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Europa vota este miércoles la prohibición de vender coches de combustión en 2035

J. BACORELLE Madrid

La decisión de que solo se permita vender coches de cero emisiones a partir de 2025 es uno de los elementos más importantes de la política de descarbonización de la Unión Europea para alcanzar la neutralidad climática en 2050. Y la decisión final está más cerca, ya que después de la aprobación por parte de la Comisión de Medio Ambiente de las nuevas reglas de reducción de emisiones y que prevé eliminar la venta de vehículos con motor de combustión en 2035, tan solo falta el pronunciamiento definitivo del Pleno del Parlamento de la UE, que tendrá lugar este miércoles.

La Comisión Europea baraja fijar un recorte de las emisiones para los coches y furgonetas nuevos del 65% para 2030 ( actualmente está fijado en el 37,5% y el 31% respecto a 2019) respecto a los niveles de este año, y del 100% en 2035, lo que supondría el fin de la era de los coches de combustión. En 2020 la UE ya aumentó sus objetivos de reducción de emisiones y aspira a la neutralidad de carbono para 2050. Y ahora quiere proponer nuevas regulaciones para alcanzar esa meta.

Finalmente el Parlamento Europeo votará este miércoles la propuesta de poner fin a las ventas de coches y furgonetas nuevos con motor de combustión en el año 2035. Además, el Ejecutivo europeo deberá decidir si se fijan objetivos de reducción de emisiones de dióxido de carbono (CO2) más elevados para los fabricantes.

Previamente este mismo martes el Pleno somete a debate que sea 2035 la fecha en la que se fije la prohibición total en toda la Unión Europea la venta de vehículos de combustión e híbridos, tal y como propuso el pasado verano la Comisión Europea y lo que supone adelantar en cinco años el objetivo aprobado con anterioridad.

En las directrices de la Eurocámara se asumen también ideas como eliminar el mecanismo de incentivos para vehículos de emisión cero y baja (ZLEV, por sus siglas en inglés), al considerar que ya no cumple el propósito original.

Además, piden que la Comisión presente a finales de 2025 un informe sobre los progresos hacia el objetivo de cero emisiones en la movilidad por carretera y continúe con una evaluación anual a partir de entonces, atendiendo también al impacto en los consumidores y el empleo, el nivel de uso de energías renovables, así como información sobre el mercado de segunda mano.

Asimismo, encargan a la CE un informe para finales de 2023 que detalle la necesidad de financiación específica para garantizar una transición justa en el sector del automóvil, con el objetivo de contener el efecto negativo en el empleo y otros impactos económicos.

Finalmente, abogan por establecer el próximo año una metodología clara con la que evaluar el ciclo de vida completo de las emisiones de CO2 de los automóviles y furgonetas comercializados en el mercado de la UE, así como los combustibles y la energía consumidos por estos vehículos.

Los fabricantes piden soluciones

La organización ecologista Transport & Environment (T&E) ha señalado que los fabricantes de automóviles podrían añadir unos 800.000 millones de euros a su valor de mercado durante esta década si hicieran una transición más rápida a la electrificación.

La asociación ha defendido que los márgenes de beneficio de las empresas de vehículos eléctricos superarán los de los fabricantes de motores de combustión en tres o cinco años. De la misma forma, hacia finales de la década de 2020, los márgenes de beneficio de los fabricantes de motores habrán disminuido e incluso podrían ser negativos en los balances.

La Asociación de Fabricantes Europeos de Automóviles (ACEA) ha defendido que pese a que la industria del automóvil está experimentando cambios para descarbonizar y ofrecer soluciones de movilidad neutras en carbono en la Unión Europea, el motor de combustión interna seguirá siendo una solución para la movilidad «durante muchos años».

La asociación ha indicado que la transición hacia un transporte por carretera neutro desde el punto de vista climático requerirá muchas medidas políticas «coherentes» en toda la Unión Europea, especialmente para el transporte por carretera.

ACEA también ha propuesto mejorar los parámetros clave de la gasolina y el diésel, lo que permitirá controlar mejor la calidad y reducir las emisiones contaminantes de los vehículos antiguos y nuevos en beneficio de la calidad del aire.

Por su parte, la Asociación Europea de Proveedores de Automoción (Clepa) ha mostrado su apoyo a la tendencia a la electrificación, pero ha afirmado que la transición debe gestionarse «adecuadamente» y han reclamado que no se prohíban las tecnologías, sino el uso de los combustibles fósiles si se quiere reducir las emisiones.

Pese a ello, la asociación ha destacado que la eliminación gradual de la tecnología de los motores de combustión interna para el año 2035 supondría que alrededor de unos 501.000 empleos de proveedores que fabrican componentes de estos sistemas se queden obsoletos.

De ese medio millón de empleos, el 70% (359.000 personas) probablemente se perderá en el período de 2030 a 2035, lo cual destaca el «limitado plazo existente» para gestionar las repercusiones sociales y económicas.

En España, la Asociación Española de Fabricantes de Automóviles y Camiones ha defendido la puesta en marcha de medidas públicas adicionales a las actuales, en caso de que finalmente salga adelante la propuesta. Además, han defendido que no es el momento ahora de decidir los objetivos a alcanzar en 2035, sino que antes habría que esperar para ello a 2028.

De la misma forma, la asociación ha apuntado que si finalmente el Gobierno español decide apoyar una nueva aceleración de los objetivos «estas nuevas medidas son incluso mucho más necesarias y urgentes», puesto que si no se adoptan la industria automovilística española y el empleo «pueden enfrentarse a un serio problema dada la gran exigencia de los nuevos objetivos que se pretenden aprobar».

Si bien el mercado automovilístico sale de la pandemia en declive, los coches eléctricos, en cambio, no cesan de ganar terreno. Y marcas como Jaguar, Ford, Opel o Audi han confirmado su intención de vender únicamente modelos eléctricos a lo largo de esta década o principios de la que viene.

Los automóviles movidos a electricidad representaron casi el 8% de las nuevas matrículas en Europa occidental en los cinco primeros meses de este año, un total de 356.000 vehículos.

Sin embargo la situación en España acumula y aumenta su retraso respecto al resto de Europa. Así, durante el primer trimestre de 2022 se logró un crecimiento de 1,4 puntos respecto al periodo anterior, alcanzando un total de 13,3 puntos sobre 100 en el Barómetro de electromovilidad de la Asociación de Fabricantes ANFAC. A pesar de este aumento, la posición nacional se aleja de los países líderes en electromovilidad y se amplía la brecha respecto a la media europea en cerca de 15 puntos, la cual se sitúa en 28,1 puntos. De este modo España continúa alejándose del resto de países europeos en el indicador global que valora la penetración de los vehículos electrificados y la instalación de infraestructuras de recarga de acceso público.

Desde la Asociación de Fabricantes consideran que para 2022 sería necesario triplicar la presencia de infraestructura de recarga respecto al año anterior hasta alcanzar al menos 45.000 puntos de recarga públicos.