrido pone en evidencia que no hay sitio para dos reinas. Menos aún cuando la futura ocupante del trono se va haciendo mayor.

Cuando se produjo la abdicación de don Juan Carlos, España se encontró con una fórmula sin apenas precedentes. Porque Juan Carlos I mantuvo su título, de manera que sigue siendo rey, y lo mismo sucede con doña Sofía. En ese momento y durante los meses siguientes, todo era en apariencia una balsa de aceite entre los nuevos reyes y los padres de él. Sobre todo porque los expulsados del paraíso fueron la infanta Cristina y su marido, Iñaki Urdangarin, por los avatares del caso Noos. Había que trazar casi un cordón sanitario para que ese caso no contagiase a la imagen de la monarquía y aquello pareció funcionar.

Con el paso del tiempo algo se fue torciendo. Estos días se han multiplicado las voces de expertos (o eso dicen) en asuntos de la Familia Real que aseguran que el incidente de Palma es la gota que colma el vaso de una serie de desencuentros. Son en su mayoría comentarios que señalan a doña Letizia como una madre extremadamente controladora, que desde un primer momento ha distanciado a sus hijas de los borbones y que ha desairado a doña Sofía y a su rama familiar en más de una ocasión.

En el otro extremo, y con bastante menos eco, están los que señalan a doña Sofía como una reina que no acepta el papel secundario que le toca asumir y que quebró aquel cordón sanitario con idas y venidas a Ginebra para estar con su hija Cristina cuando el escándalo del caso Nóos estaba en pleno auge.

Esta semana, la periodista Inmaculada Aguilar Nácher, que forma parte del círculo de amigos íntimos de doña Letizia, dijo que la reina estaba desolada por el escándalo, que se había magnificado la reacción propia de una madre que tiene mucho celo a la hora de preservar la imagen de sus hijas, y que se estaba siendo injusto con doña Letizia. Y solo 24 horas después, la reina se encontró en pleno Madrid con algunos abucheos y descalificaciones entre quienes se acercaron a verla en un acto institucional, una reacción que hace un mes parecería reservada a la Cataluña soberanista y no al resto de esa España que saludó a doña Letizia al casarse con don Felipe como un hito en la democratización de la monarquía.

Conclusión: puede que haya sitio para dos papas en una sola Iglesia pero no parece que en España lo haya para dos reinas. O al menos no lo hay en palacio.

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