Camila. «Quiero que la apoyéis como a mí», ha expresado Isabel II, en referencia a la esposa del príncipe Carlos. / AP

La 'malvada' Camila será reina

La duquesa de Cornualles y el príncipe Carlos despliegan una grata armonía en su ya más que prolongada espera al trono que contrasta con una peripecia vital marcada por los escándalos

ÍÑIGO GURRUCHAGA Corresponsal en Londres

La popularidad de Camila se ha «disparado», según un sondeo publicado por el 'Daily Mail', tras la publicación el pasado sábado de un comunicado de la reina Isabel II expresando su deseo de que la esposa de su hijo Carlos sea conocida como reina consorte cuando él acceda al trono. La diferencia entre quienes tienen una opinión positiva o negativa de ella ha subido 16 puntos, de +5 a +21. Pero una mayoría aplastante, 58%-16%, hubiese preferido a la fallecida Diana como reina.

​Se publicó el anuncio a las diez de la noche, en la víspera del septuagésimo aniversario de la muerte de Jorge VI y del traspaso de poderes a su hija. La reina, sola en la mansión de Sandringham, lo firmaba como«Vuestra Servidora, Elizabeth R.» Contenía optimismo de que el futuro traerá «oportunidades similares» de tener el «extraordinario progreso social, tecnológico y cultural que nos ha beneficiado a todos» en las siete décadas de su reinado.

​Pero el quinto de los seis párrafos acaparó la atención. Tras expresar «eterno agradecimiento» a sus súbditos por «la lealtad y el afecto que seguís mostrándome», la reina les pedía que apoyen igualmente a Carlos y a Camila, y que, cuando él sea rey, «ella sea tratada como reina consorte». El lunes regresó a Windsor. El martes, Camila reanudó sus actividades, visitando una escuela primaria cerca de su casa.

​Desde tiempo inmemorial las esposas de reyes ingleses o escoceses han sido reinas. Pero el matrimonio civil entre Carlos y Camila, en 2005, era tan impopular que no se le dio a ella el título de princesa de Gales, que le correspondía por la costumbre, y se prometió ademásque no sería nunca reina. Nada hay en las normas constitucionales que dé un papel singular a las reinas o a los príncipes consortes.

​El arcediano de la catedral de York, George Austin, fue más lejos sobre los títulos de la pareja. «Hizo solemnes votos sobre su matrimonio ante Dios y en la Iglesia, y parece- si los rumores sobre Camila son ciertos- que los rompió casi inmediatamente. Ha roto su confianza y votos a Dios en una cosa. ¿Cómo puede Carlos ir a la Abadía de Westminster y pronunciar la promesa de la coronación?», dijo.

Camila y Diana coinciden en un competición ecuestre en Ludlow, un año antes de la boda de esta última con el príncipe Carlos. / AP

​¿A qué rumores sobre Camila se referiría el venerable Austin al hablar de aquella «inmediata» quiebra de la promesa matrimonial que ponía en duda la legitimidad del futuro rey? ¿No se había ya publicado que el príncipe y su amante se acostaron juntos la misma víspera del casamiento de él con Diana? Que Camila le dijo a la también duquesa, Catherine, que «¡Carlos mató a Diana y yo soy la próxima!» es más reciente.

​En la saga de realidad y ficción de una monarquía que envejece por la longevidad de la reina nonagenaria y la larga espera de su hijo, Sally Bedell Smith, biógrafa del príncipe de Gales, anotó la frecuencia con la que sus interlocutores se referían a un hombre bañado en opulencia como «Poor Charles»(pobre Carlos). A Camila le tocó en el culebrón de los medios el papel de la mujer más mala del mundo.

​Ancestros libertinos

​Nacida el 17 de julio de 1947 en Londres en una familia rica por su abuela materna, que se casó con el constructor del exquisito barrio de Belgravia, Camilla Rosemary Shand Cubitt recibió una educación parecida a la de Diana. Ambas fueron malas estudiantes y terminaron su formación aprendiendo un poco de francésy «artes domésticas» en una escuela suiza.

​La gran diferencia entre ambas, separadas por 14 años, era la pasión de Camila por los caballos. Conoció a su marido, Andrew Parker-Bowles, en el circuito de las cacerías montadas de zorros y del juego de polo. Él descendía de una dinastía de militares y cortesanos católicos. Fue íntimo amigo de la princesa Ana, hermanade Carlos, antes de su matrimonio con Camila.

​La saga se complica a partir de ahí. Los padres de ella apremiaron a Parker-Bowles a que se casase con su hija tras tan largo romance, pero él, con fama reconocida de mujeriego, accedió con dudas. Y ella, directa y humorista en el trato con los hombres, también; habíaentablado una relación con Carlos cuando su novio oficial se alejó por deberes en la milicia.

El príncipe de Gales y su actual esposa de visita en Egipto en 2021.

El príncipe se embarca como parte de su servicio militar y regresa a tierra perdido. La familia le exige que se case. Se dedica «a la caza del zorro y con escopeta, al polo y a fornicar», según un secretario. El pobre Carlos ha de casarse ya y además con una virgen. Diana sueña con príncipes. Sus padres se habían divorciado con brutalidad pública. Tenía 20 años cuando caminó hacia el altar llorando por dentro, porque había descubiertoque Carlos quería a otra mujer.

​Los antecedentes de Camila amortiguaban quizás el valor de la fidelidad matrimonial. Su bisabuela materna, Alice, fue amante oficial de Eduardo VII. Su marido, George Keppel, aceptaba la relación de su mujer con otros a cambio de la reprocidad, como haría luego Parker-Bowles. Su abuelo paterno tuvo cuatro mujeres y muchas más amantes. La corte rechazó a Camila como posible esposa de Carlos, por ser una mujer «con historia».

Vieja corona

​Querían una virgen. Y el príncipe de Gales la encontró. No le amaba, pero era una chica a la que podía amar. El infiel contumaz, Parker-Bowles, crecido en internados católicos, había favorecido el contexto necesario para que Carlos y Camila reanudasen su íntima relación. Cuando Diana lo denuncia públicamente, Camila es «la rottweiler». Era la única fumadora y, como tal, clara favorita para ser la mala de la película.

​Dejó de fumar, se ha alisado las arrugas y gusta a la gente porque no es presuntuosa. Lee novelas. Patrocinacausas que la conmueven, como la osteoporosis, o la violencia doméstica. Es una buena profesional en la agenda incesante de eventos y rituales. Su rango en la sucesión ha favorecido su integración en una familiadisciplinada, aunque dividida en facciones por el acceso a privilegios o la gestión de su imagen en la prensa.

​El pobre Carlos, que patrocina una fundación con gran éxito en la ayuda a jóvenes que necesitan financiación de alguna iniciativa, se acerca al reinado tras promover la agricultura orgánica o un cambio radical en la arquitectura. Ha escrito innumerables recomendaciones a los ministros de sucesivos gobiernos y establecidorelaciones escabrosas con magnates para recaudar fondos benéficos.

​En el sudoeste de Inglaterra, en Highgrove, creó una hacienda en la que ha experimentado con la agricultura y la jardinería. Camila tiene su casa privada a quince minutos de la mansión del príncipe, y pasa allí tiempo con sus nietos, cultivando su jardín o sus amistades. En viajes o eventos compartidos dan la impresión de estar contentos juntos. Es al fin algo parecido a la armonía que el príncipe postula para la construcción de las ciudades o la relación con la naturaleza.

​¿Es armonía o espejismo? Días después del anuncio, la corte se preocupa porque Carlos ha dado positivo de Covid y visitó a su madre en Windsor el martes. Los medios publican informaciones prematuras, alimentadas por algún departamento de prensa, sobre el reparto de palacios, castillos y mansiones entre la familia, tras el fallecimiento de la reina. Carlos y Camila se trasladarán al Palacio de Buckingham, residencia y oficina.

​El rey «visionario» tiene 74 años. Será el más viejo rey coronado en la historia del Reino Unido. No tiene ni la juventud ni el velo de misterio que los tratadistas antiguos consideraban imprescindible para los reyes, y que tenía su madre. De él lo sabemos todo. Y lo más notable es que conspirase con Camila a espaldas de una joven vulnerable de 20 años, y provocasen juntos taldescrédito a la presumida ejemplaridad de la monarquía.