El presidente italiano, Sergio Mattarella, y el primer ministro, Mario Draghi. / AFP

Draghi espera salir victorioso de la encrucijada de la votación presidencial

Los parlamentarios y representantes de las regiones participan este lunes en la primera moción para elegir al nuevo jefe del Estado de Italia

DARIO MENOR Corresponsal en Roma

La suerte de Italia está desde este lunes en manos de los 1.008 parlamentarios y representantes de las regiones a los que les tocará elegir al nuevo presidente de la República una vez que termina el mandato de Sergio Mattarella. El del jefe del Estado es un cargo de vital importancia en el país, pues a su labor institucional se une el papel de árbitro que desempeña entre los partidos cada vez que se desata una de las habituales crisis políticas que aderezan la vida de los italianos. A Mattarella, sin ir más lejos, en sus siete años en el cargo le ha tocado 'cocinar' cuatro Gobiernos distintos, el último de ellos liderado por Mario Draghi, precisamente el hombre que más posibilidades parece tener de convertirse en su sucesor.

El actual primer ministro y anterior presidente del Banco Central Europeo (BCE) es el gran favorito para ser el nuevo jefe del Estado. Este «abuelo al servicio de las instituciones», como él mismo se presentó en diciembre en su rueda de prensa de finales de año, cuenta con competencia, autoridad moral y prestigio internacional más que suficientes para ser elegido jefe del Estado, aunque su candidatura tiene un pero: dejaría un hueco en el Gobierno difícil de llenar.

Draghi lidera ahora un Gabinete sostenido por una heterogénea coalición formada por nueve partidos, que consiguieron ponerse de acuerdo para dar vida al Ejecutivo en enero de 2021 debido a la emergencia de la pandemia y confiados en la figura 'superpartes' del expresidente de la BCE. Si al final optan por votar a Draghi como nuevo jefe del Estado, a los partidos les tocará resolver una segunda ecuación: encontrarle un sustituto de garantías como primer ministro, aunque sin él al frente disminuirían para muchos los incentivos para mantener con vida al Gobierno y el país podría verse abocado a la celebración de elecciones anticipadas.

Camino casi despejado

El camino de Draghi hacia la céntrica colina romana donde se ubica el Palacio del Quirinal, antigua residencia de los Papas y donde se encuentra hoy la sede de la Presidencia de la República, ha quedado en cualquier caso más despejado después de que el sábado anunciara que no se presentará como candidato Silvio Berlusconi. A sus 85 años, el cuatro veces primer ministro y líder de Forza Italia soñaba con poner el broche de oro a su carrera política llegando a la jefatura del Estado, pero optó por tirar la toalla al no salirle las cuentas para ser elegido.

Además de con los votos de los partidos conservadores, Berlusconi necesitaba hacerse con unos 50 electores más para conseguir la 'fumata blanca' en la cuarta votación, que se celebraría el jueves y en la que el quorum se reduce a mayoría absoluta. En las tres mociones anteriores es necesario lograr dos terceras partes de la asamblea. Se celebrará una cada día y se estima que tendrán una duración de entre cuatro y cinco horas.

El magnate anunció que no se presentaba tratando de salvar la honra, al afirmar que «había números suficientes para la elección» y justificar su decisión por «responsabilidad nacional». Aunque no aducía a posibles problemas de salud, este domingo se supo que había tenido que ser ingresado en un hospital de Milán, al parecer para someterse a un control rutinario. El «paso atrás» del líder de Forza Italia vino con una condición: Draghi «debe permanecer» como primer ministro y «terminar el trabajo». Su aliado en el bloque conservador y líder la Liga, Matteo Salvini, se mostró este domingo en la misma línea al asegurar que «sería peligroso quitar a Draghi» de la jefatura del Gobierno.

Más allá de los cálculos personalistas y de los intereses cruzados de los partidos, en el debate abierto desde hace meses en Italia sobre quién sería la persona más idónea para llegar a la Presidencia de la República resuenan también las voces que exigen que la elegida sea, por primera vez, una mujer. En caso de que esta petición cale entre los 1.008 electores, contaría con posibilidades Marta Cartabia, actual ministra de Justicia y antes presidenta del Tribunal Constitucional. Sus opciones de ascenso son además dobles.

«Si finalmente prospera la candidatura de Draghi en el Quirinal, Cartabia podría ser una buena opción para sustituirlo al frente del Gobierno», asegura Marco Damilano, director del semanario 'L'Espresso'. Otros nombres que podrían tener posibilidades en la elección del jefe del Estado son los de Pierferdinando Casini, antiguo líder del partido democristiano Udc, e incluso el de Andrea Riccardi, fundador de la Comunidad de Sant'Egidio, un movimiento laico católico.