Check-point en el centro de Kiev. / AFP/Vídeo: E. P.

Kiev ordena encerrarse en casa a la espera del gran ataque ruso

El alcalde de la capital decreta un toque de queda de 35 horas, mientras los kievitas que se resisten a huir se preparan para la defensa

MIKEL AYESTARAN Enviado especial a Kiev

El alcalde de Kiev, Vitali Klitschko, decretó este martes un toque de queda de 35 horas en la capital porque «esperamos mucha más actividad en este momento y queremos que la gente esté en lugar seguro. La situación está bajo control y nosotros, preparados para luchar, pero conviene recordar a todos que el objetivo de los rusos es cercar la ciudad». El exboxeador repitió la agenda del lunes y se trasladó a visitar los lugares afectados por los últimos bombardeos. Tres escenarios, donde se registraron al menos cinco muertos. Uno de los objetivos fue una planta militar situada a solo tres kilómetros de la plaza de Maidán, cerca de la estación de metro de Lukianivska. Es el ataque más cercano al corazón de Kiev realizado por las fuerzas invasoras hasta el momento y una señal de que la operación avanza.

Klitschko, pertrechado con un chaleco antibalas con la bandera nacional y acompañado por dos guardaespaldas, aprovechó la fuerte presencia de medios internacionales para recordar que «no importa quién seas en suelo ucraniano ahora, si tienes una credencial de prensa o eres un niño o una niña, un adulto, un hombre o una mujer, o una persona mayor… Eres un objetivo de Rusia».

La alusión a la prensa se produjo en la misma jornada en la que la cadena Fox anunció el fallecimiento de su cámara Pierre Zakrzewski y de su productora local Oleksandra Kurshynova. En este mismo ataque, ocurrido a las puertas de Kiev, resultó también herido el periodista del canal estadounidense Benjamin Hall.

El regidor hizo estas declaraciones mientras el cuerpo de bomberos se afanaba en sofocar las llamas en el edificio de 16 pisos alcanzado por un proyectil a primera hora de la mañana en el barrio de Akademmistechko. Una torre negruzca de cemento chamuscado recibía el agua a presión de unos bomberos que se elevaban al cielo gracias a unas enormes escaleras. Antes de abandonar la zona y regresar a su búnker secreto, insistió un día más en el mismo mensaje que lanza a Occidente cada vez que tiene un micrófono delante: «Envíen armas, porque estamos listos para luchar».

El paso de Klitschko fue fugaz. Los políticos pasan por estos lugares afectados por la guerra, se hacen la foto y se van. Los vecinos se quedan. Aleksei Stanchevski vive a solo unos metros de la torre afectada. «No hemos escuchado una gran explosión, pero lo que ha sido increíble es el hongo de humo que se ha elevado al cielo», recuerda cuando se le pregunta por lo sucedido. Ha dejado su trabajo como editor de libros y ahora se dedica a informar sobre el conflicto bélico en diferentes plataformas sociales y forma parte de las milicias que patrullan el barrio cada noche.

«Lo que vemos en Kiev es un intento de aterrorizar a los ciudadanos para que salgamos de aquí y dejemos la ciudad vacía, es una forma de terrorismo. La guerra no ha llegado aún a las calles de la capital, estos son solo avisos para que sepamos que está en camino. Aquí les esperamos, estamos unidos», asegura este joven de barba cerrada y ojos claros.

Las explosiones de fondo son cada vez más intensas. En el portal principal hay dos bolsas de plástico negras. Dos cadáveres. La Policía custodia los cuerpos frente a dos grandes camiones rojos a los que acuden a tomarse un respiro los bomberos. Dimitri sigue la escena en cuerpo presente, pero su cabeza no está aquí; se ha quedado dentro del noveno piso en el que nació hace 35 años y que ahora es ceniza.