IVAN MATA

El príncipe Andrés, condena perpetua

La decisión judicial sobre la demanda de compensación de Virginia Giuffre por violación y abusos sexuales es papel mojado en la corte, lo que no impedirá que el hijo preferido de la reina Isabel II siga siendo un paria

I. GURRUCHAGA

Un juez de Nueva York anunciará esta semana su decisión sobre la demanda de Virginia Giuffre al príncipe Andrés de que le compense por tres actos de violación y abusos sexuales, supuestamente cometidos cuando tenía 17 años. Si el magistrado decide que inicia el juicio, el caso se verá en septiembre. Si la descarta, la demandante podrá recurrir. Pero, en cualquier caso, el duque de York seguirá siendo un paria.

El tercer hijo de la reina Isabel II anunció en 2019, tras el descubrimiento de su larga relación con el fallecido Jeffrey Epstein y las denuncias públicas de Giuffre contra el príncipe, que abandonaba su rol público como miembro de la familia real y que estaba «dispuesto a ayudar en sus investigaciones a cualquier agencia dedicada a la aplicación de la ley». Sigue siendo un príncipe invisible, pero no ha cumplido su palabra.

En septiembre, él y sus abogados protagonizaron una pantomima, complicando la entrega de la notificación de la demanda por los letrados de Giuffre. Ahora piden al juez que la descarte, porque sería incompatible con un acuerdo firmado en 2009 por Epstein y Giuffre que evitó un procedimiento judicial en Florida a cambio de dinero. El magnate evitó así otro juicio y una nueva condena por tráfico sexual de menores.

El magistrado Lewis Kaplan negó, en la vista del martes, la validez del argumento del abogado del príncipe, Andrew Brettler, conocido por su defensa de estrellas de Hollywood acusadas de delitos sexuales, de que la demanda de Giuffre es inválida al tener imprecisiones sobre los lugares y las fechas, sobre su edad y los actos concretos a los que habría sido sometida por Andrés.

«Potenciales», la clave jurídica

Cuando Brettler afirmó que el acuerdo de 2009 que protegía a Epstein de nuevas demandas de Giuffre también escuda al príncipe británico, porque en su letra extiende esa protección a «otros potenciales acusados», el magistrado le interrumpió con el argumento de que «ni usted ni yo podemos dar significado a la palabra 'potenciales'». De esas intervenciones se dedujo que el juez no siente simpatía por la estrategia de Andrés.

Bautizado con el nombre del abuelo de su padre, Andrew nació en febrero de 1960. El duque de Edimburgo estaba satisfecho con sus dos hijos, pero la reina le convenció de tener otros dos tras un periodo de aparente crisis de la pareja, según los medios. Carlos y Ana tenían 12 y 10 años. La diferencia de edad le distanciaría durante su infancia y juventud de sus hermanos mayores.

Crecer en la familia real en aquel tiempo significaba que, a los dos años, Lisa Sheridan publicase un libro de fotos, 'Un día con el príncipe Andrés', donde retrataba «una figura infantil en sucesivas posiciones fantásticas, su pequeño perfil de encantadora gracia y seguridad». «Ante tal multitud de poses sencillas se puede concluir que la mente que ejercita tan recio control es igualmente armoniosa», escribía la fotógrafa.

El preferido de su madre, según afirman los medios con frecuencia, siguió la pauta dictada por Felipe de Edimburgo para sus hijos varones, en el espartano internado de Escocia donde también él se había educado. Ya adolescente, se anotó su popularidad con las chicas de un colegio en Canadá donde pasó un curso. Luego la academia naval, donde el joven de acción se formó hasta convertirse en piloto de helicópteros.

Al igual que su padre, Andrés conoció el combate de guerra, en su caso en las islas Malvinas, campaña en la que participó a bordo de un portaaviones. Antes y después del conflicto, mantuvo una relación amorosa con una actriz y fotógrafa estadounidense, Koo Stark, finalmente descartada como futura esposa tras la publicación de fotogramas de una película en los que aparecía en un estado de mediana desnudez.

Ceguera y amnesia

Andrés se casó finalmente con Sarah Ferguson, hija de un militar conocido en la familia real como entrenador de equipos de polo. Mientras el cuento de hadas del matrimonio de su hermano Carlos con Diana se quebraba a la vista de todo el planeta, el suyo con 'Fergie' era un vivaz enlace amoroso que inyectaba «aire fresco» en la rigidez ritual de la familia real, según las crónicas del tiempo.

En el 'annus horribilis' de 1992, el sueño de la dulce y virginal Diana se convirtió en una pesadilla para la monarquía; y el de su amiga, Sarah, fue pisoteado como consecuencia de lo que cronistas cortesanas califican como su «conducta vulgar». El divorciado Andrés disfrutó de su recobrada soltería. Se ganó el apodo de 'Libidinoso Andy' y también el de 'Millas Aéreas Andy'.

Sin ocupación que le satisfaciese tras el fin de su carrera naval, el Gobierno le nombró Representante Especial Británico para el Comercio y la Inversión. Sus misiones por el planeta generaron quizá beneficios económicos, pero depararon episodios verdaderamente lamentables. En Kirgistán criticó al ente gubernamental que investiga el pago de sobornos a funcionarios o políticos de otros países, por ejemplo.

Fue en aquellos días cuando entabló amistad con Epstein. Veinte años después, afirmaría en una entrevista con la BBC que nunca vio chicas jóvenes en sus casas. Sobre las denuncias de violación por Virginia Giuffre, dijo: «No recuerdo nada. Cuando se publicaron las primeras alegaciones, me dije: es extraño, no recuerdo esto. Y desde entonces he pensado y pensado y pensado, una y otra vez, una y otra vez,... Y no, nada, simplemente, no ocurrió».