El presidente argelino, Abdelmayid Tebune, y el jefe del Ejército del país magrebí, el general Said Chengriha, visitan Brahim Ghali en un hospital militar de Argel. / AFP

El Gobierno espera zanjar la crisis con la salida de Ghali

El Ejecutivo español ratifica su posición sobre el Sáhara, mientras que el PP reclama la dimisión de la ministra de Exteriores por su «nefasta gestión» de contencioso diplomático

Ramón Gorriarán
RAMÓN GORRIARÁN Madrid

El Gobierno sabe que la entrada en España del líder del Frente Polisario fue la excusa para que Marruecos orquestara la avalancha de inmigrantes en Ceuta, pero quiere aprovechar ese pretexto, una vez que Brahim Ghali ya ha regresado a Argelia, donde fue visitado en el hospital por el presidente del país magrebí, para engrasar las chirriantes relaciones con Rabat. Lo que no va a hacer es modificar su postura en el Sáhara Occidental para reconocer la marroquinidad de la excolonia, como pretende el reino alauí.

A la espera de que Marruecos mueva ficha, el Gobierno confía en que «en los próximos días podamos dar por concluida» la crisis. Las autoridades de Rabat guardan silencio por ahora, aunque medios digitales cercanos al Gobierno magrebí mostraron su malestar por la decisión del juez Santiago Pedraz de dejar a Ghali en libertad sin cargos.

La vicepresidenta Carmen Calvo y la ministra portavoz, María Jesús Montero, consideraron este miércoles que, solventado el escollo del líder polisario, no hay razones para prolongar más el litigio. Ghali voló este miércoles de madrugada de Pamplona a Argel en un avión francés alquilado por el Gobierno argelino. Una operación con ribetes de sainete, «una anécdota» dijo Montero, porque hubo un primer intento fallido para que otro avión de Argelia recogiera en Logroño al dirigente saharaui tras prestar declaración ante el juez pero que no contaba con los permisos para entrar en el espacio aéreo español y tuvo que darse la vuelta a la altura de Ibiza.

Pero la situación parece estar lejos de normalizarse porque el verdadero foco del conflicto, como así lo ha reconocido Marruecos, sigue latente. El Gobierno de Pedro Sánchez no va a reconsiderar su postura hacia el Sáhara Occidental y mantiene que la solución pasa por cumplir las resoluciones de Naciones Unidas para alcanzar una solución negociada sobre el futuro de la excolonia española. «No hemos cambiado. Seguimos pensando lo mismo en relación al Sáhara», avisó la vicepresidenta primera.

Respaldo de la UE y la ONU

Marruecos reivindica su soberanía sobre el territorio saharaui y sus pretensiones recibieron un espaldarazo el pasado 10 de diciembre con el aval a su reclamación de Estados Unidos, en una de las últimas decisiones del presidente Donald Trump. España y la Unión Europea no siguieron la senda trazada por el Gobierno norteamericano, y se mantienen firmes en aplicar la doctrina de la ONU. Lo dijo el martes la portavoz de Exteriores de la Comisión Europea, Nabila Massrali: «Nuestra posición no ha cambiado. La UE pide la convocatoria de negociaciones para buscar una solución aceptable para las dos partes y en línea con las resoluciones de Naciones Unidas». Y lo ratificó este miércoles el portavoz del secretario general de la ONU, Stephane Dujarric: «Nuestra posición sobre el Sáhara es la que se describe en las resoluciones pertinentes del Consejo de Seguridad y sigue siendo nuestra guía».

Ese es el meollo de la crisis, y ahí nada ha cambiado. Una controversia que puede desembocar en nuevos gestos hostiles de Marruecos hacia España, el primer objetivo de Rabat por su condición reconocida por Naciones Unidas de potencia administradora de la excolonia.

De puertas para adentro, el Gobierno sigue sin contar con el respaldo del principal partido de la oposición para afrontar la crisis. El secretario general del PP, Teodoro García Egea, exigió la dimisión «inmediata» de la ministra de Asuntos Exteriores por su «nefasta gestión» en la controversia con Marruecos y el «oscurantismo» con que ha manejado la entrada y salida de España del líder del Frente Polisario. Arancha González Laya «ha generado una crisis diplomática de primer orden y el Gobierno ha demostrado que tiene un nulo peso en política exterior», sentenció el número dos de los populares.