Estudiantes participan en clases al aire libre en Turín para protestar contra la educación a distancia por culpa de la pandemia. / t. romano / efe

Un estudio confirma en Italia la seguridad de los colegios

«Las escuelas no son un lugar de infección, sino de contención», afirma la autora de un informe científico sobre la segunda ola en el país

DARÍO MENOR Roma

Mantener abiertos los colegios e institutos no influye en la marcha de la pandemia. Lo afirma un estudio realizado en Italia y publicado en la prestigiosa revista científica 'The Lancet', que confirma que las aulas son seguras, siempre que profesores y alumnos mantengan las medidas adecuadas, como la aireación, la distancia y el uso de mascarillas.

La investigación confronta los datos del 97% de los centros educativos italianos con los de las autoridades sanitarias para demostrar que el inicio de la segunda ola de la pandemia el pasado otoño no puede ser imputado a la apertura de los colegios. Estos se encuentran ahora mismo clausurados en la mayor parte de las regiones italianas. Los más afectados por los cierres intermitentes que se suceden desde el pasado septiembre son los alumnos de instituto.

El estudio muestra que en aquellos lugares en los que solo había didáctica a distancia no se produjo una influencia significativa en la marcha de la curva epidemiológica. En Roma, por ejemplo, las escuelas abrieron en septiembre diez días antes que en Nápoles, pero aun así los contagios no subieron hasta 12 días después de que lo hicieran en la capital partenopea.

«El riesgo cero no existe, pero sobre la base de los datos que hemos recogido podemos afirmar que la escuela es uno de los lugares más seguros respecto a la posibilidad de contagio», explica Sara Gandini, profesora de estadística médica en la Universidad de Milán, directora de unidad del Instituto Europeo de Oncología de Milán y coordinadora del equipo de científicos que ha realizado el estudio.

«Los colegios no son un lugar de infección, sino de contención de la pandemia, pues los chicos están más controlados y aprenden las reglas. Cuando están cerrados, los chavales se pasan la mañana delante de la pantalla siguiendo las clases a distancia y por la tarde salen para ver a sus amigos y satisfacer su necesidad de socializar», cuenta la experta, advirtiendo que los jóvenes no pueden ser considerados el motor de la curva de contagios: su tasa de positividad al patógeno durante la segunda ola era un 39% inferior a la de la población en general. «Diversos estudios realizados en varios países confirman que es la franja de edad entre 20 y 59 años la que más contribuye a la propagación de la covid-19».

Miedo a la variante inglesa

Ante esta conclusión, Gandini pide retomar cuanto antes las clases presenciales por los problemas educativos, sociales y psicológicos que supone la educación telemática. «La falta de evidencias científicas positivas para la pandemia del cierre de los colegios debería llevarnos a mantenerlos abiertos. Tienen que ser los últimos en cerrar y los primeros en abrir», reclama la docente de la Universidad de Milán, premiada el año pasado con el reconocimiento 'Top Women Italian Scientist'. A su juicio, los últimos cierres obedecen al miedo ante la variante inglesa del patógeno, mucho más contagiosa, aunque la decisión resulta difícil de justificar científicamente.

«Yo en marzo del año pasado era favorable al cierre de las escuelas y cuando comencé a estudiar los datos fueron una sorpresa para mí. Pero otros estudios en Australia, Reino Unido y Holanda también han llegado a resultados similares. Debemos tutelar las escuelas, que son fundamentales para un país y para la salud general de la población», insiste Gandini. Son argumentos similares a los esgrimidos por los estudiantes italianos, que llevan todo el curso manifestándose exigiendo la reapertura de las aulas.

Sus reclamaciones parece que empiezan a calar entre la clase dirigente italiana. El primer ministro, Mario Draghi, anunció la semana pasada que los chavales de hasta 12 años de edad podrían volver a las clases presenciales incluso en las regiones en 'zona roja', el nivel de restricciones más duro.

La mayor parte de las regiones italianas están en ese nivel, en el que solo pueden abrir las tiendas de productos esenciales y, hasta ahora, permanecían clausuradas las escuelas, una situación que cambia con el anuncio de Draghi. Los territorios más poblados del país, como son Lombardía, Campania y Piamonte, están ahora mismo en 'zona roja'. También el Lacio, aunque a partir del martes ha pasado a 'zona naranja', en la que pueden abrir las tiendas pero no los bares y restaurantes, a los que únicamente se permite vender productos para llevar.

Entre las medidas que baraja ahora el Gobierno para intentar compensar los nocivos efectos de un año de pandemia está dejar abiertos los centros educativos durante julio e incluso agosto para ofrecer a los estudiantes actividades de refuerzo no obligatorias.