Sivio Berlusconi, en una imagen de archivo tras votar en las municipales del pasado otoño. / E. P.

La séptima vida política de Berlusconi: aspirante a presidente de la República

El magnate, de 85 años, lanza su candidatura para convertirse en el sucesor de Mattarella en la jefatura del Estado en Italia

DARIO MENOR Corresponsal en Londres

Es una persona «buena y generosa», un «amigo de todos y enemigo de nadie», un «hombre hecho a sí mismo» e incluso el político que «puso fin a la Guerra Fría» al conseguir reunir en 2002 al entonces presidente estadounidense, George W. Bush, y al líder ruso, Vladímir Putin. La lista de elogios, que ocupaba este jueves media página de periódico, está dirigida a Silvio Berlusconi y marca el inicio de la campaña con la que el cuatro veces primer ministro italiano espera convertirse en el próximo presidente de la República, el más alto cargo institucional del país. A punto ya de concluir el mandato de siete años del actual jefe del Estado, Sergio Mattarella, está previsto que el 24 de enero tenga lugar la primera votación en el Parlamento para designar a su sucesor.

Para Berlusconi, de 85 años, lograr mudarse al Palacio del Quirinal, donde tiene su sede la presidencia de la República, sería un colofón de ensueño para su carrera política y empresarial. Tras promover su candidatura de manera más discreta durante los últimos meses, esta semana el ex 'Cavaliere' ha salido al descubierto con dos llamativas maniobras. Una de ellas fue el hagiográfico anuncio a toda página publicado por 'Il Giornale', el periódico propiedad de su familia, en el que la sección de mayores de 65 años de su partido, Forza Italia, presentaba una larga lista con sus méritos para lanzar esta retórica pregunta al final: «Así que, ¿quién como él?» Para sus seguidores más acérrimos quedaba claro que nadie mejor que Berlusconi para suceder a Mattarella como presidente de la República.

Resulta aún más llamativa la segunda maniobra del magnate para tratar de allanarse el camino hacia el Palacio del Quirinal. Ayudado por el diputado de su partido Vittorio Sgarbi, célebre por su labor como crítico de arte, el líder de Forza Italia ha telefoneado estos últimos días a varios parlamentarios de otras formaciones políticas y del grupo mixto para pedirles su apoyo de cara a la votación para elegir al próximo jefe del Estado. En esas conversaciones Berlusconi despliega toda su simpatía y es incluso capaz de reírse de sí mismo, como demostró en su charla con Bianca Laura Granato, senadora del grupo mixto y conocida militante antivacunas. «Se presentó diciendo que era el señor del 'bunga bunga'», contó luego Granato, haciendo referencia al término con que se conocían las fiestas con mujeres jóvenes que el magnate celebraba en su lujosa residencia cerca de Milán durante su último período como primer ministro (2008-2011).

Fichando a los anticasta

Con estas llamadas telefónicas, el líder de Forza Italia habría conseguido que le prometieran su voto cerca de veinte parlamentarios, según relató Sgarbi, que ha echado las redes principalmente entre los casi cien diputados y senadores que han abandonado en lo que va de legislatura el Movimiento 5 Estrellas (M5E), la formación anticasta que sigue aún así siendo la más numerosa de ambas cámaras. También están recibiendo llamadas algunos legisladores del Partido Democrático (PD, centroizquierda) y de Italia Viva, la formación del exprimer ministro Matteo Renzi. Pese a los cerca de veinte 'fichajes' ya conseguidos, Sgarbi reconoce que la situación «está muy difícil». Tanto el PD como el M5E han dejado claro que no están dispuestos a aceptar la llegada del magnate al Quirinal.

De manera simultánea, Berlusconi trata de blindar al bloque conservador en el Parlamento, formado por Forza Italia, la Liga de Matteo Salvini y Hermanos de Italia, liderado por Giorgia Meloni. Los tres almorzaron juntos este viernes en la residencia romana del ex 'Cavaliere' para lanzar su candidatura a la presidencia de la República. La cita fue un éxito para él: concluyó con una declaración conjunta en la que lo señalan como «la figura apta para ejercer en este difícil momento» la jefatura del Estado gracias a su «competencia y experiencia». A Berlusconi, no obstante, aún le falta camino por recorrer pues se estima que el bloque conservador tendrá que hacerse con entre 50 y 60 votos adicionales para lograr que sea elegido como nuevo presidente de la República. Eso además, siempre que no se produzcan traiciones en sus propias filas facilitadas por el carácter secreto del voto, algo habitual en este tipo de mociones.